Guerra psicológica en el Hotel Renacimiento

  • El equipo de Rubalcaba asegura que su ventaja electoral se va agrandando y el de Carme Chacón, que gana por 40 delegados.

Las caras. Por lo visto, ahora hay que fijarse en las caras. Unos aprecian mucho nervios en los otros, y los otros observan a los contrincantes casi presos del pánico. Al parecer, el grado de incertidumbre que cada uno de los aspirantes lleva esculpido en su efigie -un dato puramente subjetivo, como comprenderán- es el único elemento demoscópico para saber quién ganará hoy el duelo socialista. Es una suerte de guerra psicológica. Chacón, vestida con el rojo que le ha acompañado durante esta campaña, va de ganadora, y Rubalcaba, de azul Estado, muy tranquilo, sostiene que los votos ya están decididos y que él va por delante. Uno de sus colaboradores más cercanos indica que la noche va a ser poco concluyente; quizás -comenta- los discursos de los aspirantes de hoy, pero advierte: "Cuidado con las presiones de esta noche, que a quien se pase de rosca se le viene todo en contra".

Es un intento de influir en la prensa y en los pocos delegados indecisos, aunque algunos chaconistas andaluces se atreven a cifrar a los dubitativos en un 20%. Según esta teoría, el PSOE "de Santa Elena (junto a Despeñaperros) para arriba, es como una ameba", todos disgregados. No es lo mismo en Andalucía que, sin embargo y aunque sea la delegación más numerosa, con sus 234 delegados, es la que más ruido interno ha generado. Hay otros que observan que los 101 delegados del PSC, aferrados en torno a su paisana Carme Chacón, se están fracturando, lo que beneficiaría a Rubalcaba, mientras los partidarios de la ex ministra mantienen que su contrincante está telefoneando, personalmente, a algunos delegados a sus casas a la desesperada, un extremo negado por quien fuera ministro del Interior. A Susana Díaz, número dos del PSOE andaluz y chaconista confesa, se le ve con el secretario general de Córdoba, Juan Pablo Durán, porque -según aseguran sus críticos- hay algunos delegados y destacados alcaldes cordobeses que se le escapan, como los de Montoro y Lucena, que van a votar a Rubalcaba. Y, mientras tanto, a Chacón, que almorzó con su equipo en el Hotel Renacimiento de Sevilla, donde se celebra el congreso, un micrófono de una cámara de televisión le graba una conversación con tintes de eslogan: ella se compara con el barcelonista Messi, acostumbrándose a los pisotones del madridista Pepe. Carcajadas de sus colaboradores; entre ellos, los ex ministros Miguel Ángel Moratinos y Francisco Caamaño.

Es la guerra psicológica en el Hotel Renacimiento, la antesala del cónclave más disputado que los socialistas viven desde que González le ganó Suresnes a Rodolfo Llopis en 1974. Felipe se fue, y señaló a Joaquín Almunia, y éste se marchó tras la derrota electoral de 1996, pero el 38º Congreso Federal del PSOE, que será el de Rubalcaba o el de Chacón, va a ser muy distinto al del año 2000, cuando ganó José Luis Rodríguez Zapatero de modo inesperado. Entonces concurrían cuatro candidatos, por lo que hubo opción a negociar el apoyo de los que partían con menos partidarios -Rosa Díez y Matilde Fernández, por entonces-, pero ahora, en Sevilla, sólo hay dos, y en lo único que coinciden los equipos de ambos es que quien resulte ganador lo hará por un margen muy pequeño.

Al mediodía de hoy, los 956 delegados comenzarán a votar en una sala con varias urnas, con papeletas certificadas que deberán recoger de modo solitario en unas cabinas cerradas que aseguran la privacidad. Pero, incluso así, los equipos de Rubalcaba y Chacón mantienen que ambos sacarán unos pocos votos por encima de los 500. Un portavoz de Rubalcaba sostuvo ante los periodistas que "hay margen suficiente; no es uno, pero es poco", mientras que otro de Chacón aseguró que le saca de "40 a 50 votos" al contrincante.

Sin embargo, durante el domingo por la mañana y, en especial, en la noche anterior, el elegido o la elegida negociará con el resto del partido cuál será su Ejecutiva. Ésa sí será dura, y es que si el secretario general ganara por muy pocos votos, la dirección, que se vota el domingo, debería contar con más de un 80% de apoyos para que el PSOE pueda cerrar definitivamente este congreso que llega en su peor momento institucional y electoral desde la Transición.

Rubalcaba y Chacón se han alojado en dos salas cercanas, pero separadas. Allí tienen sus cuarteles generales. Marcan dos estilos bastantes diferentes. Carme Chacón y sus gentes van de ganadores, quizás por el apoyo total que aseguran contar de los delegados catalanes - casi la totalidad de los 101- y el que la dirección andaluza les ha calculado, más de la mitad de los 234. Andalucía, la delegación más numerosa, será, efectivamente, la que incline la balanza hacia un lado u otro.

Uno de los dirigentes andaluces que apoyan a Chacón y uno de los más cercanos al presidente andaluz, José Antonio Griñán, mantuvo ayer a este medio que la ex ministra de Defensa representa "al PSOE de 2012, no al de 1982 de Felipe González o al de Chaves" y que aporta la misma novedad que la escuela socialista donde maduró, la de José Luis Rodríguez Zapatero, aunque ésa sea, precisamente, la crítica que le hacen los partidarios de Rubalcaba, que enfrentan el modelo serio del ex ministro del Interior con las ocurrencias del zapaterismo, ganador de dos elecciones, pero que deja un saldo estremecedor: ni ayuntamientos ni diputaciones ni gobiernos, sólo Andalucía y el País Vasco. Tan mal ven a Rubalcaba, que estos chaconistas andaluces opinan que hubiese sido mejor presentar a Zapatero en las elecciones generales.

Y Rubalcaba sigue tranquilo. A diferencia de Carme Chacón, no se postula como próximo candidato a la Presidencia del Gobierno. Quizás Patxi López, quizás Madina. Carme sí, Carme quiere ser la sucesora de Zapatero en todos los sentidos.

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