28-F · Día de Andalucía

El último 28-F antes del 22-M

  • El gran reto de Susana Díaz en esta campaña electoral no va a ser ganar, sino conseguir una victoria que conjure la inestabilidad o una alianza que permita gobernar con tranquilidad.

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"Toda sociedad que no gestione la pluralidad está condenada al fracaso". Es posible que la presidenta de la Junta, Susana Díaz, no estuviera pensando en ese tipo de pluralidad ayer, cuando pronunció esta frase en el Teatro de la Maestranza durante la entrega de las medallas de Andalucía, pero si gana las elecciones del 22 de marzo, como así indican todas las encuestas, será ella quien tenga que gestionar una "pluralidad" nunca vista en el Parlamento autonómico, una división de fuerzas que amenaza con perjudicar la gobernabilidad de la comunidad. El PSOE se ha lanzado a una campaña electoral -comienza el próximo jueves- en la que no sólo necesita una victoria, sino una mayoría adecuada para formar lo que Susana Díaz llama "un Gobierno sólido". 

La tesis oficial de la presidenta es que no desea pactar con nadie, que no se repetirá una coalición de partidos en la Junta, pero los sondeos muestran que el PSOE necesitará apoyos en el Parlamento. Las encuestas conocidas en el día de ayer apuntan a una mayoría socialista, a un descenso del PP y a la irrupción de dos partidos, Podemos y Ciudadanos, que compiten con Izquierda Unida. Aunque parezca raro, ése es el temor del PSOE: que IU se diluya como el azúcar en el vino, que se esfume. Ahora tiene doce parlamentarios y es posible que ya no tenga opciones en tres provincias andaluzas. Sin haberlo confesado, los socialistas pensaban que un buen resultado, de 50 a 52 escaños, a tres de la mayoría absoluta, se podía haber compensado con los parlamentarios de IU. Si no reeditar el pacto de izquierdas, sí reimprimirlo, aunque fuese con otro nombre, pero IU se hunde, tal como dice Susana Díaz, tiene "un boquete electoral". Éste es el panorama que dibujó este 28-F, este Día de Andalucía, un escenario inédito en la Cámara andaluza. 

Susana Díaz y el presidente saliente del Parlamento, Manuel Gracia, entregaron las medallas de Andalucía en un acto en el que no asistieron ni el candidato del PP, Juan Manuel Moreno, ni el de IU, Antonio Maíllo. Lo del PP es habitual; a excepción de Juan Ignacio Zoido, que fue presidente del partido durante algo más de un año, ninguno de sus líderes ha ido a estos actos. E IU tampoco desde que salió del Gobierno de la Junta. Sí estuvieron, sin embargo, en la izada de bandera en el Parlamento andaluz, y después marcharon a seguir con la campaña. Maíllo lideró una manifestación en Sevilla por el 28-F y Moreno participó en un acto en recuerdo de Blas Infante, asesinado en la Guerra Civil a las entonces afueras de esta ciudad. 

A la vista de las encuestas, las que se conocieron ayer y las de días anteriores, hoy también se publicarán algunas, IU es la fuerza más perjudicada, Podemos la arrastra, pero Ciudadanos comienza a morder al PP. Uno de sus antiguos dirigentes mantenía ayer, antes este medio, que el escenario dibuja una repetición de las elecciones porque será imposible elegir presidente y formar Gobierno. Esa carta de la inestabilidad es, precisamente, la que va a utilizar el PSOE de Susana Díaz: va a pedir el voto a todos para formar un Ejecutivo "fuerte y sólido", "libre" de los intereses de cada coalición. En la dirección socialista van lanzados, creen que superarán en votos el número que obtuvieron en 2012, que fue del millón y medio de electores, aunque el reparto final de escaños dependerá mucho de los restos en cada provincia. Esa noche, la del 22-M, medio Parlamento va a bailar hasta el final. 

La mayoría absoluta se encuentra en los 55 escaños. Si el PSOE rebasa la frontera de los 50, son posibles acuerdos de legislatura, o de coalición incluso, con algún partido pequeño. El resultado, aunque insuficiente, impondrá un respeto. Ahora bien, por debajo de los 47 empezamos a entrar en el terreno de la inestabilidad. O de la gestión de la pluralidad. En otros parlamentos de otros países no son ninguna tragedia los gobiernos a dos o a tres, incluso entre fuerzas aparentemente diferentes. Alemania es un ejemplo, los conservadores y los socialdemócratas pactan, y cada uno de ellos con los ecologistas de Los Verdes. Al día de hoy, dos partidos, el PP y Podemos, ya han indicado que, en caso de necesitarlos, podrían dar sus apoyos a la candidata del PSOE para que, al menos, fuese elegida presidenta. En la sesión de investidura, el presidente necesita, al menos, más síes que noes, una mayoría simple, que sólo se dará si alguno de los otros partidos se abstiene. Y es posible. Podrían dar su apoyo al candidato para que comience a gobernar y después esperar al resultado de las elecciones municipales del mes de mayo. En los ayuntamientos se van a necesitar muchos pactos que propiciarían el acuerdo postrero en el Parlamento. 

No obstante, los planes de Susana Díaz no pasan por esta situación, sino por la del Gobierno en solitario. El mapa electoral se está recomponiendo con mucha velocidad. Si hace un mes se suponía que eran los dos partidos tradicionales de la izquierda, PSOE e IU, quienes estaban afectados por la irrupción de Podemos, ahora el PP también comienza a quedar dañado por el efecto de Ciudadanos, una formación que estaría bebiendo sólo de los caladeros populares.

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