El mundo quechua comparte foco con Renée Zellweger

  • Perú forma parte por primera vez de la sección competitiva del certamen con 'La teta asustada', de Claudia Llosa

La Berlinale se emocionó ayer con el mundo oculto del quechua a través de La teta asustada, de Claudia Llosa, primera película peruana a competición en la historia del festival, y se refrescó con la deliciosa Renée Zellweger de My One and Only, un bálsamo contra cualquier crisis. Sencilla, dura, algo hermética y cargada de simbolismos, La teta asustada sumergió al festival berlinés en el drama de las mujeres violadas en Perú en las dos décadas de guerra y terrorismo que sacudieron el país a partir de los 80 del siglo pasado y que dejaron cerca de 70.000 víctimas.

De producción hispano-peruana y rodada principalmente en zonas pobres de Lima, La teta asustada se centra en una muchacha, Magaly Soler, que acaba de perder a su madre y que quiere enterrarla dignamente, como un grito contra la impunidad de esos crímenes. Con ella, con sus cantos en quechua, su rostro hermoso, pero agreste como el paisaje, el espectador llega a la historia de esas mujeres traumatizadas y de la llamada enfermedad de la teta asustada, que éstas transmitirán a sus hijos, a través de la leche.

"No se puede enterrar a las víctimas bajo un manto de silencio, hay que recuperar su historia, la identidad perdida de toda una generación de personas que, por no tener, no tienen ni carné de identidad, simplemente porque no consta que nacieron", explicó Llosa, nacida en Lima y afincada en Barcelona desde hace cinco años. Sin la coproducción española la película no estaría en la Berlinale, enfatizó la directora ante el estreno internacional de su segundo largometraje tras Madeinusa.

También embelesó, pero de otra manera, Zellweger y su My One an Only, dirigida por Richard Loncraine, donde borda el papel de una madre que abandona al marido infiel y se marcha a bordo de un Cadillac con dos hijos adolescentes en busca de un suplente. Zellweger, una rubia platino de labios pintados de rojo carmesí, va de mudanza en mudanza por medio país, a ritmo de Big Band. Viaja en pos de esa suplencia y constata que, a partir de cierta edad, a una mujer sólo la pedirán en matrimonio hombres arruinados, calenturientos o incluso débiles mentales.

My One and Only es una de esas refrescantes comedias que uno tiene la sensación de haber visto trescientas veces, pero donde toda la maquinaria funciona a la perfección. Todo un bálsamo contra la crisis, no sólo la financiera mundial, sino la que más de uno habrá vivido en la Berlinale ante la acumulación de filmes extremadamente duros.

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