Análisis 'Dead Rising 3'

  • Publicada en exclusiva para Xbox One, la nueva entrega de la franquicia reitera las virtudes y defectos de sus antecesoras sin exprimirle a la máquina todo su potencial.

Dead Rising 3 regresa a la que fue su casa cuando la serie se estrenó en 2006 en exclusiva para Xbox 360. Ahora la tercera entrega de esta singular, descarada y frenética epopeya zombi tiene la responsabilidad de estrenarse, también, como título exclusivo en el lanzamiento de Xbox One. La obra de Capcom Vancouver es uno de los juegos más atractivos en el lanzamiento de la plataforma por su carácter frenético y desenfado. La receta es conocida por todos: una ciudad, ahora Los Perdidos, ha caído bajo una epidemia zombi que ha devastado la población en un tiempo récord. Mientras tanto, los pocos supervivientes hacen lo que pueden con tal de evitar ser infectados. Entre ellos se encuentra Nick Ramos, un joven mecánico con cara de no haber roto un plato, pero que sabe mucho de construir. Ésta es su historia y la de Los Perdidos.

Estos muertos están muy vivos

Rápidamente sale a relucir que el título, en esencia, continúa siendo el mismo, no ha variado en sus intenciones: explorar las más sanguinarias y bárbaras formas de terminar con centenares, miles de zombis durante el tiempo que resta para nuestra evacuación o la detonación de una bomba que reducirá la zona a escombros en pocos días. Con la presidenta de los Estados Unidos atrapada en la ciudad como excusa y las primeras horas de un violento brote de un virus que permite que los muertos se levanten como telón de fondo, Dead Rising 3 se desarrolla fiel a su espíritu, abriendo fuego sin dar demasiadas explicaciones. Nick Ramos estaba en el lugar equivocado en el momento menos indicado, pero tiene carácter, conocimientos de mecánica y buena voluntad, lo que le llevará de un lado a otro de la ciudad cumpliendo con los diferentes objetivos que le irán marcando otros supervivientes, siempre con la esperanza de encontrar una salida a la pesadilla que se vive en las calles de la populosa urbe. Aunque nuestro nuevo protagonista no alcanza el carisma del emblemático West, el mecánico es lo más cerca que ha estado la franquicia de repetir un personaje memorable, muy lejos de Chuck Greene, el abnegado padre y piloto de motocross de la segunda entrega.

Las cuatro áreas que dan extensión al espacio que ocupa la ciudad de Los Perdidos no son tan extensas como cabía esperar, aunque como contramedida se puede visitar libremente desde el primer momento tanto a pie como a bordo de algún vehícul. No en coche o moto, ya que en determinados puntos del mapa la arquitectura nos obliga a recorrer ciertos pasajes a pie en mitad de un océano de infectados. Un recurso fácil que hubiese resultado efectivo en una ciudad más extensa, donde estas localizaciones pudieran ser accesorias o específicas de una área más peligrosa y densa, pero en este caso supone un incordio.

El juego también da continuidad a la fórmula del juego original, con misiones que nos llevan a explorar el mapa para realizar alguna acción, mientras surgen misiones secundarias y se revelan nuevos supervivientes, puntos seguros, localizaciones de interés o mapas para construir nuevas armas o vehículos combinados. De este modo, una vez superada una serie de encargos que culminan con la lucha contra un jefe de fase, que al ser derrotado abre una nueva secuencia de misiones principales y secundarias, se desenvuelve la obra durante toda la campaña.

Las misiones secundarias ofrecen puntos de experiencia extra y permiten conocer y ampliar el catálogo de personajes inquietantes y extraños que se pueden encontrar en la serie. Como también es natural en la franquicia, las misiones secundarias tienen un tiempo limitado para realizarse, ya que el reloj corre contra los supervivientes que necesitan de nuestra ayuda. De modo que lo más razonable es ir aceptándolas poco a poco con el fin de salvar al mayor número de secundarios posibles, aunque normalmente las situaciones y los personajes tienen tendencia a dar alguna que otra sorpresa.

¡Bienvenidos a Bricokiller!

Uno de los elementos más destacados de Dead Rising 3 es la posibilidad de crear extrañas y brutales armas combinadas. Es decir, si Chuck Greene es capaz de crear poderosas combinaciones con elementos que aparentemente no guardan ninguna relación, Nick Ramos aumenta el nivel, lo expande y lo lleva hasta nuevos territorios gracias a la posibilidad de combinar vehículos para crear monstruosas moles de destrucción. Repartidos por el ancho y largo de la ciudad hay desperdigados multitud de planos que ofrecen la receta para construir elementos de muerte bastante curiosos, aunque no describiremos ninguno para evitar descubrir alguna sorpresa o combinación imposible. Lo mismo sucede con los vehículos, especialmente con las motos. Los planos para combinar elementos se encuentran marcados en el mapa con un icono azul, mientras los referentes a vehículos se marcan en amarillo. Todos estos iconos aparecen en el mapeado en tiempo real, de modo que vayamos donde vayamos, sea donde sea, siempre pararemos a descubrir que bizarro tesoro encierra el plano oculto en un sótano, una habitación, patio o tejado.  

La construcción de estos elementos también varía con respecto a la entrega anterior y se torna más cómoda y asequible, ya que se pueden realizar las operaciones en cualquier momento y lugar, evitando tener que acceder a un banco de herramientas cada vez que se quiere realizar una modificación. Lo mismo sucede con los vehículos, que rápidamente se convierten en una solución sádica contra centenares de infectados.

Además de la capacidad de combinar armas y vehículos, Nick puede ampliar sus habilidades y características físicas, ya que con cada muerte o acción especial ganará puntos de experiencia que el jugador puede cambiar por mejoras o actualizaciones en sus habilidades: desde mayor velocidad a pie hasta soportar más daño. Estos puntos en cierto modo son como un tesoro, ya que con una buena selección de habilidades se puede mejorar la experiencia, algo que entorpece la mejorable selección de la gestión del inventario. De inicio únicamente se pueden transportar cuatro elementos, contando alimentos, medicinas y armas, aunque más adelante y  tras gastar muchos puntos de experiencia se pueden ir ampliando tímidamente los huecos. Un inventario tan corto produce que el jugador tenga que interrumpir su marcha continuamente para tirar un arma al suelo, coger un alimento o medicamento, comer para recuperar energía y recoger de nuevo el arma del suelo, situación un poco extraña. Si a esto le sumamos que las armas y los elementos de curación comparten inventario, nos podemos encontrar que si llevamos, por ejemplo, un plátano en el inventario como medida preventiva, y nuestra arma se rompe por el uso, o accedemos rápidamente al siguiente hueco, terminaremos atizándole platanazos a una horda entera de zombis. Algo poco efectivo en cualquier caso.

Zombis entre generaciones

Los gráficos, la parcela más esperada y comentada por los entusiastas de la nueva generación no terminan de destacar enDead Rising 3. El juego da buenas y contundentes muestras de la potencia de la nueva plataforma de Microsoft, pero no termina de estar a la altura de otras producciones de lanzamiento. El poder de Xbox One no se ha empleado para mostrar un despliegue de poderío gráfico apabullante, sino para mostrar muchos y variados enemigos en pantalla. En cierto modo, la intención también es similar a la del primer Dead Rising de Xbox 360, es decir, mostrar tantos zombis en pantalla como sea posible y ofrecer al jugador muchas y muy vistosas formas de hacerlos pedazos. Esto se logra además sin caídas de framerate y con modelados y animaciones suficientemente convincentes, aunque sin la capacidad real de sorprender, de dejar al jugador con la boca abierta. Finalmente, la integración de Kinect funciona mejor de lo que habíamos previsto, con algunas interrupciones inexplicables, pero eficiente y rápido a la hora de grabar el clip que le indiquemos o ejecutar las órdenes.

La banda sonora también cumple sin dejar ningún elemento sobresaliente, pero es homogénea a la hora de ofrecer calidades un nivel por encima de lo visto en la anterior generación. Temas orquestales bien ejecutados que ayudan a la inmersión del jugador en los momentos en los que aparecen y melodías de carácter apocalíptico que cierran una banda sonora competente. Lo mismo se puede adjudicar al trabajo de localización de textos y voces para nuestro país.

Conclusiones

Es indudable que Dead Rising 3 es interesante por varias razones. En primer lugar convencerá y agradará a los seguidores de la franquicia. Aunque gráficamente se encuentra por encima de los juegos de Xbox 360, las sensaciones no son tan poderosas como en otros títulos de lanzamiento de la consola, que si son más fieles a la verdadera potencia de Xbox One. El resto sigue igual pero con algunos alicientes como la creación de armas impensables, vehículos de pesadilla y situaciones salpicadas con el sentido del humor que siempre ha tenido la serie. Tiene algunos fallos, pero es interesante, adictivo y divertido. En resumen Dead Rising 3 es un gran juego y un buen paso para entrar en la nueva generación.

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