Una productora recluta a estudiantes para películas porno en el campus de Málaga

  • Los alumnos creen que los anunciantes se aprovechan de las dificultades para pagar la matrícula

Trescientos euros por escena sexual. Es el incentivo que una empresa que se publicita en Málaga ofrece a jóvenes de entre 18 y 30 años que estén dispuestas a desnudarse ante las cámaras y a trabajar sin escrúpulos en el cuerpo a cuerpo con desconocidos. Después, deben dar su consentimiento para que miles o incluso millones de aficionados al porno amateur puedan disfrutar a través de internet de las imágenes que han sido grabadas. Pese a lo arriesgado de la propuesta, plasmada en varios carteles publicitarios que desde hace varias semanas empapelan la zona del campus de Teatinos, el éxito está siendo notable, lo que ha desatado el rechazo de las asociaciones de estudiantes de la Universidad de Málaga, como ya publicó la revista digital La Taberna Global.

"Aunque el cartel no se dirija como tal a los alumnos, la Universidad es una cantera de jóvenes necesitados y da mucha pena que se utilice la difícil situación que estos atraviesan para hacer negocio", explicó ayer a este periódico Ibrahim Ginés, portavoz del Consejo de Estudiantes de la UMA, que se lamenta de que algunos se vean "obligados a venderse de esa manera por no poder pagar su matrícula".

Antes de proceder a la ejecución del vídeo es necesario, según ha podido saber este periódico, firmar un contrato que da derecho a la libre difusión de las imágenes. La primera toma de contacto entre las jóvenes amateur y la cámara llega con una grabación en la que éstas, DNI en mano, consienten la realización de prácticas sexuales. También deben presentar una analítica de sangre que permita descartar enfermedades venéreas, puesto que los actores no utilizan ningún método anticonceptivo.

En este sentido, la coordinadora del Centro de Orientación Sexual para Jóvenes de Málaga, María Jesús Alonso, recalcó que cualquier persona mayor de edad es libre de llevar a cabo este tipo de prácticas, aunque resulte "reprobable" que alguien se sienta "obligado a tener que vender su cuerpo para conseguir dinero". En lo que a sexualidad se refiere, el riesgo, destacó, estriba en la protección que se utilice durante el acto. "En las películas pornográficas, sí se usa preservativo y los actores se someten a más controles que cualquier chico de la calle. La firma del contrato no exige trabajar sin condón, a no ser que así se le imponga", apostilló la especialista.

A las actrices, en el caso de la productora en cuestión, no se les insta a llevar tacones ni minifaldas, pero sí al menos a usar ropa interior provocativa y demostrar cierto desparpajo que poco tiene que ver con el estereotipo monosilábico de estrella porno. Al finalizar la sesión, el pago se hace en efectivo, ya que la política de la empresa es que "todo lo que se graba se paga en el momento" y, posteriormente, se comercializa a través de internet. En el caso de los hombres, "que ya están seleccionados" y, por tanto, "no hay hueco para ellos", la remuneración es menor.

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