Comedia amable, que no es poco

Cuando uno se mete en una sala a ver una película en la que Javier Cámara interpreta a un homosexual ya sabe más o menos lo que puede esperar. Cabría reflexionar, en este sentido, acerca de la influencia que las series de televisión han ejercido y ejercen no sólo en el medio cinematográfico, sino en los propios espectadores. Y, de hecho, Fuera de carta ofrece pocas sorpresas en este sentido: Nacho García Velilla proviene de la pequeña pantalla y cuando se cita al mismo Javier Cámara y a Fernando Tejero vienen a la cabeza las series en las que piensa todo el mundo y de las que esta película parece una prolongación en toda regla. Especialmente se percibe esta tendencia en el tratamiento de la opción homosexual como punto de nieve para los líos amorosos propios de la comedia; poner a Cámara en plan locaza y a Tejero en el papel que hace siempre habría bastado para que el resto ocurriera.

Y sin embargo, a pesar de que su metraje no encierre novedad alguna y el guión contemple las trampas al uso para que el invento funcione (la conversión del hijo mayor desde la homofobia a la comprensión filial no es muy creíble que digamos), Fuera de carta es una película divertida, llena de golpes en los que el humor grueso muestra su cara más amable, que resuelve los momentos dramáticos (véase la muerte de la madre) con suficiente equilibrio para merecer el bueno, vale, dotada de ternura (rara avis en el cine español; botones de muestras, las lecturas nocturnas de los cuentos con Javier Cámara y su pequeña en plena contienda dialéctica) y que supera, para bien, la dudosa catadura moral de los protagonistas. Eso sí, mi corazoncito se queda por encima de todo con Chus Lampreave; es lo mejor de la cinta y suelta las barbaridades como nadie.

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