Sociedad

El verano y los contagios de coronavirus, la ciencia pide no bajar la guardia

  • Según un estudio realizado por la Universidad de Málaga y el CSIC, no existe evidencia científica de que la época estival represente una tregua en la infección de la pandemia

  • Coronavirus y aire acondicionado

Algunas personas almuerzan en una playa de Málaga. Algunas personas almuerzan en una playa de Málaga.

Algunas personas almuerzan en una playa de Málaga. / Marilú Báez

Mucho se está especulando sobre el hecho de que, con las altas temperaturas del verano, el coronavirus desaparecerá o remitirá en la época estival. Un equipo científico de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Universidad de Málaga, ha revisado hasta más de 30 trabajos científicos publicados a nivel internacional -33 artículos y 112 referencias- sobre el efecto de las variables atmosféricas. De manera principal, se han centrado en la temperatura y humedad en la propagación e incidencia del nuevo coronavirus (SARS CoV-2). Todo ello en un período que comienza en enero de 2020.

Al frente del estudio, publicado en la revista Investigaciones Geográficas, se encuentra el profesor de Geografía de la Universidad de Málaga (UMA), Oliver Gutiérrez. Este concluye que, hasta el momento actual, no se encuentra evidencia científica sólida que respalde que el aumento de las temperaturas primaverales y, más que nada, el incremento de las mismas, ahora que están subiendo las temperaturas, contribuya a limitar la progresión de la infección.

Dudas razonables

Según explica Gutiérrez, en un primer momento, "la mayor parte de las investigaciones revisadas mostraban que sí existía cierta influencia del tiempo atmosférico y/o el clima en la distribución y el progreso de COVID-19. En concreto, un ambiente fresco y seco, en el contexto de un clima mesotérmico, parecía el más idóneo para su expansión”. Sin embargo, añade el profesor, "una proporción significativa de estos estudios presentaron importantes deficiencias metodológicas que arrojan dudas sobre la validez de los resultados".

Aparte de esas deficiencias, los investigadores han encontrado otros inconvenientes para evaluar la evidencia científica disponible porque, más del 70 % de los trabajos aludidos, no habían sido sometidos previamente a ninguna revisión científica. Por ese motivo, en algunos casos, ha sido imposible determinar cuáles han sido los datos utilizados y conocer los detalles sobre las metodologías empleadas con el fin de comprender y alcanzar los resultados en los que se basan las conclusiones.

Otros factores

Gutiérrez sostiene, además, "que en el supuesto de que el tiempo y el clima influyan de alguna manera en la distribución del nuevo coronavirus, buena parte de las investigaciones revisadas sugieren este efecto partiendo de principios imprecisos, un marco de análisis incompleto, unos métodos inadecuados y hasta, en no pocos casos, conclusiones contradictorias, de acuerdo con los resultados obtenidos”.

El que se observe una relación 'estadísticamente significativa' entre temperatura y la incidencia de COVID-19, explica el profesor de la UMA, "no significa que exista una relación directa causa-efecto entre ambas variables. Dicha relación puede estar mediada por otras causas como, por ejemplo, la distribución, densidad, conectividad geográfica o movilidad de la población en un contexto socioeconómico global”.

Así pues, la consecuencia de la revisión de la literatura científica en referencia al coronovarus es clara. Con respecto al clima, concluye, "hay que mantener exactamente las mismas medidas de contención y distanciamiento social, con la misma intensidad y aplicando los mismos criterios sanitarios que en cualquier otra estación. No hay motivo para relajarse y bajar la guardia puesto que no existe ninguna evidencia de que el verano pudiera representar una tregua".

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