Cristóbal Cobo, investigador tecnológico

“La información en Internet está concentrada en muy pocas manos”

  • El profesor Cristóbal Cobo acaba de publicar ‘Acepto las condiciones’, un libro en el que se cuestiona el coste de ceder información personal a las plataformas digitales

Cristóbal Cobo es profesor e investigador en nuevas tecnologías y autor del libro ‘Acepto las condiciones’. Cristóbal Cobo es profesor e investigador en nuevas tecnologías y autor del libro ‘Acepto las condiciones’.

Cristóbal Cobo es profesor e investigador en nuevas tecnologías y autor del libro ‘Acepto las condiciones’.

En 30 años, Internet ha pasado de constituirse en paradigma de democratización, tolerancia, diversidad inclusión a ser una suerte de Gran Hermano que vigila cada uno de nuestros pasos y sin cuyos consejos casi no podemos vivir. “La luna de miel se ha acabado”, asegura el profesor e investigador tecnológico Cristóbal Cobo.

La concentración de la actividad en Internet en unas pocas empresas es, según Cobo, el problema principal al que se enfrenta la sociedad actual con respecto a la tecnología, y que recoge en su libro ‘Acepto las condiciones. Usos y abusos de las tecnologías digitales’, editado por la Fundación Santillana (es gratuito y puede descargarse en la web http://aceptolascondiciones.com), y que cuestiona la supuesta neutralidad de la tecnología y el costo de ceder información personal a plataformas tecnológicas ‘gratuitas’ como Google o Facebook.

La obra también explora estrategias para reducir las actuales asimetrías de información y limitar el poder de las tecnologías a través de soluciones como la educación, el desarrollo de nuevas habilidades o la adopción de una nueva ética digital.

Para Cobo, en los últimos años se ha producido “una enorme concentración de poder económico, tecnológico y político” por parte de “un grupo muy pequeño de compañías” que juegan un papel fundamental, una influencia que, asegura el autor, es necesario restringir a través de la legislación y la exigencia previa por parte de la ciudadanía.

-Es común aceptar las condiciones de determinados servicios tecnológicos si queremos usarlos. ¿Realmente hay posibilidad de elegir?

-Sí hay posibilidad de elegir, lo que no sé es si las condiciones actuales las tenemos que aceptar por defecto. Debemos tener una discusión sobre cuales son las reglas del juego que estamos aceptando, no sólo desde la perspectiva legal, sino que es cosa de todos: los representantes de los ciudadanos, las instituciones expertas y la sociedad civil han de exigir que haya reglas del juego más transparentes, fáciles de comprender para ciudadanos que no son expertos y que haya mecanismos de transparencia mucho más profundos de los que existen hoy.

Cuando aceptamos las condiciones la información llega a una caja negra en la que no sabemos dónde quedan nuestros datos,

Cuando aceptamos las condiciones la información llega a una caja negra en la que no sabemos dónde quedan nuestros datos, quiénes los vieron, qué beneficios económicos sacaron de ellos… Las herramientas actuales no alcanzan para resolver la problemática que esto genera.

-En su libro se habla del nuevo ‘poder gris’. ¿Son las tecnológicas los nuevos poderes fácticos, que actúan por encima de los gobiernos?

-El ‘poder gris’ es un concepto de Fiorini que habla del poder que hay detrás del poder. En el libro, hace relación a la enorme concentración de poder económico, tecnológico y político que ha adquirido un grupo muy pequeño de compañías que juegan un papel fundamental a la hora de hacer ciudadanía, en la hora de las elecciones o de ofrecer servicios de comunicación, favorecer la construcción de vínculos, la salud, la educación… La pregunta es por qué esas pocas empresas, que están perfectamente identificadas, tienen esa enorme influencia (muchas veces con gran autonomía, producto de una desregularización de sus tareas en los espacios digitales), por qué ahora que somos mucho más conscientes de cómo se utilizan nuestros datos por parte de las compañías, esto no es regulado ni sancionado de ninguna manera. Hay una clara evidencia de que este es el poder que está detrás del poder, y debemos empezar a pensar en cómo hacer para que estas empresas puedan seguir ofreciendo sus servicios sin que sea a costa de la ciudadanía.

-¿Hasta qué punto saben de nosotros, de lo que hacemos, de nuestros gustos o nuestros secretos?

-El móvil es el primer dispositivo que consultamos nada más levantarnos. Antes de salir de casa, lo miramos para conocer el clima, para ver las noticias, para saber de nuestros seres queridos… Y luego estamos durante todo el día nutriendo a estas herramientas con nuestros puntos de movilización, nuestra vida social, nuestros deseos, nuestros afectos, nuestras inquietudes, nuestros miedos… Y todo eso se concentra en herramientas de altísimo nivel de procesamiento de datos. Ya no es solamente un censo gigante sobre los ciudadanos, sino que además esa información se puede organizar en perfiles de comportamiento con algoritmos que pueden predecir de manera bastante acertada cuáles van a ser nuestros deseos. Un 60% de los vídeos que vemos en Youtube es porque nos los sugiere un algoritmo. La radiografía que tienen de nuestra personalidad es a veces más nítida que la que tenemos nosotros mismos.

-Las compañías se defienden argumentando que para poder dar determinados servicios (que los usuarios desean) necesitan recopilar todos esos datos.

-Uno de los problemas clave de esta situación es un ‘pecado original’ que se da desde que, en el origen de Internet, muchos de los servicios de información, los servicios de las plataformas, se ofrecen de manera gratuita. El modelo de negocio es fallido desde el principio, es decir, quedamos a merced de una herramienta que debe nutrirse de nosotros para generar negocio. Si no pensamos maneras diferentes de hacer que estas compañías se lucren no vamos a salir del nudo nocivo en que nos encontramos ahora. El principal problema es de confianza. Al haber una relación asimétrica, donde uno pone todas las reglas y el otro es un sujeto pasivo, o mejor dicho, un objeto de uso, donde no está claro cómo se utiliza esta información, por cuánto tiempo se guarda, cómo se comercializa… es muy difícil que haya estructuras de confianza. Mientras no se generen las condiciones para una mayor apertura vamos a ser una ciudadanía que pone su vida en unas cajas de cristal que luego son depositadas en cajas negras que no terminamos de entender.

-Hace no mucho tiempo, Internet era considerado como paradigma de democratización y libertad. ¿Hasta qué punto ha cambiado la situación?

-La luna de miel de Internet se acabó. En sus orígenes había una cultura tecno-hippie que planteaba en términos de apertura, tolerancia, diversidad, inclusión… eran sus valores clave: software libre, wikipedia, creative commons, ciencia abierta… Hubo enorme entusiasmo frente a las posibilidades de democratización que conllevaba. Desde entonces hasta ahora lo que ha ocurrido es que esos mecanismos se concentraron en un número muy limitado de intermediarios, que utilizaron esos flujos de información para comercializarlos, para manipular con técnicas que no se comprenden por parte de la ciudadanía, y mucho menos son legisladas por sus representantes.

-¿Puede hacer algo la política por evitar esta situación?

-Puede contribuir, pero dudo de que sea solo un papel de la política. Si hacemos una metáfora de que los abusos y asimetrías que ocurren en el mundo digital son comparables a lo que ocurrió en su momento con la emergencia de una sensibilidad con respecto a las problemáticas de medio ambiente, y pensamos cómo se ha ido atacando en los últimos 30 años, nos damos cuenta de que la política es solamente una parte de la discusión: antes ha habido una presión de la ciudadanía, las comunidades científicas han puesto su voz, los medios de comunicación han ayudado…

Este triste cumpleaños de Internet, con concentración de poder, nuevas brechas, manipulación brutal, poca transparencia con respecto a los datos… no va a ser resuelto solamente por la injerencia de los políticos. Aunque creo que la sociedad debe apostar por aquellos que pongan en el debate esta problemática, tiene que haber una discusión de sociedad frente a estos temas, los medios tienen que ayudar y debemos buscar la manera de que esto deje de ser un tema de expertos y pase a ser una preocupación de muchos más sectores de la sociedad.

-¿Qué solución da al ciudadano ‘Acepto las condiciones’?

El libro escapa un poco de ofrecer recetas rápidas sobre cómo resolver este problema. A problemas complejos, soluciones completas. Esto no se arregla solo con una legislación distinta ni solo con un cursito en la escuela sobre cómo usar Internet. Necesitamos cambios de comportamiento, herramientas más transparentes…

Es evidente que hay que formar a las personas para que aprendan a usar la tecnología, y que aprendan a no ser usadas ni manipuladas por ellas

Es evidente que hay que formar a las personas para que aprendan a usar la tecnología, y que aprendan a no ser usadas ni manipuladas por ellas. Me parece que tendremos que poner una perspectiva diferente. Hay que pensar, antes de salir del problema, en hacer un mapa: cuáles son las nuevas brechas que se generan, cuáles son los sectores más afectados y cómo hacemos para que, dentro de 10 años, cuando entremos en el 40 aniversario de Internet, tengamos uno muy distinto al actual. Cuando hagamos este análisis previo pensaremos en el mapa de soluciones. Lo que no hay duda es que el primer paso será buscar mecanismos para descentralizar un Internet que hoy en día está concentrado en pocas manos, unas pocas compañías que tienen un poder absoluto, casi omnipresente, tanto sobre las personas en su individualidad como sobre los propios Estados.

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