Fernández Lacomba revisa las suertes del toreo en su cartel para la Maestranza

  • El pintor sevillano propone en su diseño "una composición radical" inspirada en la tradición.

Habituado a indagar en la tradición -es uno de los mayores especialistas en la pintura sevillana del siglo XIX y principios del XX, ha comisariado exposiciones dedicadas a Sánchez Perrier o Jiménez Aranda- tanto como a desplegar un interés hacia la abstracción y la vanguardia en su obra pictórica, Juan Fernández Lacomba se mueve entre estos dos extremos en el cartel que anuncia la temporada taurina de la Real Maestranza, un diseño que presentó ayer y en el que propone "una lectura nueva, desde la modernidad" a los motivos de la tauromaquia. Un cartel, tal como definió su creador, "sugestivo, atractivo, publicitario en cierta manera pero artístico al cien por cien" en el que este pintor sutil rehúye de las estampas obvias. 

"Me planteé desde el principio que no se vieran ni un toro ni un torero. Era una manera de no repetirme con algunos arquetipos", apunta sobre un óleo que concibió como una "composición radical, casi en aspa, una especie de estrella o reloj mágico de las liturgias, los tiempos, las distintas suertes del toreo", explica el sevillano, que revivió "un montón de ideas, de sensaciones", entre ellas algunas visitas al coso que hizo en la infancia, cuando le propusieron formar parte de una nómina que integran artistas de la talla de Miquel Barceló, Alex Katz, Larry Rivers, Carmen Laffón o Luis Gordillo. "En su colección, la Maestranza tiene carteles importantes, muy dignos, y tenía que dar el tono. Era un encargo que me comprometía". 

Lo difícil de abordar un proyecto de este tipo, lo comprobaría más tarde este académico de Santa Isabel de Hungría e historiador del arte, "es seleccionar lo que no vas a poner. La ejecución de la obra me ha llevado más o menos un mes, pero he tardado mucho más decidiendo qué iba a incluir". 

La clave la encontraría finalmente en una de las muchas publicaciones que consultó en busca de la revelación que le mostrase el camino. "Encontré un grabado del siglo XVIII de Delgado y Gálvez, erudito de la tauromaquia, que exponía sintéticamente lo que eran los avíos de matar". Así, Lacomba se detiene en la "gran tradición que recogía las distintas suertes, banderillas, el estoque, el capote, la muleta...", elementos que le recuerdan a los instrumentos de la Pasión, "la lanza, el látigo, la antorcha", del Arma Christi, y que el pintor reúne en "un orden nuevo". 

Una propuesta en la que no sólo destaca la distribución en la que el autor dispone estos objetos, que parece articular desde la pintura esa "especie de coreografía" que encierra el toreo; también el intenso cromatismo que desprende la obra. "Quería que el color fuera un gran protagonista", asegura ante una creación en la que conviven "los amarillos azafranes del capote, los fucsias amoratados, el escarlata y el granate. Si hay algo sugerente cuando entras a la Maestranza antes de una corrida es el colorido, la sombra, el albero, esa mezcla que es casi un festín embriagador". 

En el conjunto cohabitan "detalles muy concretos" con otros fragmentos más enigmáticos, que "aluden más que definen". A imágenes de gran fuerza, como unas banderillas que se apoyan en "un equilibrio como de danza" sobre un sable o una Giralda que se reproduce "estampada en un capote, como si fuese la propia ciudad la que fuese a torear, como si fuera una empresa taurina", se suman otros fragmentos menos evidentes que atrapan al espectador por su delicadeza: un peto del caballo en el que hay camufladas cartas de la baraja francesa, que invocan "al amor, la fortuna, la muerte", y una lista de nombres "vinculados a la Maestranza, que han hecho grandes faenas" que aparecen entrecortados y que el receptor "tiene que terminar con su propia mirada". Lacomba, que presentó ayer el cartel junto al teniente de hermano mayor de la Real Maestranza, Javier Benjumea, y los empresarios del coso, Eduardo Canorea y Ramón Valencia, siente que con este encargo se cierra "una secuencia. En 1994 hice el cartel para las fiestas de la primavera, que era más deconstruido que éste, pero sí tenía los mismos principios".

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