"Me he librado de una buena"

  • Rocío, 14 años, última compañera del asesino de Marta, da por rotas las relaciones con quien convivió los últimos meses

El nombre de la calle no puede ser más oportuno. Camino del Monte. Todo es cuesta arriba en esta zona de Camas situada al otro lado de la carretera. En un primer piso de la calle Camino del Monte vivió sus últimos meses en libertad Miguel Carcaño Delgado, ex compañero sentimental y asesino confeso de Marta del Castillo.

"Empezó a salir con mi hija, era huérfano, vivía solo y, la verdad, nos dio pena". Soledad no quiere hablar con la prensa, pero desde el zaguán de su puerta atiende con corrección al periodista, mientras Rocío, su hija, de 14 años, aparece en escena para señalar su talle de chiquilla y decir: "¿Usted cree que yo estoy embarazada?". Es uno de los rumores que circulan por Camas, que desmiente categóricamente Soledad. "A mi hija no la ha tocado nadie", dice esta madre de cuatro hijos, esposa de Juan, empleado de la limpieza, con el que llegó a esta casa de la calle Camino del Monte hace un par de años.

La calle Camino del Monte es como un afluente de la principal arteria de esta zona del extrarradio, la calle Caño Ronco, que no tiene fin y se subdivide en Caño Ronco Bajo y Caño Ronco Alto, separadas por una hilera de cactus entre los que también buscaron a Marta y por un transformador de energía eléctrica al que los vecinos llaman castillo.

En el día de San Valentín, Rocío dio por terminada su historia de amor con Miguel. "Se acabó. "Creo que me he librado de una buena", dice ante la inminencia de lo que se sospechaba. En Camas, del efímero novio de Marta del Castillo apenas había noticias porque era un recién llegado. "Aquí no lo conoce nadie", dice Fernando, profesor de instituto que va por la calle Curro Romero. En la plaza del Ayuntamiento, Obdulia, de 79 años, y María del Mar, de 11, aseguran que llegaron a ver a Marta.

Como Miguel llevaba dos meses en Camas y sus anfitriones apenas dos años, la gente tiene nociones muy vagas. Alguien los situaba en la barriada La Extremeña, "pasando los Daneses". En el bar Cañal son de otra opinión. "No viven en La Extremeña, sino en la barriada de la Fuente". Así se llama la parroquia de la que arranca Caño Ronco, junto a una zona conocida como Estacada de la Cruz.

En todas las casas de Caño Ronco oyen la radio o ven la televisión en busca de noticias. "Marta vino en verano por aquí y fue al bar Pepito a pedir trabajo", comenta una vecina. Unos caballos andaluces trotan sobre un prado inverosímil, perteneciente a la llamada Hacienda La Zarzuela.

Cada bar es un periódico y cada casa un telediario. Anuncian para el próximo sábado fiesta de Carnaval en la plaza Nuestra Señora de los Dolores. "Nosotros sabemos lo que dice la prensa", dice uno de los cuatro integrantes del retén de la Policía Local de Camas. "Hemos participado en tareas de búsqueda, pero hasta el río, que es donde la están buscando, es competencia de Sevilla".

Cada sirena de ambulancia o de coche celular de la Policía saca a los parroquianos de los bares. En la puerta del colegio Juan Rodríguez Berrocal hay una foto de Marta. En el Bar Hermanos Luna, el dueño prepara un chorizo al infierno. Bajan la voz, del griterío al susurro, cuando el interlocutor se presenta como periodista.

Han cortado la Vía Verde. En la calle Camino del Monte hay farolillos de colores en la calle con las palabras Feliz Cumpleaños. "Es por un niño de esa casa", dice María, 17 años, los mismos que Marta, en estos derroteros de Caño Ronco, último refugio del asesino.

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