Unicaja Baloncesto | Copa del Rey La misma pared

  • El Unicaja encalla en la Copa, una victoria en 10 años, y la derrota ante el Iberostar deja un poso feo para un proyecto que tiene buenas trazas pero que necesita refrendos

Shermadini pelea por un rebote. Shermadini pelea por un rebote.

Shermadini pelea por un rebote. / ACB Photo

No se puede sentenciar con conclusiones sumarias por un partido de Copa. Hace dos años, el Unicaja salía muy tocado de Vitoria tras caer ante el pero Barcelona en años. La era Plaza parecía acabada, así se escribió. Mes y medio después, el Unicaja levantaba la Eurocup en la alegría más grande para el club en la última década.

Una década, 10 años, son los que lleva el Unicaja estrellándose una y otra vez en la Copa del Rey. Sólo una victoria en seis presencias. En cuatro ocasiones ni se acudió. Aíto, Chus Mateo, Repesa, Plaza y, ahora, Casimiro se estamparon repetidamente en el mismo punto. Sólo en 2015 se ganó al Bilbao y se cayó en semifinales ante el Barcelona tras un buen partido.

La historia se repite y tampoco hay una explicación lógica. En este tiempo el Unicaja ha estado cuatro veces en semifinales de la ACB, un retrato más fidedigno del potencial del equipo. Pero la Copa se atraganta. En un proyecto incipiente como es el de Casimiro, previsto como mínimo a medio plazo, se necesitan refuerzos en forma de resultados. Durante la temporada se ha ganado en bastante buena proporción, dos tercios de triunfos, se ha hecho un baloncesto fresco, por momentos excelente. Pero este partido es un jarro de agua fría. La ilusión de un evento como la Copa hace que se vean más las virtudes que los defectos. El Iberostar desnudó al Unicaja.

Preocupó que el partido fuera una reiteración de lo visto mes y medio atrás en el Carpena. La sensación de impotencia en la pista fue máxima. La incapacidad de variar el guión, muy evidente. Ni Casimiro ni sus jugadores supieron voltear la situación. El técnico lo intentó con varios cambios tácticos, pero no encontró impulso en ninguno de ellos. Vidorreta fue ampliamente superior. Pesa esa estructura de años en Tenerife, con algunos jugadores que juegan de memoria y los más noveles perfectamente integrados. Casimiro aún está en ese periodo de implantación.

No se puede obviar en el análisis la ausencia de Alberto Díaz y el precario estado de Carlos Suárez, aun así de los más destacados en su reaparición. Se pierde solidez y la baja de Jaime no ayudará a estabilizar. El baño en la dirección de Rodrigo San Miguel y Bassas fue bastante grande. Decepcionó Roberts en un partido en el que se le esperaba porque tiene el bagaje y el empaque para competir, pero desde sus dos tempranas faltas hasta el final se cayó.

Empieza la segunda parte de la temporada, con retos por delante. Hay un antes y un después, más nítido este año con el parón por las ventanas, tras la Copa del Rey. El momento de ir a por cosas más importantes.

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