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La continua lucha de Charo tras el cáncer

  • Una vecina de Mijas pide la incapacidad laboral permanente tras las secuelas de un cáncer de mama que le impiden trabajar con normalidad

  • Su grado de discapacidad se ha incrementado del 41 al 47%

Rosario Cortés, en su vivienda, muestra algunos de los informes médicos. Rosario Cortés, en su vivienda, muestra algunos de los informes médicos.

Rosario Cortés, en su vivienda, muestra algunos de los informes médicos. / e. m.

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Hace ya cuatro años que a Rosario Cortés, o Charo, como la conocen en Mijas, le detectaron un cáncer de mama. La enfermedad le dejó secuelas en la movilidad de un brazo, además de un linfedema y una discapacidad reconocida por el Centro de Valoración de la Junta de Andalucía del 41%, tras lo que solicitó la baja laboral permanente, que le fue denegada por el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) pese a contar con los informes médicos favorables. Esta situación le obligó a incorporarse a un nuevo puesto de trabajo, del que tuvo que darse de baja al poco tiempo por nuevas molestias, que le han provocado que su grado de discapacidad haya pasado del 41 al 47%, "lo cual demuestra que mi situación ha empeorado por forzarme a trabajar aún desaconsejándolo los informes médicos".

Charo trabajaba en la recogida de residuos del programa de Renta Básica del municipio. A los tres días tuvo que pedir la baja, el pecho se le había vuelto a inflamar y los dolores eran insoportables. "En el momento en el que me activo un poco más de la cuenta se me inflama y después de cada sobreesfuerzo me cuesta varias sesiones de fisioterapia y de estar tranquila en casa hasta que se me pase el dolor", explica. A raíz de esta última situación decidió hacerse una reducción de mama, una operación complicada con la que podría reducir los dolores crónicos con los que tiene que lidiar día tras día. Sin embargo, su situación ha empeorado y a pesar de ello el INSS le ha vuelto a dar el alta médica a partir del 1 de octubre, tras lo que debe incorporarse al mercado laboral, algo que no le será fácil. "Yo quiero trabajar, tengo 37 años, pero mi situación me limita mucho y tampoco tengo una preparación y unos estudios para realizar trabajos de oficina que no requieran de un esfuerzo físico. Pero sí necesito que se me reconozca que hay ciertos puestos de trabajo que no puedo realizar", comenta. "Un linfedema es crónico, no se quita, puede mejorar o puede empeorar, por eso no se deben hacer esfuerzos ni coger peso", agrega la afectada, que este mes volverá a iniciar los trámites judiciales para reclamar la incapacidad permanente total. "Se excusan en que estás libre de la enfermedad, pero no tienen en cuenta las secuelas que te ha dejado. El linfedema sigue, se me ha extendido al costado, que está inflamado, y estoy a la espera para ver si me vuelven a infiltrar o no. Es un machaque emocional continuo", relata.

Entretanto, ha empezado a cursar un grado medio de Gestión Administrativa "para tener más opciones en el mercado laboral, pero ni siquiera sé si con los medicamentos que estoy tomando actualmente seré capaz de seguir el ritmo", concluye.

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