Zapatero "No seré el candidato" Primarias, un recurso de la República en el que no siempre gana el oficialista

  • El presidente del Gobierno considera que es lo mejor para España y para su familia · Asegura que era el momento de "poner fin a lo que se percibía como incertidumbre" Los aspirantes tendrán quince días para conseguir los respaldos necesarios

Tal como anunció ayer Rodríguez Zapatero, en la primera reunión del Comité Federal del PSOE tras las elecciones municipales y autonómicas del próximo 22 de mayo se activarán las posibles primarias para buscar a su sucesor.

Los aspirantes tendrán quince días para conseguir los respaldos necesarios y poder ser proclamados oficialmente como candidatos. En el caso de que haya más de uno, el proceso no se alargará más de 45 días, con una semana de campaña electoral.

Las vías para lograrlo son tres: la consecución de la firma del 10% de los 400.000 militantes (unos 40.000), el aval de la mayoría del Comité Federal o de la Ejecutiva Federal. Descartada la última opción después de la proclama del líder socialista contra el dedazo, los aspirantes sólo podrán ser candidatos por la vía de la militancia o el Comité Federal.

Aunque Blanco comentó que el proceso puede estar terminado a mediados de junio en el caso de que sólo haya un candidato o a finales de julio en el supuesto de que haya primarias, el calendario está abierto, sujeto a la constitución de las nuevas corporaciones y parlamentos.

Las elecciones primarias son un proceso usual entre los socialistas desde 1997, cuando se retomó una vieja práctica de la II República que da voz y voto a los militantes, cuyos designios no siempre comulgan con los deseos del aparato del partido.

Así ha ocurrido en los casos más sonados de primarias, el más notorio el que se zanjó en favor de Josep Borrell frente al entonces secretario general del PSOE, Joaquín Almunia, en la competencia por encabezar la candidatura a los comicios generales.

Y más recientemente el que enfrentó el 3 de octubre pasado al líder del PSM, Tomás Gómez, y la ahora ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, que se resolvió a favor del primero, pese a que no era el candidato favorito de Ferraz.

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