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El río que vertebra la ciudad
El río que vertebra la ciudad
El Guadalmedina ha provocado a lo largo de la historia graves inundaciones que obligaron a construir la presa del Limonero y ahora se le busca una solución para acondicionar este espacio
Raquel Garrido | Actualizado 26.06.2011 - 13:47Incluso antes de que se construyera la presa del Limonero para prevenir inundaciones en la capital, lo normal era que esta auténtica rambla mediterránea sólo llevara agua algunos días en otoño e invierno. Mientras, las bestias de carga aprovechan para descansar y abrevar. El hecho de que el cauce permaneciera seco durante casi todo el año facilitaba que fuera utilizado como punto de descanso, lugar de mercado e incluso que fuera escenario de las famosas pedreas o batallas campales a pedradas entre los niños de los barrios cercanos, contó el historiador Víctor Heredia.
La puesta en cultivo de las tierras de los Montes, por donde discurre su curso alto, y la consiguiente deforestación de su cuenca, dieron paso a continuas inundaciones a partir del siglo XVI, que provocaban periódicamente grandes daños y víctimas mortales. La solución tradicional fue, dijo, "la de levantar murallas de defensa, hasta que a principios del siglo XX se construyeron el nuevo encauzamiento urbano -origen de la barriada de Ciudad Jardín- y la presa del Agujero, y se iniciaron los trabajos de reforestación de los Montes de Málaga". El Guadalmedina delimita el centro y los barrios que quedaban al norte y al este, y por otro los barrios populares de la Trinidad y el Perchel. En la foto se ve en primer plano el pasillo de Santa Isabel, con una acera limitada por el paredón del río que se mantuvo hasta la década de 1990. A la derecha quedan los edificios que han sido reconstruidos recientemente para acoger el Hotel Posada del Patio y la entrada a la calle Cisneros, abierta poco antes.
Al fondo queda la entrada a la calle Carretería, con unos arcos junto al río que son los últimos restos del mercado de Santa Isabel, conjunto de puestos de madera que servían de mercado de abastos desde el siglo XIX.
La comunicación entre ambas márgenes se hacía generalmente a través de portillos abiertos en los paredones, y los puentes eran escasos. El único que permitía el paso de carruajes y vehículos era el de Tetuán, inaugurado en 1860. A la altura de las iglesias de Santo Domingo y de la Aurora existían pasarelas de madera de uso exclusivamente peatonal. Fue en el siglo XX cuando se construyeron puentes realmente aptos para el tráfico rodado.
En todo caso, la vieja estampa y su contraste con la imagen actual, resultado de las reformas del cauce y su entorno ejecutadas en los años 90, recuerdan el eterno debate sobre el cauce urbano del Guadalmedina que aún está sin solucionar.
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