Feria de bilbao | Tercer festejo de las Corridas Generales 2018

Luis David Adame, frescura y variedad

  • El mexicano corta la única oreja al mejor toro del encierro

  • Román, con gran entrega y medido severamente, ovacionado

  • Gonzalo Caballero, con el peor lote, lesionado

Luis David Adame, frescura y variedad Luis David Adame, frescura y variedad

Luis David Adame, frescura y variedad / Miguel Toña / Efe

La multitud de despobladas butacas azules de Vista Alegre eran como un mar de desolación en una ciudad, Bilbao, que ha perdido muchos aficionados en los últimos años. Román, Gonzalo Caballero y Luis David Adame conformaban un cartel de jóvenes espadas que se las vieron con una corrida de Torrestrella, bien presentada, encastada, con movilidad y de juego variado.

Lo más destacado del festejo corrió a cargo de Luis David Adame, quien con frescura y variedad, consiguió el único trofeo de la tarde del mejor torrestrella, el tercero, un toro que repetía con nobleza, principalmente por el pitón derecho. El mexicano anduvo variado con el capote, brillando especialmente en un bello galleo para llevar el toro al caballo y unas lopecinas con aplomo vistosidad. La faena, que comenzó con muletazos por la espalda, estuvo marcada por la ligazón, brillando en dos series diestras y en unos circulares invertidos. Tras unas bernadinas en las que estuvo a punto de ser cogido, mató de estocada recibiendo y un descabello y fue premiado con una oreja; siendo ovacionado el toro.

Tampoco le faltó movilidad –característica principal del encierro– al colorao sexto. Sin una pizca de clase, fue a menos. Adame, porfión, no pudo sacar agua del pozo seco.

Román, con gran entrega, fue medido con una severidad que ya veremos si se tiene con las figuras cuando desembarquen en este coso. El primer toro, grande, cornidelantero, encastado, complicado y sin entrega, fue mal picado. El valenciano, que impactó con un arriesgadísimo quite por gaoneras, realizó una faena meritoria, siempre en el filo de la navaja, arriesgando mucho y cruzándose en los cites. Se tiró a morir y a cambio de una estocada fue cogido, recibiendo una paliza de la que salió vivo milagrosamente. El toro tardaba en caer, el torero lo ovacionó y a ello se unió el público en el arrastre del astado; tributando otra ovación a Román, que había sudado la gota gorda.

El burraco cuarto, bien armado, tuvo como únicas virtudes la movilidad y la casta, resistiéndose a morir. Román realizó un trasteo meritorio en el que expuso mucho y empapó en corto las embestidas, sin calidad, del animal. Mató de estocada y toro y torero fueron ovacionados.

Gonzalo Caballero, con el peor lote, anduvo voluntarioso. El burraco y alto segundo desmontó al picador. Tras una embestida descompuesta, se defendió y desarrolló sentido. El madrileño, tras unos pases de castigo iniciales, realizó un trasteo en el que faltó mando a un torero que no está placeado. El toro fue ovacionado injustamente y la labor del torero silenciada.

Con el bastote quinto, con movilidad, pero sin clase, Caballero realizó una labor que fue un contínuo tanteo. En la suerte de matar, en un pinchazo, se lesionó el hombro derecho y con vergüenza torera y aliviándose de la chaquetilla mató de otro pinchazo y tres descabellos.

De nuevo, con poco público, tarde interesante para el aficionado con un Luis David Adame al que sonrió la suerte y quien con frescura y variedad consiguió el único trofeo de la tarde.

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