Unicaja Baloncesto | Análisis Un claro cambio de paradigma

  • El giro en la forma de entrar en la Euroliga obliga a un replateamento colectivo, también en el Unicaja

Luis Casimiro y Eduardo García. Luis Casimiro y Eduardo García.

Luis Casimiro y Eduardo García. / Javier Albiñana

Las conclusiones de la Asamblea de la Euroliga celebrada el pasado jueves en Múnich suponen una vuelta de tuerca más en el cambio de paradigma que se registra en el baloncesto europeo. Las competiciones nacionales ya no abastecerán directamente, en ningún caso, a la mejor competición europea. Serán criterios de otra índole. El club selecto de las licencias, clubes con credenciales económicas, caso del Zenit esta temporada o las invitaciones de duración media del Bayern y el Asvel de Tony Parker por razones estratégicas, y los procedentes de la segunda competición, la Eurocup. Que prospere un equipo en Londres es un sueño de Bertomeu. No sería extraño verlo antes de 2023.

En clave del Unicaja, la ACB se ha considerado siempre el pan y la mantequilla de una temporada, la que otorga la nota final y la que marca la estabilidad. Cegándose la vía de entrada a la Euroliga por la competición española y abriéndose una plaza más en la Eurocup, parece evidente que ésta cobra una importancia aún mayor esta temporada. Con los asteriscos de las campañas en las que ganaba un español en la Eurocup, ciertamente frecuentes, la presencia en las semifinales de la ACB acercaba esa presencia a la Euroliga. Ahora, el premio de la Liga se deja para los equipos que quieren jugar la Eurocup o la Champions League, no para pensar en grande, en la Euroliga.

Ha habido protestas vía comunicados de la ACB, la ULEB o la ABP, pero parece una proclama en el desierto, porque el pulso echado por la FIBA lo gana de momento, con claridad, la Euroliga, que no se mueve de su plan. Es más, avanza, da un paso más con la última medida. La competición no se cierra, pero sólo hay una vía de acceso deportiva, la Eurocup. Y ello va a propiciar una potenciación de esta competición, que el Unicaja ganó en 2017 y en la que se metió en cuartos de final el año pasado.

El formato de la Eurocup se mantendrá inalterable respecto a los últimos años. Primera fase de 10 partidos, seis más en el Top 16 y eliminatorias a tres duelos en cuartos, semifinales y final. El campeón jugará entre 22 y 25 partidos. Es un formato que no premia tanto la regularidad (como la ACB o la actual Euroliga) como estar fino de enero a abril. Apurando más, sobrevivir hasta llegar a cuartos y explotar en los 40 días en los que se solventan las eliminatorias. Básicamente lo que hizo el Unicaja en 2017. Sucede que la aproximación no fue ideal ni ahí ni el año pasado. Se comenzó ambas veces con la seguridad de que no se jugaría ninguna ronda con factor cancha.

La prioridad de la Eurocup se coloca a la par de la ACB. Y, si se avanza, habrá que privilegiarla seguramente. Se habla de la Euroliga como una amenaza para las competiciones nacionales y ahí tendrán peso los propios clubes en el camino a tomar. ¿Puede permitirse un Barcelona 10 años sin un título? ¿Nueve el Panathinaikos? ¿O seis el Maccabi? Son los años que hará en 2020 de su último título en la Euroliga. Temporadas con más de 80 partidos son frecuentes ya en los grandes del continente, pero es el precio a pagar seguir teniendo opciones cada año para levantar trofeos. Una mala temporada aún deja opciones hasta mayo de conseguir algo. En febrero puede estar acabada competitivamente si se juega sólo en la Euroliga.

El Unicaja compite en Europa de manera ininterrumpida desde hace más de 20 años. Lo hizo en 16 de los últimos 18 en la Euroliga. Y ahora está en la segunda división del baloncesto europeo, que es esta pujante Eurocup. No es mal lugar, pero está al otro lado de la raya. Seguramente está entre los 24 mejores, la cifra de equipos que tuvo muchos años la Euroliga, pero el embudo se cerró y no cupo la entidad cajista, que pierde la vía de entrada de la ACB pero ya tiene claro que la Eurocup es tan importante o más que la Liga. La ACB ha repuntado en audiencias, aun por canales de pago, con la reiteración de clásicos, pero el atractivo de la Euroliga que se está gestando exige probablemente un cambio de expectativas colectivas.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios