En busca del tiempo perdido

  • 'Lo mejor de Carlitos y Snoopy' ofrece una selección de las mejores tiras cómicas de estos dos grandísimos iconos del cómic durante muchos años

Las semblanzas biográficas de Charles M. Schulz coinciden en retratarlo como un niño extremadamente retraído, de ésos que se apartan a un rincón para no hacerse notar. Esta noticia invita a observar bajo una luz diferente esas miles de viñetas protagonizadas por una chiquillería deslumbrante que realizó a lo largo de medio siglo de carrera. Se diría que, mientras mojaba la magdalena de la melancolía en el tazón de leche cotidiano, el artista se pasó su vida adulta intentando reconquistar el parque de juegos que veía desde la ventana de pequeño, pero raramente pisaba. El terreno es traicionero; no me atrevo a pronunciarme. No sabría decir si fue insensato o no. En algún momento de nuestra existencia, todos hemos pretendido recobrar unas horas idas, ¡ay!, sin prestar suficiente atención a un detalle: que quizás estemos perdiendo nuevamente un tiempo precioso que luego no tendremos ocasión de rescatar.

El éxito, imagino yo, tuvo que compensar la desazón. Schulz firmó casi veinte mil trabajos, entre tiras cómicas y páginas dominicales; su obra llegó a publicarse contemporáneamente en 2.600 cabeceras en más de 75 países. He leído en alguna parte que el merchandising generado por sus personajes le reportó un buen puñado de dólares, un punto que también invita a contemplar su labor desde una perspectiva distinta. La moraleja cambia, por supuesto: la presunta pérdida de un tiempo pasado pudiera reportar pingües beneficios en el futuro; si bien administrada, la nostalgia es rentable. En fin, esto es lo que sabemos: Charles Monroe Schulz nació el 26 de noviembre de 1922 en Minneapolis en una humilde familia de origen alemán. En su niñez y adolescencia se refugió a menudo en las viñetas de tebeos; su padre se cuidaba de que nunca le faltaran. La lectura lo llevó al dibujo, inevitablemente, y en casa lo animaron a seguir en esta dirección. Lo hizo y nunca se arrepintió.

Tras la II Guerra Mundial, de regreso a la vida civil, Schulz trabajó un breve período como profesor de arte. Entre 1947 y 1949 publicó una primera serie de tiras cómicas en la que descubrimos un primer esbozo de lo que sería Snoopy, un cachorro que es uno más en el grupo, no una simple mascota (y en el que rendía homenaje a Spike, un perro que Schulz tuvo en su juventud, otro de esos hilos de Ariadna que nos arrastraría hacia un laberinto en apariencia inocuo). El 2 de octubre de 1950 apareció la primera tira de Peanuts ("Cacahuetes", aunque usado con el sentido figurado de "pequeñeces" o "niñerías"), y que en España conocimos como Carlitos y Snoopy; el protagonista es Charlie Brown (Carlitos), un chaval cabezón -en las dos acepciones del término- con un leve garabato en la frente a manera de flequillo. Dos días después, el 4 de octubre, hizo su debut la gran creación del artista, Snoopy. A través de estos personajes, durante cincuenta años, Schulz hizo un retrato amable, a menudo implacable, de la sociedad pequeñoburguesa norteamericana. Umberto Eco escribió que Schulz nos ofrece "una pequeña comedia humana para todos los bolsillos".

La humanización de Snoopy a lo largo del tiempo -según puede verse en Lo mejor de Carlitos y Snoopy (Debolsillo)- serviría estupendamente para estudiar el proceso de abstracción que seguiría la serie. En sus primeros años, Snoopy es lo que es: un perrito de raza indefinida sin más atributo que una vivaz inteligencia. Detengámonos en un detalle fundamental: camina a cuatro patas. De manera paulatina, Snoopy abandonó la posición cuadrúpeda para alzarse sobre sus patas traseras, fue adquiriendo mayor conciencia de sí, renegó de su condición animal y se convirtió en una especie de conciencia inquieta, melancólica, un Pepito Grillo no especialmente preocupado por la suerte de Pinocho. Snoopy devino un bicho decididamente raro. Sus fantasías y aspiraciones son carne de psicoanálisis. En numerosas tiras, Snoopy se ve a sí mismo como un as de la aviación de la I Guerra Mundial. Le basta un gorro con gafas y orejeras y una bufanda para remontar el vuelo. En otras ocasiones, se soñará músico, deportista y literato. Quién no recuerda su imagen de perfil, encima del tejado de la caseta, expectante ante una maquina de escribir, embarrancado en la que ha de ser la primera frase de su best seller: "Era una noche oscura y tormentosa" (Que Schulz tomó de un libro de Edward George Bulwer-Lytton). No es una idea simple, sino la depuración de una compleja propuesta que toca la fibra sensible de los lectores.

Oficialmente, Charles M. Schulz se retiró el 14 de diciembre de 1999. Lo retiró en realidad un cáncer voraz que, sin embargo, no acabó con su vida. Murió de un infarto a los pocos meses, el 12 de febrero de 2000; su última tira apareció a la mañana siguiente. En su testamento introdujo una serie de disposiciones para que ni Carlitos ni Snoopy cayeran en las manos de otro dibujante. El tiempo evocado y las criaturas que lo habitan les pertenecían exclusivamente a él.

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