Málaga

Juegos y dibujos como tratamiento

  • La Unidad de Salud Mental Infanto Juvenil del Materno atiende a 500 menores al año

  • Las actividades lúdicas en los más pequeños se utilizan para diagnosticar y curar

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Sillas pequeñitas, mesitas bajas, pelotas, aros de colores, juguetes... Parece una guardería, pero en realidad es la Unidad de Salud Mental Infanto Juvenil (Usmij) del Materno. Así, entre juegos y dibujos, sus profesionales van ayudando a los niños a superar diferentes patologías. Hay pequeños con trastornos del espectro autista, de conducta, con hiperactividad... "No somos partidarios de las etiquetas diagnósticas", aclara el coordinador de la Unidad, Juan Manuel Aguilar. El objetivo no es etiquetarles, sino ayudarles. "Lo primero que tenemos que hacer es escucharles, incluso a los más pequeñitos. Nuestras resonancias magnéticas son los dibujos; nuestros TACs, el juego y nuestras radiografías, los muñequitos que nos hacen con plastilina", añade.

El día de este reportaje hay una sesión de psicomotricidad relacional. Los pacientes miden poco más de medio metro y tienen cuatro años. Mediante actividades lúdicas los profesionales de la Unidad animan a los niños con dificultades patológicas para relacionarse con sus iguales a vincularse con otros críos, a estar en grupo y a colaborar entre sí.

¿Pero cuándo un problema es una patología? "Si un niño es inquieto, pero va bien en el colegio, tiene muchos amigos y con sus padres se lleva bien, no es una patología. Pero si es inquieto, no atiende en clase, no tiene amigos y con su familia tiene una lucha continua que le provoca sufrimiento a él y a sus padres, es una patología", explica Aguilar.

Psiquiatras, psicólogos, enfermeros, trabajadores sociales, monitores y auxiliares trabajan en equipo para romper ese círculo vicioso. El objetivo es estabilizar a nivel mental al menor para que, a su vez, la labor de los equipos educativos y de atención temprana rinda sus frutos. Para ello, los profesionales no sólo apuntan a las debilidades del niño. También aprovechan sus fortalezas.

La Unidad atiende a menores hasta los 18 años. Las patologías varían según las edades: en la adolescencia aparecen más casos de ansiedad, depresión o trastornos de la conducta alimentaria. Y según los sexos: los trastornos de conducta son más frecuentes en varones y la anorexia, en chicas. Pero la igualdad se va imponiendo incluso en estos apartados.

Debido al amplio abanico de patologías, la Usmij desarrolla una docena de programas terapéuticos para potenciar su autonomía, su capacidad de relacionarse con otros niños, sus habilidades sociales o bien para combatir sus trastornos alimentarios o de conducta.

Al año, la Unidad atiende a unos 500 niños. La mayoría -en torno a unos 400- para un seguimiento en consultas externas. El resto -alrededor de un centenar- para una intervención más intensa en el Hospital de Día. A la Usmij llegan los casos más complejos tras pasar varios filtros. Generalmente son sus maestros, sus médicos o sus padres los que sospechan de algún trastorno. El primer escalón asistencial es su pediatra. El segundo, el equipo de Salud Mental comunitario, a donde llega derivado desde el centro de salud. Y finalmente, si aquel dispositivo lo estima pertinente, el pequeño pasa a la Usmij.

Carmen Heredia, María José Gómez, María Rosa Recio e Isabel González trabajan en la Unidad. Carmen, terapeuta ocupacional, explica que cada niño tiene diferentes necesidades y, por lo tanto, distintos abordajes: "Trabajamos las dificultades y también las fortalezas que ayudan en su tratamiento". Y la labor no sólo es con los niños, sino también con los padres, para que sepan cómo afrontar el trastorno. A la salida del programa de los más pequeños, los padres aguardan en el pasillo de la Unidad. Un padre confesaba que al principio se sentía perdido. "No sabía a dónde llamar ni cómo ayudar a mi hijo", admitía. Tras seis meses de terapia, una madre agradecía: "El trabajo es excelente y la evolución de mi hija muy buena".

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