Sinfonismo a la italiana, sentir y sabores italianos

La presencia de la figura de Don Quijote en relación con la música está más omnipresente de lo que podamos pensar a priori. Una de las fuentes más completas que he encontrado al respecto la podemos hallar en la magnífica página web que el Instituto Cervantes posee en la Red. Precisamente, y en relación a esa reseña, el profesor y crítico musical Ruiz Tarazona trae a colación una conocida frase de Schopenhauer que quintaesencia el verdadero sentir de la obra cervantina. La obra "alegoriza la vida de cualquier hombre que no quiere perseguir simplemente su provecho personal, como hacen los demás, sino que persigue un fin objetivo e ideal", en palabras del filósofo alemán.

En el caso de Richard Strauss, su aproximación fue más cercana al descriptivismo en lo evidente, pero no deja de encerrar una interesante carga psicológica, y que quedó aceptablemente manifiesta en el concierto de anoche en su primera parte.

La corriente italianizante se hace evidente en esta novena propuesta de los conciertos de abono. Enrico Dindo, nuevamente en las tablas de nuestro teatro, se enfrentó esta vez a esa versión quijotesca de la que hablábamos. Si bien asistimos a una concepción global suficiente y correcta, hubo momentos evidentes para alejarse de la calidad.

Bajo una entrada poco clara por los violines segundos y un acorde final más que dudoso, la obra no acabó de quedar asentada hasta bien entrado el primer movimiento. Dindo, poco apegado a la partitura (por fortuna), demostró una buena concertación a excepción de un sonido algo crudo y áspero en los momentos fuertes, y a su paso por los registros medios y agudos. Toda una lástima y que llegó a ocultar los momentos más expresivos y emocionantes de la pieza. Por su parte, Evdokia Erchova sí ofreció una sonido limpio, claro y natural que combinó perfectamente con el resto de integrantes de la Orquesta Filarmónica de Málaga. Finalmente, y con Ceccato en calidad de espectador, el solista italiano "recitó" el conocido Preludio de Bach. Y me refiero en esos términos porque de interpretación hubo poco.

La Cuarta de Brahms, más que conocida por el melómano malagueño, fue la obra más determinante. Pese a una vuelta a los momentos iniciales poco claros y un tempo de batuta más elegíaco que impetuoso, asistimos a bellos pasajes de los que suelen arrancar aplausos. Me refiero concretamente al Andante moderato, en el que trompas y maderas en general realizaron una traducción bastante notable.

Tras un tercero correcto, el cuarto se glosó extraordinario en los momentos solísticos de Francés (flauta travesera) con la cuerda algo más compacta.

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