El Centauro de las Marismas

  • Ángel Peralta publica "la novela que enamoró a Ava Gardner", basada en un guión para el cine

Ángel Peralta, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. Ángel Peralta, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla.

Ángel Peralta, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. / archivo

El legendario maestro Ángel Peralta acaba de publicar el libro El Centauro de las Marismas. La novela que enamoró a Ava Gardner, editado por Almuzara.

Peralta ha rescatado este relato que escribió en 1957 como guión cinematográfico para una película que iba a protagonizar Ava Gardner, a quien le gustaba el texto. La artista norteamericana, en uno de los días que pasó en el Rancho El Rocío para ambientarse, se empeñó en banderillear a una vaca, montando a la yegua Mexicana. La res derribó a la cabalgadura y su amazona, que sufrió un gran hematoma en la mejilla izquierda. El animal más bello del mundo se desvinculó del proyecto, lo que fue un mazazo para Peralta, quien nos desvela que durante aquellos días "fue muy agradable y simpática y estaba muy poseída de su belleza".

La actriz fue muy agradable y simpática y estaba muy poseída de su belleza"

La historia, con la huella de numerosas vivencias del autor, nos adentra en ese mundo del campo, con hombres y mujeres ligados a la naturaleza y que luchaban lo indecible para vivir, en muchos casos, sobrevivir; muy lejos de la situación del hombre de la ciudad. Como fondo: una historia de amor.

Peralta escribe con ese estilo lírico y campero que rezuman sus obras. "En primavera, Las Marismas se convierten en un paraíso sin horizonte: su luz celestial y su penetrante colorido enamoran y atraen a las cigüeñas, que parecen figuras de porcelana, sobre el verde resucitado del campo"; refiere el autor.

Ese mundo lo describe desde dentro. Un universo que no tiene que ver absolutamente nada con las normas que dictan algunos ecologistas de salón desde sus despachos. Por eso, el lector se puede sorprender con las labores propias del día a día, como cuando en medio de un diluvio muere una yegua que acaba de parir un potro. Peralta, que ha vivido muchos trances con esos tintes dramáticos, relata: "El potrillo, recién nacido, se tambalea por el agua, buscándola... Sigue lloviendo... Ángel, cogiéndolo entre sus brazos, lo coloca en lo alto de su caballo, atravesándolo en la parte delantera de su montura, y cuando se sube en el caballo, éste le hunde su cabecita sobre su pecho". En ésta y otras escenas se vive el poder del hombre fusionado con la naturaleza.

Entre lo fundamental de la obra, además de toros, caballos, cabestros... se encuentra la descripción de ese estallido de la riquísima fauna y la olorosa flora de Las Marismas, con algunos términos camperos propios de la zona.

Peralta, que dibuja a esos hombres que se sienten orgullosos de oler a caballo, describe con precisión faenas camperas -¡qué pena, que vayan cayendo en desuso!-, recoge costumbres ancestrales y oficios que se han perdido o se encuentran en trance de extinción y folclore, entrelazando una historia con un triángulo amoroso con dos mujeres: la señora del ganadero, papel reservado a Ava, y la joven María, novia de un vaquero, que hubiera encarnado El Centauro de las Marismas, como así se le conoce al autor, quien a sus 92 años continúa transmitiendo sus vivencias a través de la literatura. Y es que, como el propio Peralta afirma, "la edad vive en la ilusión y no en el tiempo".

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