La 'enferma' que se inyectó anestesia para ser inválida

  • Empresas y mutuas recurren a detectives para descubrir los abusos en las bajas

No son pocos los trabajadores que se quejan de que algunas empresas tratan de acelerar su reincorporación tras una baja cuando aún su recuperación no es total. Y como en muchos aspectos de la vida, habrá justos que paguen por pecadores. Pero, lo cierto es que la incapacidad temporal o permanente es un campo abonado a los abusos y a la picaresca.

Y los hay muy osados. Javier -de Dea Detectives y con 24 años de profesión- recuerda el caso de una joven de 32 años que quería conseguir una invalidez permanente. La mujer llegó a inyectarse anestesia en un brazo para simular una hemiplejia y pasar por inválida. Javier, que prefiere que su apellido se omita, cuenta que su agencia logró descubrir la trampa y la chica tuvo que renunciar a sus intenciones de cobrar sin trabajar.

Generalmente, las empresas cuando tienen fundadas sospechas de que la dolencia es puro cuento suelen contratar detectives para averiguar la verdad. De esos seguimientos, surgen vídeos, fotos y cientos de anécdotas.

La destreza física de los falsos enfermos de lumbago merece un capítulo especial. Los detectives hablan -y lo prueban con imágenes- de personas que esgrimen esa patología para estar de baja y que luego son cazados jugando al fútbol, cargando 36 litros de agua o subiendo a un vehículo una de esas pesadas máquinas para lijar suelos.

"Siempre intentamos tener pruebas documentales incontestables, como vídeos y fotos, para que no haya dudas en caso de juicio de que ha fingido", explica Juan Rojas, director de Unipol Detectives, fundada en 1963. Según Rojas, hay auténticos "especialistas" en bajas, que se ponen malos en verano para no trabajar en el hotel cuando está a tope o para poder disfrutar de un puente en el que les toca trabajar. "Hay algunos que van con collarín y muletas al médico y luego los pillamos descargando sacos", añade.

Javier dice que la picaresca no sólo existe con las bajas, sino también con la escasa productividad. Asegura que hay trabajadores que como desarrollan su labor en la calle se pierden durante algunas horas para irse a su casa, a jugar al dominó, de comprar o a pescar.

Los profesionales cuentan que entre los simuladores hay de todo: desde el que quiere conseguir una jubilación para siempre, el que sólo desea prolongar la baja un par de semanas, el que echa mano de ardides para no trabajar porque no le gusta dar ni golpe o el que hace trampas porque necesita imperiosamente más ingresos. Este es el caso de algunos falsos enfermos que se dan de baja en determinadas épocas del año -sobre todo en verano y Navidad- para cobrar así de la Seguridad Social y, al mismo tiempo, trabajar en un negocio familiar en el que esas fechas son de alta demanda. Así cobran la baja y el chapuz.

En unas recientes jornadas, un magistrado eludía hablar de fraude. Pero comentaba que existían bajas "estratégicas". Dos ejemplos. Si un trabajador tiene un contrato temporal, sabe que no se lo van a renovar y que encima le queda poco paro, se da de baja unos días antes. Después tiene que fingir y, si cuela, cobrará más meses de baja que de desempleo. Otro truco es darse de baja cuando se está a punto de agotar el subsidio de desempleo. Así también se habrán resuelto las habichuelas unos meses más.

El refrán dice que para mentir y comer pescado hay que tener mucho cuidado. Y un hombre no lo tuvo. Quería jubilarse porque argumentaba que estaba casi ciego. Pero cometió un error: se puso a conducir. Mala suerte, lo pillaron in fraganti.

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