Manuel Perera

Un novillero sin montera pero con agallas

  • Las secuelas de un grave accidente de tráfico ocurrido en 2019 le impiden lucir la gorra torera

Manuel Perera torea de rodillas a un novillo de El Parralejo en la Maestranza.

"Me muero". Eso le dijo Manuel Perera a su apoderado, Juan José Padilla, tras recibir una cornada de dos trayectorias de 40 y 30 centímetros en la zona abdominal, con evisceración de las asas intestinales. Aquel suceso, que dio la vuelta la mundo del toro, ocurrió el pasado mayo en la plaza madrileña de Vistalegre. Fue la primera vez que muchos supieron de este joven nacido en Villanueva del Fresno, en la comarca pacense y muy taurina de Olivenza, hace 20 años. Precisamente, ese ha sido el tiempo que ha tardado en cortar dos orejas en la Maestranza. Dos muestras de su aparente infinita valentía.

Sin embargo, el de Vistalegre no ha sido su mayor percance. En febrero de 2019 Manuel volvió a nacer, pues sufrió un grave accidente de tráfico al volver de un festejo en Ciudad Rodrigo. Las secuelas del suceso todavía perduran. La más visible, y comentada en los tendidos sevillanos en la tarde de ayer, es la de no poder ponerse la montera. El golpe que sufrió afectó a su ojo izquierdo y a su cráneo. Tuvieron que colocarle unas láminas de titanio en parte de la frente. Algo que le imposibilita lucir la tradicional gorra torera por el dolor y los calambres que le provoca en la cabeza.

"Lo que pasa, pasa por algo y hay que buscarle el lado bueno". Esta frase, que el propio Perera pronunció en una mesa redonda celebrada en el Círculo de Labradores meses atrás, podría ser un buen resumen de su forma de encarar la vida y el toro. Su actitud no parece detenerse en excusas y justificaciones, buscando lo positivo a los avatares que componen su trayectoria vital y taurina. En sólo dos décadas ha vivido episodios que muchos no ven ni cercanos en toda una vida. Por ejemplo, sabe lo que es entrar y salir de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) dos veces en dos años.

Formado en la Escuela de Tauromaquia de la Diputación de Badajoz, Perera se puso a las órdenes del torero jerezano en marzo del pasado año. Una decisión correcta a tenor de los numerosos triunfos que atesora en los últimos meses. Al prestigioso certamen Oportunidad de Vistalegre se le unió de las Escuelas Taurinas de Andalucía, le siguió el Bolsín de Ciudad Rodrigo o el reconocimiento como mejor novillero de la Feria del Toro de Olivenza. A estos ilusionantes antecedentes le sumó en la tarde ayer el de la Maestranza, que lo vuelve a poner en boca de la afición internacional. Y no por motivos médicos.

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