Lila Downs. Cantante

"Los países ricos como EEUU se blindan porque el ser humano es mal agradecido"

  • La heredera por derecho de Chavela Vargas lanzará el 22 de febrero su primer disco en directo, 'Lila Downs y La Misteriosa en París', y prepara la gira española que el próximo 10 de marzo la traerá al Teatro Cervantes

Cuando Chavela Vargas se despidió de su público en el último concierto de la ciudad de México dejó la siguiente advertencia: "Yo ya me voy porque los años pasan, pero viene en lugar mío una señora llamada Lila Downs". Esta mujer de carácter y singular amabilidad, nacida en Tlaxiaco (Oaxaca, México) en 1968 de madre mixteca y padre estadounidense, encarna como pocos artistas el paisaje actual de la música popular latinoamericana. Discos como Border (2001) y Una sangre (2004), dotados de una profunda calidad mestiza que transita de la ranchera al hip-hop pasando por los cantos indígenas de Chiapas, se han convertido en verdaderos testimonios artísticos de su generación. Su popularidad crece de manera notoria en Europa y en Estados Unidos (en 2003 cantó en la gala de los Oscars junto a Caetano Veloso), y para dar cuenta de ello regresará a Málaga (ya actuó en el extinto Etnimálaga en 2001 y en el Castillo Sohail de Fuengirola en 2002) el mes que viene. Mientras, contesta al teléfono desde Oaxaca.

-Once años después de su álbum de debut, La Sandunga, publica su primer disco en directo, grabado en París. ¿Disfruta más en el escenario, o en el estudio?

-Me gusta más el directo, sin duda. Prefiero la emotividad que se establece con el público, la conexión que se crea entre quienes tocan y quienes escuchan. Vivo esa relación de manera muy intensa.

-Sus giras por España ya son frecuentes y cada vez más concurridas. ¿Ha sido esa conexión igual de fácil con el público europeo?

-Sí. De hecho, no imaginaba que terminaría yendo a actuar a España tantas veces al año. En realidad esta respuesta no me ha sorprendido porque la canción mexicana tiene mucho que ver con España. Hay lazos emocionales e históricos evidentes y no resulta difícil encontrar lugares comunes para ambas tradiciones musicales.

-¿Quizá se debe esa identificación a que las músicas populares mexicanas y españolas son mestizas, beben de muchas fuentes?

-Así es, y a menudo esas fuentes son las mismas. En el caso de la música mexicana, su mestizaje incluye los cantos indígenas y el folclore campesino. La ranchera tiene su origen en la revolución mexicana, ya que nació como una crítica a los riquillos. Y eso ocurre con otros géneros populares españoles.

-¿Tiene sentido, entonces, cantar hoy rancheras?

-Sí, por supuesto. Muchas de aquellas injusticias que se criticaban siguen vigentes. Sin ir más lejos, ahora mismo estoy trabajando en un disco de rancheras, con mariachi y todo. He tomado un repertorio diverso, con composiciones tradicionales y modernas, además de algunas canciones españolas, y las reinterpreto a mi gusto.

-¿Responde ese proyecto a la satisfacción del público? Muchos llevan años esperando verla en plan ranchera, con mariachis.

-No tanto. Cuando terminé mi anterior disco, Ojo de culebra, comprendí que había llegado a un punto de inflexión y me pregunté qué podía hacer que sonara fresco, nuevo. Así que opté por las rancheras, sencillamente porque me apetecía, porque quería divertirme y creía que así lo lograría. No me equivoqué. Interpreto algunos clásicos como Cucurrucucú paloma y Tu cárcel, además de otros temas como Camas vacías, de Joaquín Sabina, que adapto a ese registro.

-Precisamente, en Ojo de culebra participaron diversos cantantes españoles y latinoamericanos. ¿Se quitó la espinita?

-Sí. Especialmente con Mercedes Sosa. Fue un verdadero privilegio. Además, poco antes de su muerte pude compartir escenario con ella en su Argentina, en Córdoba. Recuerdo estar cantando allí con ella como si hubiera ocurrido ayer.

-También cantaron en aquel disco artistas españoles como La Mari de Chambao y Bunbury. Y poco antes celebró una gira especial con Martirio. ¿Qué les da, que los tiene rendidos a sus pies?

-Son más bien ellos los que me seducen a mí. Me gusta mucho el flamenco. Artistas como José Mercé y Diego El Cigala me parecen muy interesantes y creativos.

-¿Se atrevería a arrancarse con alguno de ellos por bulerías?

-Bueno, figúrate. Sería un gran honor. Hay gente como Estrella Morente con la que podría salir bien.

-Su proyección en EEUU ha crecido también notablemente en los últimos años. ¿En qué medida cree que esto responde a la también creciente influencia de la minoría latina, la más importante del país?

-En EEUU la figura del angloparlante se vincula cada vez más con un modelo pasado, caduco. Los latinos vamos siendo mayoría, así que al resto no les queda más remedio que asumirlo. Esa influencia creciente de la que hablabas se debe a mucha gente que ha sabido ganarse el respeto mediante su trabajo, latinos que no han dudado en entregarse y han contribuido a incrementar la riqueza del país.

-¿Cómo valora, entonces, la reciente reforma de la ley de inmigración, que aplica medidas mucho más restrictivas?

-Es un asunto delicado. Pocos quieren entrar a discutirlo, especialmente los políticos. Parece como que cuesta mirarlo de frente, como que nadie se atreve. Y eso ocurre porque, en el fondo, que los países ricos como EEUU se blinden a cal y canto demuestra que el ser humano es mal agradecido.

-Usted que vive entre Nueva York y Oaxaca, ¿comparte la idea de que la obsesión por la seguridad contra el terrorismo ha dañado derechos humanos fundamentales?

-Sí. Se han pasado de listos con el asunto de la seguridad. Pero lo cierto es que ahora vivimos otra etapa; determinadas características de nuestra sociedad han favorecido la aparición de nuevas posibilidades de violencia. Hay que ser realistas y aprender a vivir una libertad diferente.

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