Juegos que ayudan a crecer

La atención temprana involucra a numerosos profesionales y a todo el entorno de un niño para compensar los déficits que ciertos síndromes o patologías puedan causar en su desarrollo

Leonor García / Málaga | Actualizado 16.10.2011 - 01:00
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La habitación tiene una ventana con un espejo. Dentro el niño juega con su logopeda. Del otro lado, el espejo en realidad es un cristal, de esos que se ven en las películas policiales. Es una cámara Gessell. Solo que en este caso quien observa no es un agente, sino la madre del pequeño. Paqui Fernández -logopeda del Centro de Atención Temprana Doctor Miguel de Linares Pezzi- le anima a hacer pompas de jabón. Lo que para Alejandro es un juego, para ella es un ejercicio para que el niño refuerce los músculos de la cara. Su madre, Ana Chávez, los observa desde detrás del cristal y cuenta que antes tenía los mofletes tan flojos que no conseguía sacar una pompa. Alejandro padece síndrome de Digeorge, una enfermedad rara que suele provocar retraso en el lenguaje, cardiopatía y dificultad psicomotriz. El niño es uno de los 220 que recibe atención temprana en el centro. Llegó con 18 meses. Ahora tiene 3 años. "Ver a través del cristal te permite saber cómo trabaja Paqui para después trabajar en casa", explica la madre.

Macarena Saborido, directora del Instituto Psicopedagógico Dulce Nombre de María, apunta: "Los padres tienen que ser padres, no terapeutas, pero los juegos pueden servir para potenciar sus habilidades. Que tú como padres veas la terapia te da una idea de lo que puedes hacer". Macarena es profesora de educación especial, pero además fue usuaria del centro porque su hijo nació prematuro. Pesaba 900 gramos. Pero ya es problema superado. En la cámara Gessell, Paqui sigue jugando con Alejandro. Al tiempo que le hace hacer pompas para que fortalezca sus músculos faciales, le dice que rompa la que está abajo, la que va para arriba, la pequeña o la grande. Así al mismo tiempo trabaja conceptos como tamaño y ubicación. Ana no se pierde ni un detalle. Obviamente, el pequeño no sabe que su madre está al otro lado del espejo. "Le gusta venir aquí, dice que es el día que juega con Paqui", comenta.

Carmen Linares von Schmiterlöw -presidenta de la Asociación De Linares Pezzi y alma mater de un complejo que incluye un colegio de educación especial, una residencia para grandes afectados, dos centros de menores y uno de atención temprana- destaca el papel de los progenitores: "Los artífices del desarrollo del niño son los padres. Nosotros indicamos el camino, pero por más que los profesionales trabajen, si los padres no se involucran no hacemos nada".

La atención temprana se extiende desde los 0 a los 6 años. Aprovecha la plasticidad cerebral de los primeros años y la afectividad para que el pequeño avance en su desarrollo. "No se trata de que haga anticipadamente algo, sino de preparar el terreno para que el niño tenga una conducta adecuada a su desarrollo evolutivo", matiza Carmen. Ella es hija de Miguel de Linares Pezzi, el impulsor de la atención temprana en Málaga. De hecho, fue el fundador de los primeros dos centros dedicados a esta asistencia -el de la Diputación y el que hoy lleva su nombre- y del Dulce Nombre de María, el primer colegio de Andalucía y el tercero de España dedicado a la educación especial.

En el centro hay niños prematuros, con autismo, parálisis cerebral, espina bífida, síndromes raros, síndrome de Down o con patologías muy diversas. Los juegos les ayudan a crecer y al mismo tiempo les sirve a los padres para aprender. A diferencia de la estimulación precoz -que únicamente se centraba en el pequeño- la atención temprana involucra a todo el entorno del niño. Desde sus padres, a sus maestros, sus orientadores y su pediatra. De hecho, suele ser este profesional el que deriva al crío a un centro de atención temprana.

Unos metros más allá de donde Alejandro y Paqui hacen pompas, en la sala multisensorial, está Rafa, un bebé de seis meses con síndrome de Down. Sus padres, Antonio Broncano y Nuria Serralvo observan como Inmaculada Porras le estimula los sentidos. La luz es tenue. La terapeuta proyecta sobre una pared unas imágenes coloridas de las que el pequeño no pierde detalle. "Escuchamos que este centro era pionero en atención temprana y aquí estamos", cuenta la madre. Vienen de la Axarquía y siguen tan atentos cada técnica de Inmaculada, como su hijo las imágenes que van produciéndose a su alrededor.

Después de un rato, la terapeuta coloca al bebé sobre un puf muy mullido rodeado con fibras ópticas y sobre el que hay un espejo en el techo. Al niño se lo ve relajadísimo y abstraído en los estímulos sensoriales que percibe. "La atención temprana debe buscar situaciones agradables para el niño a través del juego", explica Carmen Linares. Esta experta -medalla de oro de Andalucía por su trayectoria profesional- advierte que hay dos claves fundamentales para hacer frente a estos casos. La primera, aceptar al niño "por ser lo que es y no a pesar de serlo". La segunda, no culparse de la situación, sino afrontarla y actuar. "Se trata de aceptar las limitaciones de nuestro hijo y también sus posibilidades, como con cualquier otro niño", añade. Esta asistencia está subvencionada. La Consejería de Salud puede llegar a cubrir hasta el 70% de su coste.

Un poco más allá, en otra habitación, la psicóloga Amparo Ramos juega con Alejandro, de tres meses. Durante el embarazo, a María Olea le diagnosticaron toxoplasmosis, una patología que suele provocar secuelas auditivas y en el aprendizaje. "La incertidumbre te mata. Tenía mucho miedo cuando iba a nacer. Pero ya está estupendo. Me siento tranquila porque está en buenas manos", afirma la madre. Mientras, Amparo simplemente le pasa un cepillo de dientes por un brazo, por el otro, por el pie... Algo tan sencillo le ayuda a fortalecer sus conexiones neuronales y a tomar conciencia de su cuerpo. De pronto, a Alejandro le llama la atención un ruido, el del diafragma de la cámara del fotógrafo que lo retrata. A partir de ahí divide su atención entre los juegos que le hace Amparo y los movimientos del reportero gráfico.

Carmen aclara que la atención temprana debe ser individualizada. No vale seguir un manual a pie juntillas porque cada niño tiene una patología, una familia y un entorno diferentes.

Una plantilla de 11 profesionales -entre los que hay psicólogos, logopedas, maestros de educación especial, fisioterapeutas y psicopedagogos- traza el programa particular de cada niño en función de sus necesidades. Luego hay un terapeuta que lo ejecuta, pero siempre con el consenso y la evaluación de todo el equipo.

Los profesionales reconocen que cuando los padres llegan por primera vez están perdidos. Su trabajo, además de atender a los niños es relajar a los progenitores para que sepan sacar todas las capacidades de sus hijos. "Desde que llegué aquí estoy más tranquila porque sé que estoy en manos de profesionales", admite María. Carmen apunta que el objetivo de los terapeutas es optimizar el entorno del niño para conseguir el máximo desarrollo de la forma más natural posible. Pero advierte: "No se trata de convertir la casa en una sala de atención temprana. La casa simplemente tiene que ser un hogar".

María Alcaide es mamá de un niño sietemesino. Nació con 1.300 gramos. También acude al Centro de Atención Temprana Doctor Miguel de Linares Pezzi. Mientras la mujer cuenta su historia y que el pequeño "va estupendo desde que está aquí", Samuel se entretiene metiendo y sacando cubos de madera de una caja. Ya se mantiene sentado por sí solo. Parece que supiera que están hablando de él porque pone cara de pícaro. La madre está en la misma habitación, pero por poco tiempo más. Cuentan las terapeutas que en cuanto la presencia de los familiares empieza a interferir con el aprendizaje, los padres tienen que quedarse fuera. Por eso Ana Chávez seguía la sesión desde el otro lado del espejo.

En otra sala está Juanjo, de 11 meses y enfermo de espina bífida. Su fisioterapeuta, Rosa Márquez, se afana en los ejercicios. La patología provoca dificultades motoras y de aprendizaje. Pero Carmen está convencida de que el pequeño podrá andar porque tiene la lesión en la parte baja de la columna. De hecho, ya se sostiene en pie y da algunos pasos.

Cada niño no solamente tiene un programa individualizado, sino que éste se ajusta a medida que va creciendo. Aunque el enfoque siempre es global, a una edad se pone más el énfasis en la aparición del lenguaje, en otra en su desarrollo y en otra en la psicomotricidad. También según cual sea el déficit más importante del niño es atendido por el especialista que más sabe de ese problema. Si es del lenguaje su terapeuta es un logopeda, pero si es psicomotriz, será un fisioterapeuta. "Siempre desde la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad", precisa Carmen. Es decir, con un programa en el que participan distintos especialistas, pero todos con un objetivo común y en el que un mismo profesional ejecuta los planes trazados.

El centro, ubicado en Pedregalejo, es un trasiego de padres preocupados por la atención precoz de sus hijos. Ana Chávez resalta que además del trabajo que hacen los terapeutas con los niños, está la labor pedagógica hacia los padres: "Les preguntamos, les consultamos, nos tranquilizan. Así podemos reforzar en casa el trabajo que ellos hacen aquí". En definitiva, sienten el respaldo de profesionales y que no están solos.
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