Chabolismo a las orillas de Córdoba

  • Familias rumanas de etnia gitana se hacinan en casuchas en ruinas y autoconstruidas en la periferia de la ciudad Cruz Roja y la Unidad de Calle son las organizaciones que se encargan de ayudarlos

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Ajenos a lo que ocurre a su alrededor, los cordobeses caminan. Caminan rápido, cada vez más rápido. Sin mirar atrás. Sin observar el entorno que los rodea y los acoge. Las prisas, los problemas personales o los laborales ciegan. Ciegan tanto que rara es la ocasión en la que se paran a reflexionar y estudiar la ciudad en la que viven. En medio de la rutina, dan por hecho que lo hacen en una ciudad desarrollada, en una urbe del primer mundo, hasta que se dan de bruces con la periferia: un territorio más propia de países subdesarrollados, donde la pobreza extrema inunda un panorama deprimente.

Los asentamientos en los que habita la población rumana de etnia gitana dan buena prueba de ello. El tercer mundo también se levanta y se extiende en Córdoba. Viviendas en ruinas o chabolas construidas con retales de metal y madera son las infraestructuras que dan cabida a estas familias. Hogares en los que se antoja difícil vivir, más aún durante el verano, cuando el termómetro sube muy por encima de los 40 grados y el bochorno se hace insufrible, cuando la suciedad inunda el entorno y las infecciones se reproducen sin ningún tipo de defensa o cuando los bienes esenciales para la supervivencia de cualquier ciudadano, como el agua potable, escasean, o sencillamente no existe.

No obstante, si esos ciudadanos se detienen y observan, pueden descubrir que Córdoba también es solidaria, como lo demuestran Juan, Inma, Jesús, Iván, Ramona y Natalia, seis voluntarios de Cruz Roja que un día decidieron ayudar a los demás. "Tres años llevaba desempleado. No encontraba trabajo por ningún sitio y como nadie me ayudaba, decidí ayudar a los demás. De la noche a la mañana, decidí ayudar", comenta Jesús mientras carga una de las furgonetas con las que irán a repartir enseres básicos a los asentamientos.

Concretamente, los voluntarios repartirán un kit de higiene -champú, gel, papel higiénico, cuchillas de afeitar, cepillo de dientes y su correspondiente pasta dental- y otro de alimentación -pasta, arroz, leche, galletas y algún que otro alimento más-. La financiación corre a cargo de la Consejería de Igualdad, Salud y Políticas sociales.

La responsable y técnico de inmigrantes de Cruz Roja Córdoba, Natalia Jurado, explica las instrucciones que hay que seguir cuando se llegue al asentamiento. Lo primero es hacer un registro de todas las personas que viven en el. Para ello, se les pide el NIE, pasaporte o libro de familia español. Inma, Ramona y la propia Natalia recogerán la información de cada persona en las hojas de registro destinadas a ello. Ramona, a su vez, hará las labores de traductora y mediadora.

"La atención sanitaria también es primordial", comenta Jurado. "Existen acuerdos con los centros de salud del distrito en el que estén asentados para el tema de las vacunaciones y atención primaria", asegura la técnico. No obstante, a pesar del clima de insalubridad que se respira en las zonas en las que habitan, rara vez se han dado casos de enfermedades relacionadas con la suciedad, como podría ser la tuberculosis.

Ya en el asentamiento, Juan es el que se maneja con más soltura. La experiencia es un grado y en su persona queda patente. Un chiste por aquí, una broma por allí y en menos de un minuto ha conquistado a los rumanos, que "son buena gente a pesar de la concepción que se tiene de ellos". Una vez identificados los asentados llega la hora de repartir la carga entre los núcleos familiares. La cara de satisfacción de los más pequeños cuando cogen su lote es indescriptible. Como si los Reyes Magos hubiesen llegado con el mejor regalo posible: comida. Repartidos los paquetes de supervivencia llega la hora de visitar el siguiente asentamiento, donde se repetirá el mismo procedimiento.

Mención especial merece también la Unidad de Calle dependiente del Ayuntamiento de Córdoba encargada de la escolarización y seguimiento de los menores y de actualizar sus pasaportes y poner su documentación al día. La coordinadora y educadora social del programa Integración de Menores en Situación de Exclusión Social, Carmen León, se muestra contenta con los resultados que están obteniendo desde que empezaran a trabajar con ellos. Sentimiento secundado por la trabajadora social del proyecto, Ana Moñino. "En el ámbito escolar cada vez estamos obteniendo mayores progresos. Nosotras y ellos. Al principio, cuando comenzamos a trabajar con los niños el tema del absentismo escolar era bastante frecuente. Sin embargo, a día de hoy, se ha reducido mucho. Además, muchos de ellos están consiguiendo terminar de estudiar la educación secundaria", asegura la coordinadora.

Poco a poco, paso a paso, los niños se están culturizando. La educación es esencial para que su futuro sea mejor que el de sus padres y abandonen la marginalidad. Pero, para que esto pase, necesitan apoyo, necesitan una guía y necesitan financiación.

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