Unicaja

El clamor crece: "¿Qué pasa con Suárez?"

  • El capitán volvió a no tener ningún minuto en París, donde el Unicaja jugó un partido muy pobre

  • Sólo ha jugado 49 minutos en nueve partidos desde que regresó

Carlos Suárez pelea por un rebote. Carlos Suárez pelea por un rebote.

Carlos Suárez pelea por un rebote. / ACB Photo / M. Pozo

La pregunta corre como la pólvora en el mundillo del baloncesto y entre la afición del Unicaja. ¿Qué pasa con Carlos Suárez? El capitán está recuperado de la lesión muscular que se produjo al comienzo de la pretemporada y que le impidió hacer una preparación correcta. Ello dilató su debut hasta la cuarta jornada de la Liga Endesa, ante el Baxi Manresa. Desde entonces, el equipo ha jugado 11 partidos, en los que Suárez ha intervenido en apenas 49 minutos. En dos de ellos no saltó a la pista, el último este martes en el Marcel Cerdan de París, donde el equipo ofreció una imagen muy pobre en la segunda mitad para dejar escapar el partido y el average ante el Metropolitans 92.

Y es obligado cuestionarse qué pasa con un jugador teóricamente capital en el entramado del equipo y cuyas cualidades, en defensa y en el rebote, entroncan directamente con las debilidades que muestra el equipo en este arranque de temporada. El Unicaja es el equipo que menos rebotes coge en la ACB (30), lejos del penúltimo, el Iberostar (32.1). También en la Eurocup (29), a tres del penúltimo, el Bahcesehir (32.1). Suele referir Casimiro que no hay que mirar en términos absolutos en este apartado, sino en número de posesiones. El Unicaja, en 15 partidos, recoge 29.4 rechaces por partidos y los rivales, 33.9. O sea, que los rivales capturan 4.5 más por duelo. Un número de posesiones estimable en un encuentro.

Suárez ha jugado sólo 49 minutos, en los que tiene un porcentaje en el +/- (parcial con ese jugador en pista) de 2.3 por partido. Sólo Waczynski (4.4), Alberto Díaz (3.7) y Abromaitis (2.5) lo tienen mejor. Sus cifras en números individuales no son significativas, no llega ni al rebote ni al punto por partido. Pero ha tenido momentos en los que ha dado solidez al equipo en cuestiones en las que adolece de fiabilidad. En Valencia, ante el Buducnost o el pasado domingo ante el Obradoiro ayudó a cambiar tendencias de partidos.

Suárez tiene 34 años, ha tenido lesiones musculares en las últimas temporadas y lo normal es que le cueste cada vez más coger la forma. Se podía entender al principio esa precaución y entrada progresiva en el equipo. Pero si en los primeros partidos evidenció que estaba muy lejos de su mejor nivel, ha ido ofreciendo una mejor imagen. Se parte de la base de que sólo el entrenador y ayudantes ven entrenar cada día a los jugadores y son los que tienen más información en todos los aspectos. Y que no van a tirarse voluntariamente piedras sobre su tejado, hay algún motivo para sus decisiones. Pero sobre todo en esta época de pandemia, en la que el contacto físico con los protagonistas está vedado, los equipos son más herméticos aún. Casimiro no ha sido explícito cuando se le ha preguntado. Por ejemplo, tras Zaragoza respondió con un lacónico "No suelo normalmente explicar mis decisiones" cuando se le cuestionó por el asunto.

Desde fuera, se entiende poco esta decisión de Casimiro de prescindir de Suárez, sobre todo cuando se ven carencias en esa posición de cuatro. Ha tenido buen rendimiento en algunos partidos, pero la actuación de Thompson en París fue muy mala, defensivamente es un boquete. Y Abromaitis ofrece un rendimiento discontinuo, serio pero con carencias, por ejemplo, en el rebote, sólo 3.3 por partido. Cuando se pregunta en el seno del club, se niega que haya un tema personal que cause fricción, se asegura que la relación entre entrenador y capitán es correcta. Y que es una decisión técnica y deportiva, en la línea de lo que decía Casimiro. La actitud de Suárez en el banquillo es participativa, de hombre de equipo. Hay que recordar que, con el visto bueno del entrenador, se le renovó en junio por dos temporadas y opción a otra, algo muy poco frecuente en un jugador de 34 años, en una muestra de confianza.

Entre la afición hay perplejidad también. A través de las redes sociales se manifiesta. Tras el partido de París, numerosos seguidores cambiaron su avatar en Twitter para poner uno con la cara del capitán cajista como apoyo. Sin público en las gradas del Carpena, no cuesta imaginar qué pasaría con su presencia en esta situación. Suárez no es un jugador más. Como no lo es Alberto Díaz. Y es lógico preguntarse qué pasa. Este asunto es un punto de desgaste para Casimiro, cuyo equipo ha reaccionado con victorias (siete en los últimos nueve partidos) pero que tiene desconexiones preocupantes, como la que se vio en París. Ha progresado en el juego, pero muy lentamente, hay fugas y carencias. Y Carlos Suárez es un inmejorable pegamento que, de momento, Casimiro no usa.

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