Zapatero hurta el debate en el PSOE

  • El presidente quiere evitar a toda costa que la opinión pública conozca la existencia de disensiones en el seno del partido · Antonio Gutiérrez, ex líder de CCOO, se desmarcará de la reforma de las pensiones

La crisis económica está provocando una caída en picado de la credibilidad del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Según los últimos sondeos, el 76% de los españoles no confían en él. Como consecuencia de este deterioro de quien es aún el principal "patrimonio electoral" de los socialistas, según palabras de José Blanco y de otros dirigentes zapateristas como Leire Pajín y Elena Valenciano, el PSOE optó por cerrar filas con el leonés. Pero lo está haciendo a costa de sacrificar el debate en su seno en aras de no transmitir a la opinión pública la evidente existencia de algunas e importantes disensiones internas.

En el comité federal celebrado hace menos de un mes, la propuesta de reforma de las pensiones, aprobada un día antes por el Consejo de Ministros, impidió que algunos barones pudieran sacar a colación la debilidad política y la falta de coordinación del Gobierno, así como la candidatura socialista para las elecciones generales de 2012. El guión diseñado por el propio Zapatero salió a pedir de boca: cerrada ovación al líder (en la larga etapa de Felipe González no se aplaudían normalmente sus intervenciones en estos actos) y ausencia absoluta de críticas.

José Antonio Griñán, impulsor del Pacto de Toledo, cumplió de forma brillante con el papel que se le asignó, defendiendo la necesidad de abrir un debate sobre la reforma de las pensiones por la inversión de la pirámide poblacional, y apenas si dejó un recadito cuando subrayó que el PSOE era un partido de valores y de ideas. El lehendakari Patxi López, partidario de un Gobierno más político, prefirió no intervenir. Despachó el comité federal con unas declaraciones de compromiso y se marchó mucho antes de que terminara.

Forzado por esta perniciosa dinámica interna, el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, declaró públicamente lo que no pudo decir en el seno del principal órgano del PSOE entre congresos: recomendó a Zapatero que llevara a cabo una crisis de Gobierno tras la Presidencia española de la UE para tomar impulso.

El martes pasado, Zapatero se reunió en el Senado con los diputados, los senadores y los europarlamentarios del PSOE, y se volvió a repetir la estrategia de convertir el debate interno en un simple acto de adhesión inquebrantable al líder.

El presidente del Gobierno lanzó el mismo discurso del último comité federal, explicando las propuestas de reformas (pensiones y mercado laboral), justificando el plan de recortes de 50.000 millones y rechazando la equiparación de España y Grecia. Y pidió a sus bancadas "responsabilidad y temple".

El debate posterior quedó reducido a una pantomima de apenas media hora por la "apretada agenda" del presidente del Gobierno (después se tiró unos veinte minutos departiendo desenfadadamente con unos escolares), con tan sólo tres intervenciones pactadas con anterioridad de los diputados José María Benegas e Isabel López Chamosa y del senador Arcadio Díaz Tejera, de la veintena de palabras que habían sido solicitadas en la reunión.

Entre los que se quedaron con las ganas estaban los diputados de Izquierda Socialista Manuel de la Rocha, Juan Antonio Barrios de Penagos y José Antonio Pérez Tapia, que no pudieron intervenir para dejar claro su rechazo a la reforma de las pensiones. Pero los representantes de esta corriente crítica del PSOE no fueron los únicos. Antonio Gutiérrez, ex secretario general de Comisiones Obreras y actual presidente de la Comisión de Economía y Hacienda del Congreso, también levantó la mano y no pudo hacerse oír. Y otros muchos diputados no tan significados tampoco llegaron a intervenir.

Ahora, como ocurrió con Barreda, lo lógico es que algunos diputados salgan públicamente a decir lo que se silenció burdamente en la reunión de las bancadas con Zapatero. En breve, por ejemplo, está cantado que Antonio Gutiérrez se desmarcará de la reforma de las pensiones planteada por el Gobierno, y lo hará dentro de los únicos cauces que le ha dejado Zapatero para expresarse libremente, allende del propio PSOE.

Y todavía queda por saber la opinión de ex vicepresidente del Gobierno y actual presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, Alfonso Guerra, que asistió a la reunión con el presidente del Gobierno con cara de circunstancias, y que no debe entender muy bien "el ejercicio de responsabilidad y temple que Zapatero le reclama" cuando los errores del Ejecutivo exigen, de entrada, un debate interno serio, alejado de las tentaciones de echarle la culpa de todos los males a los especuladores y a The Financial Times.

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