Dos presos se escapan de Sevilla-I tras romper una ventana y saltar al tejado

  • Uno de los prófugos, apodado 'el Rafi', está considerado como muy peligroso · Los reclusos pudieron sortear el muro exterior de la cárcel sin que se activaran las alarmas y se marcharon en un coche

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Dos presos se fugaron ayer de la cárcel de Sevilla-I en una huida a través de los tejados de la prisión, a los que accedieron después de reventar una ventana forzándola con un somier. Uno de los internos huidos es Rafael Hidalgo Castro, el Rafi, de 28 años, considerado un preso especialmente peligroso y acusado de un crimen cometido en la localidad cordobesa de Bujalance en noviembre de 2008, además de contar con una condena de 7 años, 6 meses y 12 días en vigor por varios delitos de robos con fuerza. El otro recluso es un joven marroquí de 22 años, Mohamed Larbi Elimlami, que cumplía una condena de 3 años y 6 meses por un robo con violencia y estaba en situación de preventivo por otro robo.

Los dos internos eran compañeros de celda en el módulo 7 de la Unidad de Preventivos de la cárcel de Sevilla-I -que hasta hace un año era llamada Sevilla-II- y protagonizaron una fuga rocambolesca que no tiene precedentes en esta prisión desde hace más de 20 años. Ambos huyeron por la noche y su ausencia no fue descubierta hasta el recuento de las ocho de la mañana. En principio todo apunta a que los reclusos lograron retirar unos ladrillos de detrás del espejo del baño de la celda, que comunicaba con una estancia en la que se encuentran las tuberías y el cableado eléctrico.

Uno de los reclusos se coló por este hueco y logró forzar la puerta que hay en esta zona intermuros. De esta forma pudo salir a la galería del módulo y liberar a su compañero, que permanecía en la celda, tras forzar la cerradura de la puerta. Luego, los dos presos utilizaron un somier para forzar una ventana de la galería, menos resistente que la de la celda porque sus barrotes son de un material conocido como hierro dulce o forjado. Los presos consiguieron doblar los barrotes sin demasiado esfuerzo haciendo palanca con el somier y salieron por la ventana.

Desde ahí accedieron a un tejadillo y saltaron al tejado principal, por el que se movieron hasta llegar probablemente a la zona de cocinas, desde la que pudieron entrar en el campo de fútbol descolgándose con una manguera. A continuación saltaron el muro que separa la cárcel del exterior sin que fueran detectados ni por los funcionarios de prisiones ni por la Guardia Civil, que vigila el exterior de la prisión.

Una vez fuera, ganaron la zona de los aparcamientos de los funcionarios, situada junto al Centro de Internamiento Social (CIS) y la Unidad de Madres. Ahí lograron llegar hasta una pequeña carretera que sirve de acceso a estos dos centros penitenciarios ubicados junto a la prisión. Posiblemente en este punto los estuviera esperando alguien con un vehículo que les facilitara la huida.

Tanto Instituciones Penitenciarias como la Guardia Civil han iniciado sendas investigaciones, tanto para conocer con detalle lo ocurrido y por qué fallaron los sistemas de seguridad de la prisión como para tratar de encontrar a los dos prófugos. Para ello la Policía Científica entró ayer en la prisión para tomar huellas que puedan esclarecer del todo la forma en la que los internos salieron de la prisión. Mientras tanto, en el exterior se han reforzado los controles policiales y se ha extremado la vigilancia en torno a la cárcel.

Uno de los puntos que queda por averiguar es la hora a la que se produjo la fuga. Oficialmente se ha dejado constancia de que la ausencia de los dos internos no fue detectada hasta el recuento de las ocho de la mañana. Sin embargo, algunas fuentes apuntan a que en el módulo pudieron escucharse golpes y ruidos compatibles con las maniobras de los presos fugados desde las once de la noche del miércoles.

Todo apunta a que la fuga estaba muy bien planeada desde días atrás. Rafael Hidalgo recibió horas antes de escapar una visita y los funcionarios de la prisión le intervinieron esta misma semana un teléfono móvil. El aparato recibió ayer varios mensajes de texto, algo que los investigadores consideran un indicio de que los fugados contaron con ayuda externa.

Los dos reclusos se aprovecharon tanto de unas reformas que se están realizando en el módulo como de la intensa lluvia que cayó ayer en Sevilla, puesto que los tejados de la prisión son de chapa metálica y el ruido de la lluvia amortiguó el de los golpes con el somier y el de los pasos de los internos por los tejados y también les impidió ser vistos cuando saltaron el muro exterior del recinto.

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