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Realidad histórica en el corazón de La Trinidad

Salida de Soledad de San Pablo desde su casa hermandad en la calle Trinidad. Salida de Soledad de San Pablo desde su casa hermandad en la calle Trinidad.

Salida de Soledad de San Pablo desde su casa hermandad en la calle Trinidad. / reportaje gráficO: j. l. p.

La ilusión óptica es parte de muchas ciencias humanas. Engañar al ojo permite buscar elementos con los que generar sensaciones en cada individuo para ocultar o resaltar aquello que acaba centrando la atención del espectador. Y la Soledad de San Pablo consiguió alcanzar esta imagen para luchar contra los solares del abandono institucional que pueblan un barrio de La Trinidad cada vez más preocupado por su pérdida de memoria.

Cien años de la fundación de la actual cofradía del Santo Traslado sirvieron como motivo para que una de las devociones históricas de este arrabal del centro se olvidase de sus marañas de cables, solares abandonados a la especulación y penurias escondidas tras las fachadas. Imponente en las alturas de su trono de procesión, la Virgen de la Soledad consiguió resucitar por unos minutos calle Carril tras salir de su casa hermandad a los sones de Soledad, marcha del maestro Perfecto Artola.

Escoltada por los arbotantes del trono de Santa María de la Victoria, la dolorosa volvió a arrodillarse en el atardecer de una jornada otoñal en la que lució su recién estrenada ráfaga mientras el cortejo avanzaba hacia calle Mármoles. Las dos bandas de la hermandad del Cautivo se aliaron cual alfa y omega para conformar un cortejo con hermanos portando velas, las representaciones de Salud, Cautivo, Zamarrilla y Piedad, y el protocolo en el que Salvador Cordero estuvo muy presente. La cita merecía su recuerdo.

Pero si algo se debe reconocer a la Virgen de la Soledad es saber congregar a los malagueños y vecinos de su barrio con dos citas cofrades de altura en la misma jornada en Sevilla y Granada. A pesar de unos primeros compases con escaso público, al enfilar calle Mármoles cambió el ambiente general y la expectación se hizo patente mientras el trono se dirigía a la ermita de Zamarrilla.

En esta ocasión, la visita se hizo a la inversa. Si cada Sábado de Pasión es la Virgen de la Amargura la que transita ante la Soledad, ayer fue la ermita de calle Mármoles la que albergó a la Dolorosa de Gutiérrez de León bajo su dintel y la imagen de Pedro Moreira la que visitó la recoleta plaza ante el portón rojo. Allí, los hermanos de Zamarrilla dedicaron una oración con lectura del Evangelio de Lucas y una petalada, la tercera recibida por la Virgen desde su salida. Una Salve fue el culmen para el acto fraterno y que permitió continuar el cortejo hacia la plaza de Bailén.

En su ascenso a la parte alta de La Trinidad, la luz de la noche y las velas cambiaron la estética del conjunto. El exorno floral, con varas de nardos y rosas color rosa como elementos principales, cedió el protagonismo a la mirada al cielo de la Virgen de la Soledad. Si bien el cortejo fue correcto, corregido de estridencias, varios hermanos portaron la medalla y la túnica por fuera de las filas de velas y el trono. Una actitud a corregir que pasa por cada uno y también por la propia corporación.

Con cadencia y procurando que el trono mantuviese el paso pese a la maniobra, la Virgen de la Soledad llegó a la casa hermandad del Cautivo en torno a las 21:00 con Alma de la Trinidad. Allí recibió vivas improvisados del respetable y fue recibida por la cofradía del Lunes Santo.

Al dirigirse al corazón de su barrio, la Virgen de la Soledad contó con una combinación de guirnaldas, mantones en los balcones, aleluyas lanzados a las alturas y altares domésticos con los que honrar su historia. Mañana todo volverá a la normalidad con el retorno de la Virgen a San Pablo y no, nada de lo vivido será una ilusión óptica, sino un rayo de esperanza entre las ruinas de una Trinidad que pide a María en el arraigo de su advocación.

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