Corrupción en el fútbol La mugre de los fraudes ensucia la competición

Jugando a las trampas

  • Las sospechas de que el Hércules amañó su partido con el Córdoba se suma a otra larga lista de sospechas de sobornos que no tienen castigo · El fútbol andaluz está salpicado por buena parte de ellos

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Raúl Navas, el portero que defiende los colores del Córdoba, está ante una jugada más de su carrera. Tote, delantero del Hércules, dispara y él se come el balón. En la jugada no se ve nada. Repetida varias veces y con un titular de periódico delante -"Pagué cien mil euros al portero y en el gol de Tote se tiró para el otro lado"- parece otra cosa. Corre el minuto 8, Tote recibe un pase muy escorado, Navas cubre su palo y Tote decide tirar al palo del portero. Y sí, Navas se tira al lado contrario y deja descubierto su palo. El portero se indigna cuando dudan de su honradez, pero existe esa cinta en la que el presidente del Hércules, Enrique Ortiz, implicado en el caso Brugal, se jacta de haberlo comprado. El juez entiende que lo grabado en esa cinta no forma parte del motivo por el que se ordenaron las escuchas. Al contrario que en cualquier otra actividad, en el fútbol español el soborno no es delito. No hay caso.

¿Se compran partidos? A esta pregunta, la respuesta suele ser una cantinela: existen las primas a terceros por ganar, pero que te paguen por ganar... Curiosamente, de los equipos que podían haber tenido primas por ganar en la última jornada de Segunda División, no ganó ninguno. Todos perdieron. Un periodista de una de las ciudades implicadas en el descenso a Segunda B escuchó nítidamente en la antesala de los vestuarios esta frase: "No hay nada que hacer con el Cartagena". Pocos minutos después, el Cartagena, un equipo que había peleado por el ascenso, perdía 0-4 contra uno de los peores equipos de la campaña, el Albacete. ¿Se compran partidos? Al parecer, no. Jamás en España se ha castigado un amaño, algo que sí ha sucedido en todas las otras grandes ligas. ¿Entonces cómo es posible que en la última jornada de Segunda las casas de apuestas decidieran no incluir esos partidos en su oferta?

Un inversor de uno de los equipos andaluces que recientemente ha militado en Primera se incomoda al hablar del asunto: "A mí, cada final de temporada, me pedían dinero, pero yo no preguntaba, no sabía si era por ganar o perder. Lo daba y punto". Este inversor ya no está en el fútbol. "En su día tenía sentido invertir en fútbol porque entraban en juego los ayuntamientos y te ayudaban para conseguir terrenos o hacer una ciudad deportiva. No hay nada más importante para un político local que el equipo de fútbol, te puede hacer ganar unas elecciones. Ahora estamos en el fin de esa era, estamos ante la burbuja del fútbol. Nunca ha habido tantos clubes con tantas deudas. Muchos jugadores tienen dificultades para cobrar, no saben qué será de ellos. Si reciben un dinero extra por ganar..." O por perder. "O por perder, pero yo de eso no sé nada".

La última jornada de la temporada 2007-08 en Segunda pasaron muchas cosas extrañas y una de ellas trascendió: el presidente de la Real Sociedad, Iñaki Badiola, grabó una charla con un jugador del Tenerife que antes había militado en su equipo, el sevillano Jesuli, donde le decía que había cobrado 6.000 euros por dejarse ganar contra el Málaga, que finalmente ascendió, un ascenso que libró al club malagueño de la ruina. Jesuli no jugó ese partido, pero sembró la duda y, según la conversación, publicada en su día por El Mundo, cobró pese a estar lesionado: "Me quedé mal porque, bueno... y vas a decir ¿por qué lo cogiste? y digo, bueno, no lo voy a quemar tampoco". Aunque lo negó todo y dijo que había sido una broma, Jesuli, en su día gran promesa del Sevilla, acabó dos temporadas después jugando fútbol indoor. Fue el fin de su carrera.

Un antiguo directivo cuenta que "más que amaños, lo que hay son pactos entre caballeros. Al principio de temporada conoces el calendario y quizá la última jornada te toca contra un equipo con el que hay buenas relaciones con la directiva. En enero ya se ven cómo van las cosas y dices, mira, el último día si necesitas tú los puntos para ti y, si los necesito yo, para mí". Esto derivó en una curiosa circunstancia hace unas temporadas. En el penúltimo partido un equipo en riesgo de descender tenía que jugar contra un filial, que no se jugaba nada. Ese partido se daba por ganado y así se lo hicieron saber a los jugadores del equipo con el que tendrían que enfrentarse en la última jornada. Estos apostaron... y perdieron. El filial empató. En el último partido las directivas se habían recordado su pacto de caballeros y eso es importante para unos jugadores que han entrado en mala racha, era importante que supieran que los rivales no se iban a emplear a fondo. Pero no ocurrió eso, ni mucho menos. ¿Se cobraban la apuesta perdida? No hubo forma de ganar el partido y el 'pacto de caballeros' saltó por los aires. Manda el que juega.

Desde luego, el que no manda es el entrenador. Ocurrió en otro partido en el que el Poli Ejido se jugaba la permanencia. El entrenador rival vio tantas cosas raras que en el descanso amenazó a sus jugadores con que si no empezaban a jugar en serio revelaría sus sospechas al día siguiente montaría una rueda de prensa. El Poli no ganó.

Un ex jugador andaluz que ha estado muchos años en las dos divisiones nacionales reconoce que, al final de temporada, "en los vestuarios no se habla de otra cosa. Siempre se habla de primas por ganar, pero también he oído hablar de las otras, aunque a mí no me las han ofrecido. Eso, si se da, se trata con los capitanes o con los porteros. Los capitanes saben con quién pueden contar y con quién no, del mismo modo que el otro equipo sabe muy bien a quién tiene que cubrir, quién no está en el ajo. Un vestuario es muy complicado, cuantos menos estén en el asunto, más dinero se llevan. Si un capitán cree que lo puede hacer con sólo dos o tres compañeros, no dice nada a los demás". ¿Cómo se hace? "He escuchado de jugadores a los que ofrecían hasta 12.000 euros por realizar jugadas decisivas: hacer un penalti, comerse un fuera de juego..." Relata un partido muy sonado del que se habló mucho en los vestuarios: "Garantizaron que perderían contra un equipo muy inferior e hicieron de todo: entradas de roja, penaltis, agarrones, manos... pero el árbitro no pitó nada. Nada de nada. Era increíble. Naturalmente, había gato encerrado".

En algunos de los últimos ascensos de equipos andaluces se han visto hechos curiosos, pero no existen pruebas. ¿Qué es una prueba de un soborno? A un periodista local le dieron el soplo de que el equipo X marcaría el gol decisivo, el que le valdría el ascenso, en el minuto 59. Nada pasó en el minuto 59, pero sí en el 62, cuando uno de los centrocampistas más lentos de la categoría emprendió una galopada por la banda sin que nadie le saliera al paso. Aún en la ciudad se recuerda como un golazo, un gol histórico. Otro ascenso se saldó con una victoria visitante en el campo de su máximo rival en el que el único tiro del equipo local se produjo desde 50 metros cuando el jugador tenía una autopista al área.

De las grandes ligas, la española podría considerarse la más limpia. No tiene ningún gran caso. La Premier y los seguidores del Liverpool tienen el baldón del caso Grobelaar, portero sudafricano que defendió la meta de los reds en los 80. En un partido contra el Manchester Grabelaar salió a hombros, pese a haber encajado tres goles. En los últimos minutos, el portero había sacado una mano milagrosa que impidió la derrota. Poco después, el diario The Sun grabó con cámara oculta al portero lamentándose: "Me tiré hacia el otro lado y la pelota me dio en la jodida mano". Había perdido 120.000 euros. Llegó a ser juzgado, pero no condenado. La Bundesliga tiene su tramposo, un árbitro: Robert Hoyzer. Fue acusado de dejarse corromper a cambio de favores sexuales que proporcionaba un corredor de apuestas croata, Milan Sapina. Hoyzer lo admitió y se convirtió en testigo de la Fiscalía contra los árbitros alemanes. Pese a su colaboración, fue el único que acabó con sus huesos en la cárcel. Sapina dijo de Hoyzer que "no era el pez más grande del acuario". En Portugal, el presidente del Oporto, Pinto da Costa, padre deportivo de Mourinho, compró árbitros en toda Europa. Lo detallaba el periodista Marinho Neves en Golpe de estadio, un best-seller en Portugal. En Francia estaba Bernard Tapie, el aspirante a político que hizo campeón de Europa al Olympique de Marsella. Aquel gran Olympique fue un bluf. Otro intermediario croata, Ljbomir Barin, destapó la caja de los truenos al contar cómo se había creado una red que manipuló por completo aquella edición de la Copa de Europa. Y el Scudetto, donde se vivió el mayor escándalo. También tiene nombre: Lucciano Moggi, director deportivo de la Juventus entre 1994 y 2006. Sus relación con el capo del arbitraje italiano, Pierluigi Pairetto, que llegó a pitar la final de la Eurocopa entre Alemania y la República Checa, proporcionó árbitros favorables a la Juve para que pudiera ganar dos campeonatos. Pero también lo hizo con el Milan, la Fiorentina... el escándalo acabó con el descenso de la Juve, que fue desposeído de sus títulos.

Declan Hill es un periodista canadiense que ha investigado la relación del crimen organizado con el fútbol. El resultado es el libro Juego sucio, que se acaba de editar en España. Su mérito ha sido demostrar que el amaño de partidos ha llegado al Mundial. A través de sus contactos en las redes asiáticas de apuestas ha demostrado que, al menos un partido del Mundial 2006 de Alemania, el Ghana-Brasil de octavos, estaba amañado para que Brasil ganara por más de dos goles. "Si todo el mundo espera que perdáis, qué malo hay en que además os llevéis cada uno 30.000 dólares". Así sucedió. Ghana jugó una brillante fase de grupos y cayó por tres goles contra Brasil. Regresaron a su país como héroes. La investigación de Hill empieza con los intentos de las potencias emergentes asiáticas de crear grandes ligas: en China, en Singapur, en Corea del Sur... aquella experiencia empezó bien y acabó muy mal. Casi todos los partidos estaban arreglados. Los apostantes -en Asia apostar es una religión- dieron la espalda a su fútbol y se fijaron en las grandes ligas europeas, la Premier y la liga española. La mafias de las apuestas miran a Europa y son poderosas. Durante el Mundial de Sudáfrica, la Interpol desmanteló organizaciones de apuestas deportivas y detuvo a 5.000 personas, muchas de ellas en Singapur. Mientras esta operación se llevaba a cabo, la FIFA, a través de la policía creada por Platini, máximo responsable de la UEFA, recibió la información de que existía alto riesgo de que la selección nigeriana estuviera dispuesta a dejarse sobornar. Dice la FIFA que fueron seguidos con lupa todos los partidos y, curiosamente en Singapur, el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, afirmó que no se habían detectado movimientos extraños. El único movimiento extraño fue el enorme beneficio que pudieron sacar aquellos que apostaron por un resultado inverosímil, el 7 a cero que Portugal endosó a un equipo asiático, Corea del Norte, el más opaco de las participantes. Al regreso a Corea del Norte, los jugadores fueron castigados por el querido líder, el tenebroso Kin Jong Il, con doce horas de insultos ante un aforo de unas cuatrocientas personas.

En el libro de Hill apenas se mencionan equipos españoles. Sólo aparece el Atlético de Madrid para describir la figura de Jesús Gil, del que destaca su amistad con algunos mafiosos de Marbella. Jugadores rojiblancos han contado en alguna ocasión cómo el presidente les regalaba dinero que sacaba de los grandes fajos que llevaba en los bolsillos. La Operación Malaya, que destapó el mayor nido de corrupción hasta ahora conocido en un Ayuntamiento español, tuvo un apartado para el fútbol, al descubrirse que el principal implicado, Juan Antonio Roca, podría haber sido el comprador oculto del Xerez. Aunque este punto se acabó eliminando del sumario, quedaba detallado cómo a través de un bufete de Madrid se llevó la negociación. Ese bufete no negoció tanto con el propietario del Xerez, Luis Oliver, un empresario aragonés de seguridad al que Pedro Pacheco relacionó con la ultraderecha, sino con el propio Ayuntamiento, ya que el negocio no parecía ser un equipo de fútbol, sino terrenos urbanizables. Oliver irrumpió en el mundo del fútbol de sorpresa, pero con un nombre bajo el brazo, Bernd Schuster. Gil le facilitó el fichaje y, además, el cedió algunas perlas de la cantera colchonera. Oliver acaba de volver al mundo del fútbol para hacerse con el control del Betis.

Los portales de apuestas de internet, empresas muy potentes que son capaces de anunciarse en las camisetas de los equipos más poderosos del mundo, son los primeros en intentar erradicar las sospechas. No parece tan sencillo. Colaboran con la policía de la UEFA para detectar apuestas extrañas. Centrales de apuestas en Leganés avisaron en 2008 de un inusitado número de pronósticos con el resultado de cero a cero en el partido Rayo Valleano-Las Palmas. Fue la propia página web del equipo canario la que informó de que jugadores de ambos equipos habían apostado a ese resultado. Un ex jugador relata que algunas veces ha apostado: "Aposté por un cero a cero porque era un resultado que nos favorecía a los dos equipos. Otro compañero apostó 3.000 euros. Le dije que arriesgaba demasiado. Perdimos el dinero. El otro equipo jugó, para nuestra sorpresa, a meter un gol. Lo metieron y luego se relajaron. Acabó en empate, lo que nos servía a los dos, pero uno a uno. Luego empezó a salir eso de que también había árbitros que apostaban y pensé que era mejor no jugársela con esas cosas". Este periódico ha intentado hablar con varios árbitros, que han preferido no aparecer, ni siquiera de manera anónima, en este reportaje. Pese a la insistencia, afirman que no tienen nada que decir, que no saben nada de apuestas, amaños o favores de los equipos. Repiten una y otra vez que no han oído ni una palabra de eso.

España vivió la mayor alegría colectiva que se recuerda el pasado julio al ganar el Campeonato del Mundo. Una selección de chicos buenos y educados. Son héroes. Pero debajo de cada olimpo está el mundo real. "En el fútbol he visto de todo. La mayoría vive con la urgencia de encontrar otro equipo para la siguiente temporada y seguir viviendo como buenamente puedan. He visto vidas de chavales que se creen estrellas y llegan a veteranos asqueados de todo esto. El fútbol es lo que es, lo que no quiere decir que todo el mundo se venda, eso es una minoría como en cualquier otro trabajo", dice el ex jugador. El ex inversor dice otra frase críptica: "El fútbol es negocio. Y un negocio significa controlar los riesgos". En el bar de abajo el Marca es la Biblia. Hablan acaloradamente de Cesc, Canales y Ronaldo. Esos parroquianos viven para ese momento de tertulia. Un día y otro no hablan de otra cosa. El fútbol es su vida.

¿Qué sería de nosotros sin el fútbol?

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