El Juli arma una faena sólida y Manzanares despliega su arte

  • El madrileño y el alicantino cortan una oreja cada uno · Ponce se marcha de vacío con el peor lote · Desigual encierro de El Ventorrillo y buen sobrero de Ortigao Costa

GANADERÍA: Cinco toros de El Ventorrillo, desiguales en presentación y juego. El mejor, el tercero, ovacionado. Y un sobrero de Ortigao Costa, como quinto bis, cinqueño, bien presentado y el de mejor juego del encierro, que fue ovacionado. TOREROS: Enrique Ponce, de azul y oro. Bajonazo (silencio). En el cuarto, estocada caída (vuelta tras petición y aviso). Julián López 'El Juli', de azul y oro. Estocada desprendida (silencio). En el quinto, estoconazo caído (oreja). José María Manzanares, de azul y oro. Media que termina tragándose el toro y tres descabellos (saludos tras aviso). En el sexto, estocada (oreja con petición de la segunda). Incidencias: Plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao. Lleno de 'No hay billetes'. En banderillas, saludaron en el tercer toro Juan José Trujillo y Luis Blázquez.

Bilbao acogió con máxima expectación -cartel de No hay billetes- a tres figuras del toreo: Ponce, El Juli y Manzanares. Se las vieron con una corrida de El Ventorrillo, de desigual presentación y al límite en su casta, remendada por un buen sobrero de Ortigao Costa, que a la postre fue el mejor del encierro. El espectáculo contó con algunos momentos álgidos por parte de un Juli que construyó la faena más sólida y un Manzanares que bañó, por momentos, con su arte mediterráneo, la arena de Vista Alegre.

El Juli, seguro, se impuso a su lote. Su primero, siempre abanto, se rajó en la tercera tanda del madrileño y el globo de la ilusión se desinfló.

El quinto toro titular se lesionó una pata en un salto espectacular hacia un burladero, en busca de un banderillero. Fue reemplazado por un cinqueño de Ortigao Costa, que no hizo cosas buenas en los primeros tercios y al que se le cuidó en varas. El animal persiguió la muleta con buen son. El Juli lo enceló primeramente en naturales largos. Con la derecha brilló en el toreo en redondo, para someterle posteriormente en una serie de mano baja. Volvió a la zurda, para plasmar otros naturales de calidad. Se tiró a ley, aunque la tizona cayó baja. Pese a ello, el público, muy entregado, solicitó una oreja, que fue concedida.

José María Manzanares dejó la impronta de su calidad estética. Con el tercero, un animal con buenas embestidas, realizó una faena en la que siempre embebió a tiempo al toro. En su toreo al natural, llegó a ligar cinco naturales profundos y largos con un pase de pecho rotundo, que fueron ovacionados con ardor. Con la diestra, una tanda andándole al toro, fue también muy celebrada. Detalles como una sabrosa capeína o una trincherilla inmensa, aderezaron su bella obra. Dejó media estocada, que resultó insuficiente. Y aunque sus banderilleros movieron al astado y el estoque penetró más, el diestro precisó de tres descabellos. Aquello fue un jarrón de agua fría para el público, que le ovacionó fuertemente, tras aplaudir también al toro en su arrastre.

Con el sexto, un astado manejable, pero al que le costaba humillar, se volvió a ver a un torero que plasmó varios destellos estéticos. Por ejemplo, en la apertura de su faena se llegó a enroscar al toro en una tanda con la diestra, que cerró con un pase de pecho interminable. O en algún muletazo por bajo de escándalo. El epílogo, con dos ayudados por alto cargando la suerte, rezumó torería. En esta ocasión, su estocada, bien ejecutado, cayó baja. El público pidió mayoritariamente las orejas. Pero el presidente se resistió a conceder la segunda; seguramente valorando la colocación de la espada.

Enrique Ponce contó con el peor lote. Con su primero, que se metía por el pitón derecho y se revolvía con prontitud por el izquierdo, el trasteo no tuvo historia. El cuarto se rajó pronto. El torero, que extrajo una buena serie con la derecha, cosechó muchas palmas junto a tablas, donde jugó con la querencia del manso para sacar tres tandas. La estocada, bien ejecutada, cayó muy caída y el presidente, con buen criterio, no otorgó la facilona oreja que pedía el público, quedando el premio en una vuelta al ruedo.

Espectáculo entretenido, con buenas cosas, entre ellas la sólida faena de El Juli al quinto y los múltiples pasajes estéticos de un Manzanares con torería.

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