Xerez-sevilla

Un armisticio peligroso (0-2)

  • El Sevilla se reencontró con el triunfo en la Liga, aunque le faltó maldad para plasmar en el campo su superioridad sobre el Xerez. Javi Varas salvó a los suyos en un cabezazo final de Leandro.

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El Sevilla derrotó al Xerez, casi su filial, sin hacerle sangre; los dos delanteros, Negredo y Luis Fabiano, marcaron los goles; los defensas defendieron; los centrocampistas corrieron, y hasta el guardameta, Javi Varas, como es su obligación, salvó dos puntos a su equipo con una intervención providencial en plena recta final. Hasta aquí cabría incluir a todos esos aspectos dentro de la ortodoxia, en el seno de un conjunto llamado normalidad. Pero fuera de él hubo un elemento llamado inquietud que es difícil de entender en este equipo que adiestra Manuel Jiménez y dice aspirar a ser una alternativa para ganar la Liga. Por muy azaroso que pueda ser el fútbol, no es comprensible que el Xerez, con la diferencia que existe entre uno y otro equipo, tuviera siquiera la posibilidad de haberle dado el disgusto al Sevilla. Y de no haber sido por la milagrosa intervención de su portero se habría producido tal hecho, así que las gracias a Javi Varas.

Claro que los sevillistas podrían alegar en el alegado de defensa a los suyos que Javi Varas estaba ahí precisamente para eso, que su misión era tratar de detener todos los balones que le lanzaran los futbolistas del Xerez, algo que consiguió en todo momento, sobre todo en ese cabezazo postrero de Leandro en plena recta final. No les falta razón a quienes así piensen, los guardametas están en sus respectivos equipos para impedir que el rival marque los goles. Pero sería demasiado pueril reducir el análisis del encuentro a esas obligaciones de Javi Varas. El problema radica en diseccionar los acontecimientos para saber por qué el Sevilla jugó con fuego por mucho que no llegara a achicharrarse en él.

El planteamiento de partida de los blanquirrojos no admite ningún tipo de censura. Manuel Jiménez, tal y como viene siendo su costumbre en el presente ejercicio, con la excepción del último compromiso liguero frente al Espanyol, apostó por una pareja de delanteros arriba, además de los dos extremos claramente ofensivos y de dos medios centro, en teoría, más cualificados para crear que para destruir. Está claro que el punto de partida era buscar al adversario, no esperar a que las cosas cayeran por su propio peso, sino ir en pos de ellas.

Pero ese ideario no se iba a corresponder, en absoluto, con la realidad. El Sevilla se hizo con la posesión absoluta del balón, entre otras cosas porque el Xerez, mitad por propia voluntad y mitad por impericia pura y dura, se la cedió con gentileza. El problema fue que el conjunto de Jiménez no supo qué hacer con el esférico. El balón fue de un lado a otro, pero lo hizo en un fútbol carente de profundidad, fue algo así como el tiqui taca que censuraba en sus tiempos Javier Clemente. En definitiva, era un continuo sobar el balón sin avanzar apenas metros en esos toques.

Si hay que buscar algunas razones, apúntense dos: Una, que la debilidad del Xerez era contagiosa, que parecía todo tan fácil para el Sevilla que tal vez sus futbolistas pensaran que no necesitaban siquiera cambiar de velocidad para ganar el encuentro. En este sentido, con todos los riesgos que corrieron en el cabezazo de Leandro que detuvo Javi Varas, el tiempo se encargaría de darles la razón, pues tampoco requirieron de mucho más esfuerzo para adicionar los tres puntos. El segundo aspecto que pudo influir en ese sobeteo del balón carente de profundidad tal vez fuera el estado del terreno de juego, demasiado irregular para permitir desplazamientos precisos y rápidos.

El caso, pues, es que el Sevilla dominó la situación desde el arranque, aunque con una parsimonia impropia de los ímpetus que ha mostrado este equipo en sus anteriores citas. Era algo así como pasarse o no llegar respecto al vísteme despacio que llevo prisa desarrollado frente al Espanyol siete días antes en Nervión. El partido, por tanto, siempre pareció controlado por los visitantes, pero la situación se fue afeando conforme pasaban los minutos y entonces ya llegó otro tipo de fútbol. A saber, balones directos de Javi Varas para Negredo y Luis Fabiano y los despejes orientados. Son alternativas perfectamente válidas si se sabe hacer uso de ellas y por ahí llegaría el primer tanto. Fernando Navarro le pegó para arriba como se hace en la Regional, aunque con calidad, faltaría más, y Negredo se encargó de bajar la pelota, también con calidad, antes de inventarse un gol de indudable mérito.

El Sevilla había allanado el camino antes del intermedio y ya sólo era cuestión de finiquitar la faena en una situación muy favorable. Pero siguió sin aparecer la sangre en los ojos de los futbolistas que ayer vestían de rojo, parecía como si existiera un armisticio con el adversario para no hacer más daño de la cuenta. La superioridad no se acabó de plasmar en el marcador y el Xerez, a base de acciones a balón parado, se fue acercando hasta que tuvo la ocasión de empatar en una de ellas. Menos mal para los nervionenses que apareció Javi Varas, pues de no haber sido así el Sevilla se hubiera acordado de este partido ante el que muchos califican como su filial.

- Ficha técnica:

0 - Xerez Deportivo: Renan; Bergantiños, Leandro, Francis, Bermejo, Orellana, Carlos Calvo (Momo, m.75), Maldonado (Antoñito, m.59), Casado, Aythami y Keita (Viqueira, m.51).

2 - Sevilla FC: Javi Varas; Konko, Squillaci, Dragutinovic, Fernando Navarro; Jesús Navas, Zokora, Renato (Koné, m.90), Perotti (Diego Capel, m.75); Negredo (Duscher, m.68) y Luis Fabiano.

Goles: 0-1, M.42: Negredo. 0-2, M.89: Luis Fabiano.

Árbitro: González Vázquez (Comité Gallego). Amonestó a los locales Leandro, Carlos Calvo, Casado y Keita y a los visitantes Fernando Navarro, Dragutinovic y Duscher.

Incidencias: Partido disputado en el estadio Chapín ante cerca de 21.000 espectadores que casi llenaron sus gradas, entre ellos unos tres mil seguidores sevillistas. Terreno de juego en irregulares condiciones.

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