Susana Díaz se hace crítica

  • La secretaria general admite el mayor error del PSOE: la diferencia del paro andaluz con España Apoyo masivo: un respaldo del 98,6% de los asistentes, aunque un punto menos que José Antonio Griñán en 2010 La líder anima a perder "el miedo" ante la autocrítica y pone en duda la efectividad de las ayudas a Andalucía

Susana Díaz se hace crítica

 La secretaria general admite el mayor error del PSOE: la diferencia del  paro andaluz con España Apoyo masivo: un respaldo del 98,6% de los asistentes, aunque un punto menos que José Antonio Griñán en 2010  La líder anima a perder "el miedo" ante la autocrítica y pone en duda la efectividad de las ayudas a Andalucía

¿Cómo es posible que el PP nos ganara las elecciones autonómicas del 25 de marzo de 2012, siendo un partido tan dañino con Andalucía? Esta pregunta ha estado rondando la cabeza de los críticos del PSOE andaluz desde esa noche en que conservaron el Gobierno, pero fueron vencidos por los populares de Javier Arenas. Claro, les pesaba la crisis económica que Zapatero no quiso ver ni supo controlar, pero también el paro endémico andaluz, la corrupción y la lejanía con las bases electorales del PSOE. Y la desunión y hasta la mala dirección del partido. Y hasta unas caras vistas desde hace 30 años. Todo esto lo hubiera contado un crítico, pero quien ayer lo clamó fue la nueva líder de los socialistas andaluces, Susana Díaz, que pronunció el discurso más crítico oído hasta hoy de un dirigente del PSOE. "Sí, perdimos las elecciones, y esto no puede ser un tema tabú", sintetizó la ya secretaria general del PSOE, quien añadió: "Siendo coherentes, no hay que tener miedo a reconocer que no todo lo hemos hecho bien".

La autocrítica se ha convertido, pues, en el mensaje de Susana Díaz, la sevillana de 39 años que ayer se convirtió en la secretaria general de su partido con el 98,6% de los votos. Sólo 10 de los 732 delegados se abstuvieron. Su fortaleza interna es tan sorprendente cómo el liderazgo fulgurante que ha conseguido en sólo cuatro meses al frente de la Presidencia de la Junta. El congreso extraordinario que el PSOE andaluz celebra desde ayer en Granada es en muchos sentidos extraordinario: por vez primera, una mujer que no asistió a las enseñanzas de la Transición lidera una organización que aspira a renovarse después de 30 años de gobierno ininterrumpidos en Andalucía y, por vez primera, llega con una potente autocrítica. ¿Real, fruto de la convicción, o estratégica? Si sólo es lo segundo, la ilusión les durará unos pocos meses; si es verdad, el PSOE cambiará mucho, y no sólo en Andalucía, porque lo que también parece claro es que la sevillana ha abierto una espita en todo el país.

El congreso es el de la euforia, sus dirigentes lo tildan de histórico, es el de Susana Díaz, es el de un amplio despliegue que no se recordaba en los cónclaves socialistas. Casi todo el palacio de Granada, inmenso, está ocupado por salas llenas, por delegados, invitados, inmensos carteles, platós de televisión, áreas wifi: si esto en es un congreso low cost, como lo definió el dirigente Mario Jiménez, es que el PSOE lo ha encargado a una tienda de chinos.

Todo en el liderazgo de Susana Díaz es excesivo: su candidatura la avaló el 29% de los delegados, incluidos los ocho secretarios provinciales, un 29% muy especial, porque para ser candidato a la secretaría general se necesita el 20% de los avales, pero nunca más del 30%. Todo, todo está medido.

Tal fue la crítica de Susana Díaz que se atrevió a reconocer la singularidad de las cifras de desempleo en Andalucía, siempre por encima de la media nacional. Y de lejos. "No podemos asumir que esto siempre sea así, no nos podemos permitir este diferencial de paro; reconozcámoslo y así hay que decírselo a los ciudadanos", señaló.

¿Qué le ha ofrecido Díaz a los socialistas para que todos, casi sin excepción, se hayan convertido al susanismo? Una esperanza, la de ganar elecciones, la de romper el historial de tres derrotas. De hecho, les anunció que en 2015 muchos de los delegados que se reúnen en Granada serán nuevos alcaldes y concejales después de las elecciones locales. Y aseguró, sin dudas, que volverán a ser la primera fuerza en las autonómicas, aunque les advirtió: "No es suficiente ganar elecciones". Deben, les advirtió, reconciliarse con esos sectores que apoyaron al PSOE, y hoy le son lejanos.

¿Sólo esperanza de victoria? No, les ha ofrecido un hecho: que la unidad es posible en un partido que, a pesar de sus victorias, lleva ocupado en luchas internas desde la Transición. "He hecho gestos, y voy a seguir haciéndolos", se refirió a los nombramientos de su Ejecutiva, una dirección integradora donde el símbolo ha sido la entrada de Micaela Navarro, musa y esperanza de los críticos y de los díscolos jienneses. "Como decimos en Triana, no se trata de hilvanar, sino de coser" el partido, recordó.

¿Y más? Pues que esta transición generacional se puede hacer de un modo tranquilo. Hay quien ha llegado a comparar este congreso con un Suresnes andaluz, con aquel cónclave en que unos jóvenes se hicieron con un PSOE histórico, pero en Francia no se celebró una reunión de integración, sino de victoria de unos sobre otros. Y por criticar, hasta realizó una advertencia que le costó a Griñán, su antecesor, un disgusto con Manuel Chaves. El exceso o el poco aprovechamiento de las ayudas y de la solidaridad que España y la Unión Europea han logrado en Andalucía. Sí, mantuvo que ese torrente de dinero debía ser aprovechado de un modo efectivo para que un día Andalucía dejarse de ser receptora de solidaridad para ofrecérsela a otras regiones. Ése y no otro sería el cambio andaluz.

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