Hallan indicios de acumulación de hidrocarburos en el Golfo de Cádiz

  • Las conclusiones de la Expedición 339 recogen el hallazgo de "impresionantes" depósitos arenosos en el subsuelo y resaltan que podría significar un giro en las futuras exploraciones mundiales de gas y petróleo

Comentarios 39

Regresó a puerto la expedición científica 339 y trajo consigo importantes descubrimientos sobre la composición del subsuelo del Golfo de Cádiz y el Estrecho de Gibraltar. Tras perforar siete puntos del Golfo y el oeste de Portugal, los investigadores encontraron "impresionantes" acumulaciones arenosas en las áreas denominadas por los expertos como de sedimentos contorníticos. Unos depósitos generados por las corrientes marinas que circulan "contorneando" las cuencas oceánicas. Según destacaron los impulsores del proyecto, por primera vez se consiguió recuperar muestras de estas zonas con fines científicos. Y, tras un primer estudio de las mismas, las conclusiones iniciales abren la puerta a la acumulación de hidrocarburos en este territorio.

"La profundidad, el espesor, la extensión y otras propiedades de estas arenas, las dota de unas condiciones ideales para que los hidrocarburos queden almacenados", explicó Dorrik A. V. Stow, co-director de esta iniciativa. Un hallazgo que, según señalaron, podría significar un giro radical en las exploraciones de gas y petróleo que se desarrollen en el futuro a nivel mundial.

Un grupo de 35 investigadores se embarcó el pasado 17 de noviembre en el buque Joides Resolution; una nave de perforación de 21 metros de anchura, 145 metros de longitud, una altura superior a los 62 metros y doce motores laterales. Junto a ellos, un amplio equipo de técnicos y la tripulación de la embarcación. En total, más de 110 personas, que procedieron a la extracción de muestras del subsuelo de siete puntos ubicados frente a la costa de Andalucía y Portugal. Fueron precisamente dichas pruebas las que permitieron localizar los depósitos arenosos en tres "escenarios" diferentes: como rellenos de canales marinos, como "potentes" capas dentro de los montículos de fango y como una única lámina que se extiende casi cien kilómetros desde la salida del Estrecho de Gibraltar.

"Esta arena resulta especialmente limpia y bien seleccionada. Y, por tanto, muy porosa y permeable. Nuestros descubrimientos podrían suponer un cambio importante en los futuros objetivos de exploración de hidrocarburos", añade Stow, del Instituto de Ingeniería Petrolera de la Heriot Watt University de Edimburgo (Reino Unido).

Pero esta no fue la única conclusión a la que llegaron. De hecho, muchas de ellas se publicarán progresivamente en los próximos años, a medida que los científicos analicen los datos recabados durante los dos meses que duró la expedición. Así lo explicó a este periódico Francisco Javier Hernández, co-jefe también de este proyecto. "Las siete perforaciones se desarrollaron con absoluta normalidad y nos permitieron obtener un amplio registro de los sedimentos acumulados en la zona. Unos datos que, a su vez, sirven para conocer los cambios climáticos acontecidos en la zona durante los últimos seis millones de años", apunta el investigador, de origen gaditano y que ejerce actualmente como profesor en la Universidad de Vigo.

De esta forma, gracias a las pesquisas del equipo embarcado en el Joides Resolution, se logró también recabar información y "evidencias" del pulso tectónico existente en El Estrecho, donde colisionan la placa Euroasiática y la Africana. "Este choque ha producido fuertes terremotos y tsunamis, que generaron importantes flujos de masas arenosas al mar profundo", recalcaron desde la 339. "Hemos podido entender cómo El Estrecho actuó primeramente como una barrera y luego como pasillo oceánico", añadió Hernández.

Una evolución que, evidentemente, influyó en el clima de la zona. De hecho, el primer punto que se perforó -ubicado en el margen oeste de Portugal- se planificó con la finalidad de obtener el registro sedimentario más completo de los cambios climáticos que sucedieron en este área del planeta a lo largo del último millón y medio de años. Unos "testigos" que, según indicaron fuentes de la expedición científica, cubre cuatro de las Edades del Hielo de la Tierra más importantes. "Además, estos datos servirán para contrastarlos con los existentes en otros lugares del mundo, como Groenlandia o la Antártida", añadieron desde la 339.

Lo cierto es que, tal y como reconocieron los dos jefes de la iniciativa, la expedición resultó un verdadero éxito. "Obtuvimos respuesta a muchas de las cuestiones planteadas al inicio, pero también nos ha aportado resultados científicos totalmente inesperados", subraya Stow, quien resaltó que esta aventura también les permitió comprender mejor los rasgos que caracterizan a las contornitas. "Hemos validado, sin lugar a dudas, el paradigma que plantea este tipo de sedimentación", añade el experto de la Heriot Watt University.

A respecto de este hallazgo también se manifestó el profesor Hernández: "Descifrar el código climático de las contornitas será más difícil, puesto que reciben una amplia variedad de sedimentos de diferentes fuentes. Pero el potencial de la información que contienen puede ser, incluso, más significativo". Las muestras extraídas de estos depósitos servirán para describir con muchos detalles el nexo de unión entre los océanos y la evolución climática de El Estrecho.

La Expedición 339 partió el 17 de noviembre desde Ponta Delgada (Islas Azores) y arribó al puerto de Lisboa el pasado 17 de enero. Este proyecto se integró dentro del programa de perforación oceánica denominado IODP (Integrated Ocean Drilling Program, en sus siglas en inglés). Un plan científico internacional, que financian 24 países: entre ellos, España. El objetivo de éste pasa por explorar la estructura e historia del planeta a partir de los sedimentos de las cuencas marinas. En esta última ocasión, cinco investigadores españoles se embarcaron en el Joides Resolution. "Nunca antes habían coincidido tantos", concluyó Hernández.

17

7

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios