¡Ya no se hacen tebeos así!

  • Indios, vaqueros, extraterrestres y aventureros se encontraron en 'Chito', un tebeo de la vieja escuela por el que merece bucear en las librerías de viejo

Para el coleccionista de tebeos, asomarse a las estanterías de una librería de segunda mano siempre es un ejercicio fronterizo entre la excitación y el desengaño. Cuando las manos huelen a humedad, tinta y polvo (la recompensa de haber pasado toda una tarde escarbando entre montañas de papel viejo), y el dueño del local amenaza con echar la persiana, oculta entre revistas de efectos militares y manuales para dejar de fumar, se encuentra aquella maravilla que estábamos buscando. Ahí está, cubierto de polvo, el especial de Superman vs. Muhammad Alí, o el mágico volumen cinco de la colección Súper Humor que recopilaba cinco álbumes de Mortadelo. Y siempre, siempre, a un precio desorbitado. Por eso, que la librería Códice ofrezca en su puesto de la Feria del Libro de Ocasión en el Paseo del Parque la colección (casi) al completo de la vieja cabecera Chito al simbólico precio de un euro, obliga al sorprendido cazador de tesoros a preguntar incrédulo si se trata de algún error. Y, afortunadamente, no lo es.

Auténtico fósil del cómic español, cáscara de un animal que hace tiempo que murió -el tebeo de aventuras para el público adolescente-, Chito fue un acto de fe de unos hombres que amaban los tebeos. Para entender lo que suponía la aparición de una revista semejante en 1974, hay que remontarse a la Guerra Civil. Concretamente al año 1938, en el que sale a la venta el primer número de la revista Chicos. Fruto del esfuerzo de la editora Consuelo Gil, Chicos consiguió esquivar la propaganda patriótica del régimen franquista y se convirtió en un semanario de cómics de aventuras, aunque durante su extensa andadura tocara otros géneros, desde el humor a los deportes. Una de las mejores generaciones de dibujantes españoles dejó su sello en Chicos. Emilio Freixas, Iranzo, Gago, Alfons Figueras, y el gran Jesús Blasco, creador de Cuto (el personaje más popular de la revista), dieron lo mejor de sí mismos hasta 1955, año en que Chicos cerró sus puertas.

Diecinueve años después, el empeño de Alfonso Cerón Núñez y Juan Martí Pavón, dos antiguos lectores de Chicos reconvertidos en efervescentes empresarios de la Cataluña tardofranquista, logra ser suficiente para convencer a los dos puntales de Chicos, Freixas y Blasco, para que vuelvan a la acción. Chito, heredera directa del espíritu del viejo semanario, reúne a los viejos leones con jóvenes cachorros como Carrillo o el gran Bernet (el padre del imprescindible Torpedo), y se permite el lujo de publicar en sus páginas a clásicos de la historieta del calibre de Alex Raymond o Hal Foster. En un momento donde Bruguera impone su paso a ritmo marcial, y los superhéroes comienzan su conquista del mercado del cómic español, Chito es un delicioso anacronismo dirigido a un público incierto. Los tiempos habían cambiado, y los jóvenes lectores de los setenta no compartían los mismos gustos que los de los cuarenta. La aventura muere tras diecisiete números, y deja inconclusa la última aventura de Cuto, Hampa Mundial Inc. Absolutamente contemporánea, la obra de Blasco es la única que parece entender el devenir de los nuevos tiempos. No en vano se trata de uno de los mejores artistas españoles de todos los tiempos, olvidado injustamente por muchos aficionados al tebeo que desgraciadamente olvidan que, de vez en cuando, no está de más hurgar en viejas librerías para refrescar la memoria.

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