El poder de la persuasión

  • El asesino confeso convenció a tres personas para que lo ayudaran en la desaparición del cadáver

Comentarios 7

Ejercer de líder hasta las últimas consecuencias. El crimen de Marta del Castillo, presuntamente asesinada por Miguel Carcaño el 24 de enero, ha levantado un debate sobre la capacidad de un joven de 20 años para implicar a tres personas en un asesinato. Someterse a sus directrices supone una obediencia que va más allá de la amistad, puesto que el resto de sujetos se arriesgan desde el primer momento a que el peso de la ley recaiga sobre ellos. ¿Qué mecanismos utiliza un líder para que todos le secunden? Una pregunta que la sociedad se plantea con este caso y para la que existe un abanico de estudios que determinan las condiciones que debe poseer un individuo para erigirse en jefe de una pandilla.

El psiquiatra Jaime Rodríguez Sánchez, catedrático de Psiquiatría Infantil y presidente de la Academia de Medicina, ha realizado diversos estudios sobre la formación de estas bandas de adolescentes y los distintos roles que desempeñan sus integrantes. El personaje más destacado es, obviamente, el cabecilla, papel que en este caso ostenta Miguel, el asesino confeso de Marta. Las características de una persona para convertirse en jefe de sus amigos pasan por el hecho de que el resto de componentes de la pandilla lo consideren superior al resto. En este aspecto, hay que subrayar que dos de los tres detenidos eran menores que él, pero que uno de ellos -su hermano- era mayor, por lo que la edad no avala su superioridad, sino que se trata de una cuestión de carácter, del que el sujeto ha tenido que hacer gala durante cierto tiempo para destacar del resto. A partir de este momento, se pone en funcionamiento lo que en psiquiatría se conoce como "dinámica de grupo", es decir, los integrantes de la pandilla le otorgan un papel diferenciador que ya supone cierta sumisión.

La segunda condición para convertirse en líder es la concentración en esa persona de los valores que identifican a un grupo. Es decir, el cabecilla debe ser ejemplo de lo que anhela conseguir el resto de amigos. En este caso, la sociedad juega un papel muy importante. Los adolescentes de hoy admiran ciertos aspectos que antes eran repudiados, pero que debido a la influencias de diversos factores -entre ellos la televisión- pueden convertirse en positivos. Aquí el nivel cultural es determinante. No obstante, Jaime Rodríguez especifica que un líder no tiene por qué proceder siempre de una familia desarraigada, sino que cada jefe responde a las expectativas de una clase social. Su poder es el mismo, si bien a mayor marginalidad, mayor proliferación de cabecillas y más se evidencia su supremacía.

La tercera condición para ser líder es la capacidad de persuasión. Este factor es clave para explicar las conductas de los imputados en el crimen de Marta, aunque aquí también entra en juego otro condicionante que contribuyó a que se cumplieran los planes de Miguel: el temor a una circunstancia inesperada. El asesino confeso logra que dos amigos y su hermano se involucren en el asesinato que acaba de cometer sin que ninguno de ellos desvele nada a la Policía y acaten sus órdenes. ¿Por qué su hermano, Samuel y un menor se convierten en súbditos? La explicación de Jaime Rodríguez se basa en la inseguridad que muestran estos implicados, una carencia que aprovecha Miguel para que se ejecute su plan. El líder es el único que aparenta controlar la situación -sólo lo parece- y en ese momento el resto del grupo deposita en él su confianza. Es cuando el teórico líder demuestra su poder, si bien es cierto que este acatamiento también está motivado por el miedo del resto, el temor a un castigo del jefe -ya sea físico o de desprecio por falta de "valentía"- y a la situación inesperada.

En la escena del crimen también se activan los otros roles de la pandilla. Además del líder interviene el transmisor, un rol desempeñado por Samuel, que sería la mano derecha del cabecilla del grupo, su persona de confianza y a quien Miguel da a conocer sus planes para que se encargue de poner los medios para llevarlos a la práctica. El menor detenido haría las funciones del aspirante que quiere ganarse la confianza del líder y quien, pese a su diferencia de edad, demuestra que está capacitado para desenvolverse en estas situaciones. El resto, su hermano y las otras personas que pudieran verse implicados, constituyen lo que se conoce como el pelotón del grupo, que conforman una base homogénea que admiten las directrices sin plantearse su conveniencia. En el estrato inferior se sitúan las las personas cuyas cualidades están en el polo opuesto de los valores que representa el líder. Este subgrupo lo conformarían, principalmente, las chicas con las que se relacionan, a las que los integrantes -dentro de una ideología machista- les otorgan un papel sumiso y sin poder decisorio. Aquí se encontraría, en teoría, la propia víctima: Marta.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios