Unicaja

El rugido que nadie escucha

  • Con un Carpena vacío el sentir de la afición del Unicaja queda en el limbo

  • Casimiro, a dos pasos de una situación límite mientras el club aún no mueve ficha

  • Peligro de año en barbecho

El público despide a los jugadores en el único partido con afición en el Carpena de la temporada. El público despide a los jugadores en el único partido con afición en el Carpena de la temporada.

El público despide a los jugadores en el único partido con afición en el Carpena de la temporada. / javier albiñana

Armarios llenos, en los cajones de la cocina que no están del todo ocupados, en los canapés de las camas, en las cajas decorativas de salones y escritorios, en los jarrones y macetas sin nada que los ocupen, en las cajas de zapatos esperando una utilidad, o en los huecos sin comida del congelador. Los más ruidosos tal vez alquilaran una de esas naves poligoneras esperando el momento de sacar todo el género y hacerse oír.

Sin embargo, del mismo modo que no se propaga en el vacío, el sonido de desaprobación no se puede almacenar. Su fuerzas, el ímpetu y la intranquilidad que transmiten se pierde en el momento; y el malestar de los seguidores del Unicaja por otro arranque de temporada más frío que tibio se difumina en las redes sociales sin nadie a quien desagradar. Este año las gradas están vacías. Nadie pita.

La visita a Montenegro del Unicaja ha encendido las alarmas. ¿Qué pasa? Es sólo un problema de configuración o hay algo más que trasciende a lo obvio. Los malagueños tenían un par de ala-pívots y otro de pívots este verano y ficharon a Abromaitis. Ahora tienen dos pívots y tres ala-pívots, uno de ellos con la encomienda de ser pívot. Todo eso más Nzosa. Pero señalar ese como único problema del equipo es simplificar demasiado. La imagen del juego de conjunto, la falta de chispa y de casi todo en los dos primeros cuartos de los encuentros y el arreón final para perder con relativo decoro en el marcador sólo acumula silbidos en el sentir de la grada, que no puede lanzarlos sobre el parqué ni el banquillo ni el palco. Todo será tranquilo un partido más y mientras se esperan golpes de mano en el club, parece que todo seguirá en calma, esperando un cambio en otro arranque que lastra la ACB y mandó un aviso serio en Europa.

Con la visita a Valencia a la vuelta de la esquina y un equipo que no carbura ni por dentro ni por fuera, la situación en el próximo partido en el Carpena, en un universo paralelo sin restricciones por la Covid-19, la situación sería difícilmente sostenible. Los precedentes ahí están. Aunque eso no quiere decir que la directiva moviese las fichas que pudo situar de manera distinta hace un mes, sí que iría llenando el vaso de la paciencia general del club.

De momento, es pronto para los parámetros en los que se suele mover el Unicaja. Si el equipo sigue transitando la senda de la inoperancia acabarán llegando los cambios. Tal vez sigan el itinerario básico del deporte de alto nivel: el entrenador paga la primera cuenta, la siguiente será la plantilla. Sin embargo, con el espaldarazo a Casimiro de este verano sería extraño que en dos meses el técnico no fuera el adecuado. Mover la plantilla con el panorama económico actual y los pormenores de la misma también sería difícil. Cambiar cromos en los despachos es la situación más alejada, sorprendería mucho.

En cualquiera de los supuestos, esperara a que la situación sea insostenible condenará la presente temporada a otro barbecho. Todo un guantazo al mensaje que desliza a bombo y platillo el club desde el final de la pasada campaña: seguir con el mismo bloque es un punto a favor, el futuro sólo es mejorar. Casimiro está en un momento amargo, un par de pasos antes de una situación límite y sólo ha disputado seis partidos oficiales. Los resultados no han acompañado, pero es que el juego mostrado por el equipo ha sido aún más desconcertante. El crédito del banquillo no es excesivo y en las próximas fechas el equipo debe de reaccionar antes de que el drama de otro año a contrapelo se confirme.

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