Las hostilidades se reducen en Ucrania mientras se reaviva la guerra del gas

  • Putin asegura que la decisión de Kiev de cortar el suministro a las regiones rebeldes es un genocidio

Las hostilidades entre las fuerzas ucranianas y los rebeldes prorrusos se vieron ayer reducidas al mínimo en el este de Ucrania, mientras Kiev y Moscú abrían un nuevo capítulo en su guerra del gas.

Tanto los separatistas como las autoridades ucranianas constataron ayer una significativa disminución de las violaciones del alto el fuego -que entró en vigor el día 15- en la madrugada y toda la jornada del martes.

Pero en otro frente, el presidente ruso, Vladimir Putin, echó leña al fuego al cargar contra el Gobierno ucraniano por su decisión de cortar el pasado día 19 el suministro de gas a los territorios controlados por los rebeldes, que lo reciben ahora directamente de la empresa rusa Gazprom.

"Por si no bastara con que allí (en las regiones de Donetsk y Lugansk) se pasa hambre, y con que la OSCE haya constatado que hay una catástrofe humanitaria, les cortan el gas. Eso ya huele a genocidio", dijo Putin en una conferencia de prensa tras reunirse con su homólogo de Chipre, Nikos Anastasiadis.

El jefe del Kremlin recordó que los acuerdos de paz de Minsk, firmados el 12 de febrero, obligan a las autoridades ucranianas a garantizar el suministro de energía a los territorios controlados por los separatistas.

Kiev también hizo ayer alusión a esos acuerdos al reiterar que no cumplirá con el segundo punto del documento, que obliga a los dos bandos a retirar el armamento pesado del frente, hasta que el alto el fuego sea total. "Habrá repliegue del armamento pesado sólo después del cese total del fuego", subrayó el ministro de Defensa ucraniano, Stepan Poltorak.

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