El 'sheriff' solitario

  • En el pequeño pueblo gaditano de Benaocaz, donde no hay ningún policía desde hace seis años, se produjo esta semana un hecho insólito: un atraco

Bernardo Caro posa apoyando su bonachona humanidad sobre el capó del coche de la Policía Local de Benaocaz, una pequeña población de la sierra de Cádiz con poco más de 700 habitantes. El vehículo tiene la pintura azul oxidada. Convenimos que la foto tiene su gracia: Bernardo, el policía municipal de Benaocaz durante casi tres décadas, se jubiló hace seis años y, desde entonces, Benaocaz tiene coche de la policía municipal pero no tiene Policía Municipal.

No es que en Benaocaz haya un clamor por la ausencia de policía. Se apañan bien sin autoridad. Pero el hecho trascendió cuando en esta localidad, el pasado martes, sucedió algo insólito: un atraco. Dos encapuchados asaltaron la sucursal bancaria, situada a veinte metros del Ayuntamiento y a menos de treinta del coche abandonado de la Policía. Bernardo no había visto una cosa igual : "Aquí, lo más, algún choricete. En este pueblo nadie roba a nadie. Puedes dejar el coche abierto por la noche que nadie se va a llevar nada. Mientras no venga gente de fuera a dar por saco... pero lo del atraco... Lo mismo sabían que aquí no hay policías", supone mientras compartimos un café en el bar de la plaza del pueblo, cuyos ventanales se abren a una inmensidad rocosa, que es donde se pierde el gigantesco término municipal del minúsculo pueblo. Bernardo se enorgullece de no haber utilizado nunca la porra. "¿Y la pistola?". "Si yo la pistola me la dejaba en casa".

Juan María Mangada, el alcalde de Benaocaz, está tan sorprendido como el resto de los vecinos. "Con Policía o sin Policía, los atracadores atracan. Nos tocó a nosotros, qué le vamos a hacer". Sin embargo, reconoce que no tener policía no es normal. "Bernardo se jubiló y, entre que no había liquidez y que hubo una moción de censura... En fin, que no se convocó la plaza". Ahora se ha hecho, pero como hay que ahorrar cada céntimo, en vez de sacar una plaza de policía municipal se ha convocado la de vigilante, que no es lo mismo, pero casi. "Un vigilante no puede perseguir delitos, pero aquí casi no hay delitos. De lo que se trata es de contar con una autoridad, tener alguien a quien recurrir, no sé, en una disputa familiar... alguien en la calle a quien dirigirte".

"Me figuro que eres un poco como el sheriff , como el Gary Cooper de Solo ante el peligro. La gente del pueblo te confía su protección, pero tú estás solo...". Antonio Benítez escucha mi divagación divertido en su despacho, en una esquinita de la entrada del coqueto ayuntamiento de Villaluenga, una población entre peñascos de 500 almas situada cinco kilómetros al norte de Benaocaz .

Antonio es el único policía local del pueblo y lo de Antonio es un decir "porque yo perdí el nombre hace 28 años, cuando me nombraron. Desde entonces no soy Antonio, soy el Muni". "¿Y lo de Gary Cooper?". "Hombre, solo no estoy. Aquí hay 500 policías municipales. Cada uno de los vecinos. Yo moriría por ellos y yo creo que ellos morirían por mí si es que nos ponemos en el lenguaje del Oeste, pero no creo que haya que llegar a esos extremos".

Le pido que me cuente su rutina. Y resulta que hace infinidad de cosas. Abre y cierra el ayuntamiento, controla los permisos de la venta ambulante, patrulla el perímetro del pueblo, se encarga de tasas e impuestos porque "en un ayuntamiento como éste todos estamos para todo", instruye a los mayores para evitar timos de gente que viene de fuera y recibe llamadas de los vecinos -"todos tienen mi móvil"- si ven algo extraño. Los fines de semana son más ajetreados. El pueblo se llena de turistas que aparcan donde les place. "Oh, pensaba que por esta calle no pasaba nadie", le dicen. Y él contesta: "No, esta calle estaba hecha expresamente para que usted viniera un día". Cada cierto tiempo, Villaluenga, con una preciosa plaza de toros centenaria, celebra eventos que multiplican por veinte su población, como fue el caso, por ejemplo, de un concierto de Alejandro Sanz al que acudieron 18.000 personas. "Figúrese". El es el encargado de coordinar la llegada de refuerzos de policías de otras localidades en situaciones como esa. Sí, a veces existe el estrés.

En una carpeta guarda diplomas de los cursos a los que acude anualmente sobre cosas que no parece que vaya a tener que aplicar nunca en este paradisiaco lugar: balística, persecución de delincuentes. Otros sí, como los primeros auxilios. Los excursionistas se pierden, se tropiezan, se caen. Es una constante. Pocas personas conocen mejor el terreno que Antonio.

En la crónica de este pueblo el Muni tiene un papel nuclear y le pregunto si nunca se ha arrepentido de quedarse encerrado en este pueblo y, lo quiera él o no, duda. Recuerda aquella oportunidad de irse a Sevilla, de ser un policía local en la vorágine donde podría aplicar todo lo que sus diplomas acreditan. Dijo no. Pero rápidamente cambia el semblante y recuerda que "para nosotros las distancias no son como para ustedes, los de la ciudad. Nosotros cogemos el coche y todo nos parece cerca. Está internet. No vivo aislado del mundo".

Da la sensación que a Bernardo eso nunca le importó. "Benaocaz era mi término y mi mundo. Y yo lo conocía palmo a palmo. Una vez se perdieron 80 excursionistas ¡80! en el puerto del Boyar y yo dije a la comandancia de la Guardia Civil os llamo en una hora. En menos de una hora ya los había localizado".

Bernardo nunca pensó en ser policía. Hizo la mili y, al regreso, le ofrecieron ser el basurero, pero como había poca basura que recoger mataba el tiempo arreglando papeles en el Ayuntamiento. Cuando salió la plaza, se la llevó de calle. Como tenía el reluciente coche que ahora se oxida, hacía todos los trámites y en la Diputación le llamaban el alcalde de Benaocaz.

En una ocasión se partió un tobillo en el rescate de un senderista y fue trasladado a Cádiz. Mientras esperaba, llegó un grupo de policías magullados que habían sido atropellados por unos maleantes en su huida. "Y yo, mientras me lo contaban, pensaba que no sería policía local en una gran ciudad ni loco". Porque Bernardo es un hombre tranquilo que, insiste, jamás usó la porra.

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