Derroches y horrores

Puro derroche lo del candidato a la reelección al frente de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touriño, donde se han gastado cuatro millones de euros en reformas de salas de reuniones y despachos de la sede del Gobierno gallego, con sillas a 2.269 euros la unidad o pavimentos acristalados a 400 del ala el metro cuadrado. A tres semanas de la cita ante las urnas, no se le puede pedir mayor desatino al aspirante socialista, que divisa tras la tramoya "la mano negra del PP" para intentar desprestigiarlo, como si no se bastara él solito con sus gastos suntusos. Que son legales, arguye; ¡sólo faltaba!

Puro derroche, de cordialidad, el que han exhibido el Gobierno de Zapatero y el enviado del Papa durante la reciente visita de éste, Tarcisio Bertone. Buen rollo y ni un mal gesto, nada de tensionamientos ni de echar más leña al fuego. Todos bien embridados en nombre de la concordia, aunque sin ceder ni un milímetro en sus respectivas posiciones: el purpurado respaldó punto por punto la irritación de la Conferencia Episcopal ante las políticas que impulsan los socialistas, que le explicaron al número dos del Vaticano su afán por "afirmar la defensa de los derechos fundamentales de la familia y la educación", según la beatífica definición que ofreció el propio Bertone del asunto.

Puro derroche, de demagogia, el del Gobierno vasco ante la anulación de las candidaturas de la izquierda abertzale por sus conexiones con la organización terrorista ETA. El consejero de Justicia, Joseba Azkarraga, afirmó ayer que el Gobierno central debe tomar nota de las reflexiones del relator sobre Derechos Humanos de la ONU, Martin Scheinin, sobre la necesidad de extremar las garantías legales antes de ilegalizar partidos. "Se puede pensar como ETA -dice Azkarraga- y, aún no cometiendo ningún tipo de delito, te pueden considerar miembro de una organización terrorista y esto es una barbaridad". No cuela: una cosa son las ideas y otra, la interacción con la banda.

Puro derroche, de solidaridad, el de banqueros como los Botín, que han aprobado una reducción del 10% en el bonus variable anual de los consejeros y altos ejecutivos de Banesto. Como la presidenta de la entidad, la ínclita Ana Patricia (la del apellido sarcástico al caso), que se embolsó el pasado año unos emolumentos de 3,7 millones de euros.

Si a éstos les sumamos los derroches de optimismo de Zapatero, que sigue quitando hierro a la crisis con cara de impotente; los de imaginación de Aguirre, que suelta excrecencias a golpe de hemeroteca para sacudir las sospechas de que algo huele a podrido en el seno del Gobierno de la Comunidad de Madrid; o los de virtuosismo del nuevo líder de IU, que se estrena poniéndose detrás de una pancarta para jalear una dictadura, cabe preguntarse, entre otras cosas, dónde meterse.

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