La 'versión b' del Málaga se gana a La Rosaleda

  • Impresionante Un golazo de Apoño en una falta ensayada da una muy importante victoria a los blanquiazules Arriba Hasta que se dilucide hoy el resultado del Numancia-Elche, los de Muñiz ocupan de nuevo la primera posición de la tabla

El estado de ánimo influye en nuestro pensamiento y nuestras percepciones externas. Es una sensación que suele ir bien acompañada de la autoestima. Ambos suben y bajan de forma paralela. Y son en este caso la mejor forma para explicar la victoria del Málaga sobre el Alavés.

Digamos que ayer en Martiricos se vieron muchas caras. Dos totalmente opuestas en cuanto a fútbol se refiere para los intereses malaguistas y, la principal, la que se podría denominar como cara B del Málaga. Con Baha, Antonio Hidalgo, Peragón, Salva, Carpintero y Jesús Gámez fuera del terreno de juego, la versión b blanquiazul cambió por completo la dinámica de un partido, que era totalmente del Alavés, y se ganó por completo a La Rosaleda.

La peor primera parte de la temporada y hasta la desgracia se unían para que cuando ambos equipos se iban al descanso la grada se afanara en buscar razones a lo visto. Las sensaciones no eran las mejores, pero había que rebelarse contra el estado de ánimo que se apoderaba del estadio. El Alavés dominaba el centro del campo y el encuentro discurría según su propuesta: sin espacios y muy trabado, parecía imposible que el Málaga enlazara dos pases seguidos con sentido y valía.

Transcurrida media hora Muñiz intentó arreglarlo y decidió dar entrada a Sandro por un Peragón que no había tenido la fortuna ni de entrar en el partido. Es uno de esos cambios que, si no lo haces, luego puedes llegar a arrepentirte. Y que, cuando lo realizas, después, a toro pasado, pueden querer que lo lamentes. Es la salsa del fútbol, un espectáculo que tardó en aparecer en La Rosaleda. En esos 45 minutos sólo hubo presión, pelea, una ocasión que Aganzo manda al lateral de la red por recrearse en exceso y mala suerte para el Málaga, que se vio obligado a hacer su segundo cambio por la lesión de Salva.

Visto lo visto, al conjunto blanquiazul no le quedaba otra que guardar la ropa escudándose en la importancia de sumar o apelar a la heroica. Por suerte, se optó por la segunda opción. Tras el descanso, Eliseu salía por Carpintero, también lesionado. Con tanto jugador habitual fuera, con los dos refuerzos invernales también en la grada porque no era inteligente incorporarlos sin trabajar debidamente con el grupo, era la oportunidad para la versión b del Málaga, el fondo de armario del que tanto se ha hablado. Y esa ansiada reacción no se hizo esperar, con lo que el ánimo de los fieles malaguistas subió como la espuma. Aunque el propio Eliseu mandara a la banda un balón cuando estaba solo ante Andouin, gracias al subidón de autoestima que rezumaban sus jugadores, la grada volvió a creer y a aplaudir a su equipo. Hasta Muñiz, no siempre tan expresivo, se contagiaba y juntaba las palmas de sus manos con vehemencia para aprobar el nuevo decorado.

El juego brusco y a trompicones de la primera mitad se convertía en una alegre búsqueda de los espacios y un recital de velocidad, que no de prisa. El Alavés, que por lo antes visto se las debía prometer felices, quedaba un tanto atolondrado. En un lapso tan corto de tiempo era el Málaga el que se asía con las riendas de la situación y los vítores de la grada se tornaban en ese uy tan querido y odiado cuando Iván Rosado cabeceaba al larguero un magnífico centro de Paulo Jorge.

El cambio radical y hasta inesperado del partido influyó hasta en los estados de ánimo de los equipos. El Málaga, tan triste como pareció, se convertía en una apisonadora con motor de un Fórmula 1 que el Alavés no era capaz de adivinar por dónde le venía.

Sólo era cuestión de tiempo y de paciencia. Y, para este equipo en el que la palabra trabajo le debe acompañar hasta en sus más plácidos sueños, el gol no pudo llegar de mejor manera que en una jugada ensayada, en la que Apoño puso el alma para adornar de la mejor manera posible su gran chut.

Todo parecía resuelto. Incluso que habría puntilla. Pero la expulsión de Paulo Jorge volvió a dar emoción al resultado. El Málaga supo a lo que jugar. Era el momento de Sandro y de ser inteligentes. Y el Alavés se fue sin disparar a puerta. Y el Málaga encadena su novena jornada sin perder. Y es líder, al menos hasta el Numancia-Elche.

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