Una bandera roja en Alventus

  • Tentadero de machos a cargo de Juan Manuel Moreno Tejero en Trebujena, en la legendaria finca sede de la ganadería sangre Villamarta de los hermanos Núñez

Hay una bandera roja en "Alventus". El suave aire que sube del cercano Guadalquivir mece sobre la hangarilla del caserío del legendario cortijo la tela encarnada que anuncia que hay mosto nuevo .

Hay mosto nuevo en Alventus. También hay sangre vieja y brava y hoy se tientan machos en la antigua placita de la finca que frecuentaban Rafael y José el Gallo y donde Alfonso XIII comprobó que el acoso y derribo no era un sport cualquiera.

En la amplia marisma, frontera a un Guadalquivir que fluye con pereza hacia la desembocadura remoloneando con las mareas, destaca el blanco caserío. Se ve desde el cerro Calerón, desde los Padrones Altos, desde Pagodulce. Los cerros de albariza, trazados de cepas, quedan atrás. Ahora el llano se prepara para las pipas y el ganado pasta goloso en la marisma.

La ganadería "Núñez Alventus" es de sangre Villamarta, procedencia Curro Chica refrescado en Torrealta, explica José Núñez quien junto a su hermano Juan Miguel son los responsables de este hierro familiar. José ha sido conocedor y Juan Miguel banderillero. Hoy tienta su primo Juan Manuel Moreno Tejero, que en sus tiempos de novillero se anunciaba como "El Trebu".

Al Trebu no le cabe la afición en el cuerpo, el toreo está en la masa de la sangre de esta familia desde que el también legendario Joselito Núñez, el patriarca de Alventus, rejoneara en las plazas andaluzas. El Trebu soñaba ser gente en el toreo viendo a las figuras en los tentaderos de la casa, echando los dientes en la profesión con los becerros a campo abierto. Aquello pasó y ahora ayuda en las faenas camperas y mata el gusanillo en los tentaderos de vacas y machos de sus muchos amigos, como en Guadalmena, José Berrio o Cuvillo, y sin engañarse, sin más pretensión de que torear algún festival, que en esto del toro además de no mover los pies hay que tenerlos en el suelo, dice.

Sale el becerro y así lo lidia El Trebu, viril y quieto, sin concesiones ni adornos, una tauromaquia seca y campera y de mano baja que permite a José y Juan Miguel ver como es el recorrido del animal y como mete la cara. Hasta Juan Miguel baja a comprobar, de propia mano con la muleta, que el macho va a volver a los cerrados de "Buenavista" para una plácida vida padre.

El Trebu completa el ensayo por los dos pitones y remata clásico en largos pases de pecho. Todos los años hace una quincena de tentaderos y lidia seis o siete toros a puerta cerrada. Está disfrutando, los ganaderos tampoco lo están pasando mal escrutando hechuras y maneras del coloradito macho, que insiste en la pelea con la boca cerrada.

El Trebu saborea en la tertulia posterior su faena y el macho ya va camino a "Buenavista", donde le espera una larga vida en la nutritiva marisma. José Núñez explica como el ganado rumia la zulla, el trébol, el alpiste vanillo. Que cada yerba se la come el ganado a su tiempo: la espiguilla cuando llueve en otoño, el cordoncillo a finales de agosto, que el trébol granea mucho y siempre hay algo para picotear, que hay armajo dulce todo el año y que el salado lo comen pero menos porque tiene más leña, que al ganado le gusta la sapina a los diez o quince días de llover...

La gente de la casa toma un refresco tras la faena mientras cae la tarde. No está mal la cosa: un macho bueno en el campo, un torero que ha templado y disfrutado, el campo está listo para las pipas, los animales pacen en la marisma... aún hay tiempo para limpiar una bota, para encerrar a los caballos, para abrir una botella y para hablar de toros. Hay mosto nuevo en la casa, el toreo de siempre y añeja sangre brava: bandera roja en Alventus.

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