¿Quién dijo crisis?

  • El hecho de que el primer día de grandes descuentos cayera en sábado animó las ventas y provocó largas colas ante las cajas

Media mañana. Los ascensores de El Corte Inglés no paran de acarrear clientes hacia el interior del centro comercial. En la tienda de Máximo Dutti de la calle Larios la cola para la caja es tan larga que casi no deja entrar más gente. En el local de Zara, en el centro, el furor se repite y más de 30 personas esperan pacientemente su turno para pagar. Fueron algunas de las imágenes que dejó el primer día de las rebajas. Parecía que no había crisis. Los centros comerciales y los cascos históricos estaban ayer a tope de gente haciendo compras. Algunos comerciantes explicaban que justamente debido a que la situación económica no es tan boyante y a que no ha hecho casi frío hasta ahora, muchos consumidores han esperado hasta las rebajas.

"Sí, hay crisis. Por eso se busca el precio más bajo, el máximo descuento", apuntaba José Núñez, encargado de la zapatería de El Corte Inglés que ayer estaba a rebosar. Contaba que la campaña de otoño y Navidad había sido más floja que otros años precisamente por la crisis y que la gente había aguantado parte de sus compras para hacerlas durante las rebajas. "Además, el primer día coincide con un sábado y hay más público que en años anteriores", acotaba. Ana estaba en estos grandes almacenes con dos hijas y dos nietas. Vino el primer día pese al agobio de gente porque ya le había echado el ojo a una prenda. Pero al probársela, no le convenció. "Puesta no me gustaba, pero ya que estamos aquí vamos a aprovechar", comentaba. Mientras su hija la probaba zapatos a la nieta, ella contaba que no se pone un presupuesto tope. "Lo que me gusta, cae", reconocía.

El aluvión de clientes presagiaba un día de intenso trabajo para los vendedores. En Bershka, una dependienta no hacía más que acarrear cerros de ropa de los probadores otra vez hacia las perchas. En zapaterías Gody, las cajeras no paraban... En Blanco, una veintena de personas aguardaba su turno para pagar. La amplísima mayoría eran mujeres. En Stradivarius, la marea humana se notaba desde la puerta. La vorágine de consumo se repetía en Zara. Sobre las 13:00 había una cola en la caja de unas 40 personas. Allí estaba Nicolás Núñez, de 17 años. Uno de los pocos hombres de la cola. Este joven aclaraba que él no se había comprado nada. Le estaba guardando el sitio a su hermana y las amigas. "Ellas van cogiendo prendas, se las van probando y las van trayendo", explicaba.

A mediodía, el local de Máximo Dutti de calle Larios estaba repleta. "Ha habido un momento en que la cola de caja era tan grande que casi no se podía entrar", relataba Lorena Díaz, directora de tiendas de Andalucía occidental. En su opinión, este año hay un poco más de público que otros anteriores. Una situación que más que a la crisis la achacaba al hecho de que todavía no ha apretado el frío y la gente ha esperado hasta las rebajas para hacer sus compras. "Si hubiera crisis, hoy no estaría la tienda así", opinaba. Según sus datos, de media los clientes se gastan unos 600 euros. "Hemos empezado con el 50% de descuento, lo que supone que se ahorran otros 600 euros", calculaba.

Marina Palomo estaba en Zara con unas amigas. Colgando del brazo llevaba más de media docena de prendas. "Yo me llevo lo que me gusta sin probármelo. Solo si es un abrigo me veo aquí cómo me queda en algún espejo. Pero el resto de las prendas me las pruebo tranquilamente en casa. Que me gusta, bien; que no, lo cambio", decía . No se entretenía respondiendo a más preguntas y volvía a la búsqueda de más artículos.

Ayer, el ritual de bulla de todos los años se repetía en la mayoría de los negocios. Pero desde las organizaciones de consumidores siempre se recuerda que las rebajas son un río revuelto. Hay de todo. Comercios que hacen descuentos interesantes y otros que rozan el fraude. La asociación Facua-Consumidores en Acción criticó ayer la falta de medidas por parte de las comunidades autónomas para acabar con las prácticas fraudulentas y reclamó "sanciones contundentes" ya que la existencia de un escaso número de multas, cuyas cuantías califica de "ridículas", no supone un acicate para frenar las prácticas fraudulentas.

Inmaculada comentaba que hace unas semanas se compró un vestido muy barato, por 15 euros. Ayer pasó por la misma tienda. La prenda estaba supuestamente de rebajas. "Pero tenía el mismo precio -15 euros- solo que le habían puesto una etiqueta como que antes costaba 26 euros", aseguraba.

Carmen Perea salió a comprar algo para sus padres. Ambos cumplen años la semana que viene. Se gastó unos 100 euros en regalos para cada uno. Compró maquillaje, perfumes y ropa: "Por la fecha en la que cumplen, siempre aprovecho las rebajas; pero para mí ya vendré más adelante, cuando todo se calme. Ahora parece que están regalando cosas, pero no regalan nada".

Sin embargo, ayer, el tráfico se colapsó en torno a los centros comerciales. Como ejemplo, la zona de Plaza Mayor donde hubo caravanas de más de dos kilómetros.

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