El conflicto entre la Junta y los Picasso puede afectar al director del Museo

  • El Patronato de la pinacoteca analizará en su reunión prevista para el viernes la continuidad de José Lebrero al que Christine Picasso habría responsabilizado de la muestra sobre la Guerra Civil objeto del encontronazo

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La cadena suele romperse por el eslabón más débil y en este caso es fácil suponer dónde está. El Patronato de la Fundación del Museo Picasso de Málaga tiene previsto reunirse el viernes, cuatro días después del sonoro encontronazo entre la Junta de Andalucía y Christine Ruiz-Picasso a cuenta de la muestra sobre la Guerra Civil española, Viñetas en el frente. Todo hace indicar que la continuidad del director de la pinacoteca, José Lebrero, está ahora mismo en cuestión, según han admitido fuentes de la institución cultural. La nuera del genio mantuvo en un duro comunicado que la exposición se programó sin contar con su opinión. La Consejería de Cultura lo negó y alega que desde diciembre había conocimiento de esta parte del programa. Pero ambos socios están condenados a entenderse si confían en el futuro de un museo que ha cumplido ocho años y es el más visitado de Andalucía.

La propia Christine, tras las visibles muestras de enfado que ofreció el lunes, después de negarse a presentar los trabajos, habría comentado a personas de su entorno su intención de exigir la destitución el viernes de Lebrero por "pérdida de confianza". El Patronato que debatirá este conflicto, el más grave desde que se inaugurara el museo malagueño, está compuesto por 14 miembros, siete de ellos de la parte privada y otros tantos de la parte pública. Falta por conocer a estas alturas cuál será la reacción del Gobierno andaluz si finalmente los Picasso exigen la cabeza del responsable artístico de la pinacoteca, seleccionado en un concurso público hace veinte meses.

Viñetas en el frente es una aproximación al compromiso político que asumieron muchos artistas e intelectuales en Europa mientras se libraban las guerras más sangrientas del pasado siglo. El centro de la muestra lo constituyen dos grabados de la serie gráfica Sueño y mentira de Franco, que Picasso realizó en 1937, de manera paralela al Guernica. El malagueño, que ya había sido nombrado director del Museo del Prado, concibió esta obra como un apoyo al gobierno de la República frente al alzamiento militar dirigido por Franco. Christine Ruiz-Picasso no criticó la exposición de esta obra, que fue adquirida el año pasado por el museo a su hijo, Bernard Ruiz-Picasso, sino el uso "político" y "oportunista" que, en su opinión, se hacía de ella "en un polémico periodo electoral". Salvador Haro, uno de los comisarios de la exposición, asegura que esta serie de grabados quedó injustamente relegada al olvido por haber coincidido con el Guernica, la obra que impulsó a Picasso directamente a la posteridad. Esta muestra gozó ya de un notable éxito de crítica y público durante su reciente exposición en el Museo Picasso de Barcelona, donde no se le achacó ninguna intención partidista.

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