Doñana celebra 40 años de Parque Nacional con el deseo de crecer

  • Medio Ambiente ultima el proyecto para ampliar a toda la comarca la Reserva de la Biosfera · La Consejería no descarta incorporar al Parque nuevas fincas

En el vértice donde confluyen las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz el Guadalquivir presenta en su desembocadura su obra magna: Doñana. Un terreno caprichoso, fruto de un difícil equilibrio entre naturaleza, historia y cultura en el que, como un mosaico, se suceden 28 tipos de ecosistemas diferentes para convertirse en la más importante de las reservas para la biodiversidad del sur de Europa. Doñana entra en 2009 en buena salud, aunque otros la califiquen como un enfermo crónico, sobreponiéndose a las amenazas que le han ido acechando durante su larga vida y con el objetivo de crecer para romper con el mito de espacio protegido como una isla.

Es tiempo de celebraciones: 40 años desde su declaración como Parque Nacional y 20 de la ampliación de la zona protegida con el parque natural, dos espacios agrupados ahora con la marca Espacio Natural Doñana y bajo la gestión de la Junta de Andalucía. Fechas redondas que coinciden en un momento en que la Consejería de Medio Ambiente trabaja para lograr que la Unesco declare toda la comarca como Reserva de la Biosfera, lo que supondría ampliar de las 54.241 hectáreas protegidas bajo esta figura internacional a 240.000 hectáreas en 14 municipios. Medio Ambiente también ha iniciado negociaciones para la incorporación de nuevas fincas al Parque y trabaja en ampliar las conexiones del Coto hacia otros espacios naturales del oeste y el norte de Huelva gracias a la red de cañadas reales, para lo que se estudia la declaración de zonas periféricas de protección.

"Crecer desde la base del consenso y del bien común", matiza Rocío Espinosa, la directora general de Sotenibilidad en la Red de Espacios Naturales, una almonteña que ha ido creciendo con Doñana y que, por tanto, sabe bien de la difícil y fructífera relación que ha mantenido el Parque con los pueblos de su entorno.

"Hace veinte años, no había un ecologista capaz de pasar por la plaza del pueblo, ahora sólo encontrará aceptación de los vecinos", comenta socarrón Francisco Bella, el acalde de Almonte, en una mañana de viento en el centro del Acebuche. A su alrededor, asienten con una leve sonrisa el actual directo del Espacio Doñana, Juan Carlos Rubio; Rocío Espinosa; Dolores Escalona, alcaldesa de Aznalcázar; y Manuel Naranjo, alcalde de Hinojos. "Los vecinos estaban hasta las narices de que llegaran gente de fuera a decirnos que teníamos que hacer, una dinámica que afortunadamente se ha roto para crear otra relación del parque con sus pueblos", sintetiza este último. "Ahí ha jugado un papel fundamental la labor de educación ambiental que se ha desarrollado con los vecinos, especialmente los más jóvenes", precisa la alcaldesa de Aznalcázar.

El articulado de la ley que hace 40 años registró Doñana como Parque Nacional da cuenta del espíritu basado en levantar muros que se impuso entonces. "El Gobierno a través de los servicios competentes, adoptará las medidas y disposiciones precisas para procurar que los terrenos integrados en el Parque Nacional de Doñana se conserven en un estado igual o similar al que tuvieren en la actualidad, con el fin de que las generaciones presentes y futuras puedan utilizarlos como fuente natural de enseñanza y como testimonio de admiración y respeto del hombre hacia la Naturaleza", rezaba el artículo 2 del decreto publicado en el BOE el 27 de octubre de 1969. "Esta impermeabilización que no hizo partícipe a la gente del Parque en el diseño de su futuro fue un error que no tenía más futuro", añade ahora el director de Doñana.

El Parque surgido en 1969 es fruto de un tiempo de dictadura desarrollista. Un salvavidas impulsado por la comunidad científica, en los últimos años del franquismo, para poner freno a una política de crecimiento impuesta por el propio Gobierno en la zona oriental de Huelva y basada en la desecación de las marismas para utilizarlas como fincas agrícolas y el nacimiento de Matalascañas como urbanización para el turismo de masas.

El esfuerzo de los científicos -capitaneados por José Antonio Valverde, fundador de WWF- y la complicidad de propietarios de fincas de la zona destinadas tradicionalmente a la caza, como José María González Gordon, convencen a las autoridades de la necesidad de proteger Doñana con una escueta ley que la declara en 1969 como Parque Nacional con 35.000 hectáreas. Nueve años más tarde se amplía la superficie a 54.251 hectáreas con la Ley Doñana, la primera que votaron las Cortes tras aprobar la Constitución.

Un nuevo punto de inflexión fue cuando en 1992 la Comisión Internacional de Expertos concluye que el desarrollo del Parque y su entorno van ligado a los valores tradicionales de la comarca.

"Nos encontramos un espacio único en Europa y, por tanto, debe saber usarse como una herramienta indispensable para el desarrollo consiguiendo la interacción entre es espacio natural y los municipios del entorno", mantiene el Coordinador Oficina para Doñana de WWF, Juan José Carmona.

La Estación Biológica de Doñana (EBD) ha sido durante estas décadas otra de las piezas claves para lograr el buen engranaje del mecanismo de Doñana. Fundada en 1964 por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, a ella se le encomienda en los primeros años la conservación del Parque. Hoy salen cerca de 80 proyectos anuales de sus instalaciones e impone la voz de la ciencia frente a las posturas antagónicas que se mantienen en torno a la comarca. Desde el optimismo de lo mucho conseguido en estas cuatro décadas, Fernando Hiraldo, el director de la EBD, recuerda que "Doñana siempre nos exigirá estar en guardia". "A diferencia de otros espacios protegidos, Doñana depende tanto de lo que se haga en su conservación dentro de ella como las actividades que se desarrollen fuera", añade.

Ampliación del territorio protegido con la incorporación del parque natural hasta llegar a las 100.000 hectáreas, mejores leyes medioambientales y el trabajo científico son las claves de que en estas cuatro décadas haya aumentado la de forma importante la biodiversidad, uno de los mayores "éxitos" de los 40 años de Parque Nacional, resume Hiraldo que recuerda que en 1969 aún el lince ibérico o el águila real eran piezas de caza.

Y aún quedan problemas serios que determinarán el futuro de un Parque rodeado de una población cercana a las 600.000 personas que demandan crecer. El desarrollo de la agricultura intensiva, con la ampliación de las hectáreas de regadío ha alterado los acuíferos que alimentan marismas y lagunas. El crecimiento urbanístico y las nuevas infraestructuras tapona las salida de la fauna a espacios naturales de su entorno. Debates cargados de actores y razones que llevan al director del Parque a hablar de "cierta esquizofrenia" en la gestión de un territorio donde se cruzan valores naturales, económicos, culturales y, con El Rocío, también espirituales. "El gran problema ha sido la administración del tiempo por parte de los gobernantes, que han ido eternizando la solución de los conflictos hasta enconar las posturas", considera el alcalde de Almonte. Cruce de problemas locales a los que hay que sumar una amenaza global, ya que los científicos confirman que el cambio climático modificará, y mucho, la Doñana que hoy conocemos.

El segundo Plan de Desarrollo Sostenible, ahora en manos de la Consejería de Medio Ambiente tras discutirse durante meses entre los distintos agentes implicados en el futuro de la comarca, será una de las claves para dar instrumentos con los que perfilar la Doñana del futuro.

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