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"Enseguida vi que era un 'thriller' especial que podía convertirse en una película muy entretenida"

  • Daniel Calparsoro dirige a Raúl Arévalo, Aura Garrido y Belén Cuesta en 'El aviso'

De izquierda a derecha, Raúl Arévalo, Aura Garrido, Daniel  Calparsoro  y Belén Cuesta.

De izquierda a derecha, Raúl Arévalo, Aura Garrido, Daniel Calparsoro y Belén Cuesta. / Efe

Daniel Calparsoro estrena El aviso, un largometraje de trasfondo sobrenatural y fantástico que plantea la existencia de universos paralelos. Un reto, reconoce el director, tan atractivo como complicado, que habla, sobre todo, de la comunicación.

Basada en la novela del mismo título del escritor y guionista madrileño Paul Pen, el guion es obra de Jorge Guerricaechevarría, Chris Sparling y Patxi Amezcua, comandados por Calparsoro.

"Enseguida vi que era un thriller especial que podía convertirse en una película muy entretenida, con mucho punto, y que además tenía contenido, porque, al final -apunta-, de lo que habla es de cómo un hombre consigue comunicarse con un niño que vive en otra época para salvarle la vida".

La historia une a personajes de años diferentes a través de crímenes ocurridos en un mismo lugar, de los que el espectador tiene noticia una vez que el protagonista del presente, el niño Nico (Hugo Arbues), recibe un aviso de que va a morir inexorablemente el día de su octavo cumpleaños.

Así arranca una película de intriga plagada de flashbacks, que Calparsoro (Barcelona, 1968) define como "un 'thriller' con carga emocional que se ha trabajado desde los personajes: no es una película sobre lo que les pasa -explica-, sino un entramado para dar vida a la historia que hay por debajo, que es la incomunicación. Aquí hay intriga añadida a la novela: es un hombre que quiere salvar a un niño y que, de alguna manera, al hacerlo, se salva a sí mismo".

Ese hombre es Jon, el personaje de Raúl Arévalo, "un matemático con brotes sicóticos, medicado, con una exnovia que se va a casar con su mejor amigo y que, a partir de un tiroteo en una gasolinera en el que hieren gravemente a su amigo, empieza a ver vinculaciones entre los números que rodean los hechos que acaban de ocurrir con otros del pasado, que guardan serias coincidencias".

El actor, que regresa a la actuación tras su brillante debut en la dirección, Tarde para la ira, explica que el guion "lo contiene todo" y, de Daniel, valora que "tiene muy clara la pauta, no se enrolla".

Sin que su sentimiento hacia Calparsoro, que debutó en 1995 con Salto al vacío, llegue a la envidia, "porque él tiene mucha más experiencia", se ríe Arévalo, sí reconoce su admiración "por esa claridad y efectividad" con la que dirige. "Por mucho que tú como actor quieras currártelo, ese in crescendo que vive mi personaje, cuando deja de tomarse las pastillas y cómo empieza a sentirse, es muy difícil de hacer bien si no está escrito y aquí está muy bien contado", desvela el ganador de dos Goya, seis veces nominado.

Para Calparsoro, se trata de "una película muy viva y emocionante" y acepta su hilván con cintas como Una mente maravillosa (Ron Howard, 2001) o El sexto sentido (M. Night Shyamalan, 1999). Destaca, además, el director, cuya última cinta Cien años de perdón (2016) tenía un reparto con mayoría de papeles para hombres, lo que él denomina "componente femenino" de la película.

Ellas son Aura Garrido, la madre del niño abocado a un final terrible, al que defiende con uñas y dientes, que la catalana ha construido a partir de personas reales y revisando el trabajo de Penélope Cruz en Volver, por "el instinto de protección", dice.

También Belén Cuesta, que destaca en su debut en una película de intriga. "Mi personaje está en un momento de pérdida, de miedo a perder no sólo a su pareja y a su mejor amigo, de desmoronamiento. Y tiene mucho dolor y se compenetra con el miedo de Aura".

Ambas actrices celebran la fuerza de sus personajes, alejadas de los prototipos, pero "con profundidad" y contadas "no sólo desde el punto de vista masculino". "Es un thriller, pero no gira en torno a investigadores, sino que son personas normales que van resolviendo sus retos como pueden, con vidas cotidianas y más corazón que cerebro", remata Garrido.

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