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Elemental, Jardiel
Elemental, Jardiel
| Actualizado 16.07.2008 - 05:00Cuánto daño le hizo a Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 1901-1952) la Guerra Civil. Y cuánto le sigue haciendo el malentendido que rodea su memoria, que le ha desdibujado como franquista y reaccionario. Su obra, una de las expresiones más libres de nuestra lengua, apenas se conoce y respeta. Por suerte, la editorial Rey Lear sigue empeñada en sacar a la luz textos que pensábamos que no podríamos leer.
Novísimas aventuras de Sherlock Holmes fue la primera incursión pirata e irreverente de Jardiel en el brumoso mundo del detective de Arthur Conan Doyle -Rey Lear ya publicó Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull, otro de sus apócrifos sobre el personaje-.
Con dibujos del propio Jardiel, y prólogo de Rafael Reig, estas escasas 96 páginas -apenas siete relatos- son una deliciosa locura en la que Jardiel usurpa el lugar del Doctor Watson y da rienda suelta a su absurdo y destructor sentido del humor. Aquí, Londres siempre está rodeada de niebla, la gente cae muerta en cada esquina y nada se explica ni tiene por qué.
El ingenio de este madrileño desvergonzado convierte a Holmes en un despistado genio que se presenta sin motivo a Jardiel, quien se lanza a los peligros de pegarse a la espalda de toda una leyenda de la letras populares inglesas, pero que parece un chulo castizo cuando habla de la mano del autor de La tournée de Dios.
Novísimas aventuras de Sherlock Holmes fue la primera incursión pirata e irreverente de Jardiel en el brumoso mundo del detective de Arthur Conan Doyle -Rey Lear ya publicó Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull, otro de sus apócrifos sobre el personaje-.
Con dibujos del propio Jardiel, y prólogo de Rafael Reig, estas escasas 96 páginas -apenas siete relatos- son una deliciosa locura en la que Jardiel usurpa el lugar del Doctor Watson y da rienda suelta a su absurdo y destructor sentido del humor. Aquí, Londres siempre está rodeada de niebla, la gente cae muerta en cada esquina y nada se explica ni tiene por qué.
El ingenio de este madrileño desvergonzado convierte a Holmes en un despistado genio que se presenta sin motivo a Jardiel, quien se lanza a los peligros de pegarse a la espalda de toda una leyenda de la letras populares inglesas, pero que parece un chulo castizo cuando habla de la mano del autor de La tournée de Dios.









