"Mamá yo quiero ser un niño y no tener pecho"

  • Javier confesó a los 7 años su identidad y tuvo que dejar su anterior colegio Ya lleva a cuestas un pasado de incomprensión

Javier es el hijo mayor de una familia malagueña que también tiene dos pequeñas de 3 años. Nació con genitales femeninos pero desde siempre se sintió varón. Sus héroes favoritos eran Spiderman y Goku, lloraba si su madre le ponía un vestido o le hacía colas en el pelo, quería vestir como los demás niños, rompía las muñecas y su diversión siempre la encontraba en otro tipo de juegos. Su familia empezó a respetar sus decisiones ante la infelicidad que observaban cuando le obligaban a ser una niña y a los siete años llegó la confesión.

"Estaba en la bañera y se vio el clítoris, pensó que le estaba creciendo un pene", relata su madre, Nati. "Me dijo: mamá yo quiero ser un niño, quiero ser un futbolista y no quiero tener pecho. No te lo he dicho antes porque creí que no me ibais a querer ni tú ni papá", agrega la madre. En ese momento, asegura, "me eché a llorar, aunque de alegría, porque lo vi tremendamente valiente, que se hubiera lanzado a decirlo así tan pequeño", recuerda.

A Javier le costó un poco más decírselo a su padre, pero en él sólo encontró un apoyo fundamental. "Su padre le dio un abrazo y le dijo que él sería lo que quisiera en esta vida, teniendo educación y respeto por los demás y por sí mismo", comenta Nati, que nunca pensó que fuese pasajero "porque desde pequeño lo tenía muy claro y el pediatra me dijo que no había duda". "Me sentía culpable, pensaba que le estaba alentando yo a ser así, pero el médico me dijo que eso ya lo tenía en el cerebro desde la barriga y que había que tratarlo como Javier", añade.

Un poco después recibieron la ayuda de psicólogos expertos en género y comenzó el tránsito. Lo que en casa y con la familia más cercana se desarrolló con normalidad, en su centro educativo no fue así. "En el antiguo colegio en el que estaba Javier dijimos durante varios años que quería ser un niño, que era transexual y no nos hicieron ni caso, ni pusieron en marcha un protocolo, le llevé un libro sobre el tema y me tomaron por tonta, sin respeto ninguno, incluso una profesora de apoyo le dijo que porqué vestía de niño", cuenta Nati indignada aún por el trato recibido.

Según esta madre, el pequeño recibió humillaciones y cuando iba al colegio a pedir explicaciones les aseguraban que el niño mentía. Pero Javier, recuerda Nati, no quería levantarse para ir a clase, tenía síntomas de ansiedad y soportaba las burlas de sus compañeros. "Nunca lo invitaban a los cumpleaños porque decían que era muy raro, intentaban mirarle sus genitales por debajo de la puerta del baño, lo insultaban, le decían travesti y maricona", dice. Por fortuna, ese infierno ya pasó.

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