Crítica de Cine

Fascinante duelo entre Maria, la mujer, y la Callas, la diva

La soprano Maria Callas, en una imagen del documental. La soprano Maria Callas, en una imagen del documental.

La soprano Maria Callas, en una imagen del documental. / d. s.

Esta hija de emigrantes griegos nacida en Nueva York en 1923, vuelta a Grecia con su madre tras la separación de sus padres cuando contaba 14 años, formada en el conservatorio de Atenas, que conoció sus primeros éxitos en la ópera de Atenas en 1942 y se consagró en 1947 interpretando Tristán e Isolda en La Fenice de Venecia tras fijar su residencia en Italia. A partir de la temporada 1948-49 era ya una diva admirada que pasó a ser idolatrada tras su consagración en el altar de La Scala de Milán en 1951 con su interpretación de Aida. Esta es la historia del éxito sobre los escenarios de la que fue llamada La Divina. Tras ella está la historia de una mujer sorprendentemente fuerte y débil e inteligente y torpe en la gestión emocional de su vida. No sólo por las difíciles relaciones con su dominante madre o con su posesivo primer esposo. El inmenso error de su amor nunca del todo correspondido con su misma pasión y lealtad con Onassis desde 1959 y entregarse a una intensa vida social que convirtió a la pareja en carne de paparazzi fue minando su personalidad, su físico y su voz. Ella perseveró, en parte por su fuerte voluntad y en parte por la presión de quienes la explotaban, protagonizando algún doloroso fracaso que le valió ser linchada con el mismo entusiasmo con que fue aplaudida. En 1965 interpretó su última ópera en Covent Garden y se retiró. Tenía 42 años. Tres años más tarde Onassis la abandonó por la viuda de Kennedy y Callas cayó en una depresión de la que nunca se recuperó. Sólo brilló en su extraordinaria interpretación dramática para Pasolini en Medea. La vida amorosa tras los escenarios acabó con el genio de la cantante que deslumbraba sobre ellos. Entre 1973 y 1974 protagonizó una desdichada gira de conciertos. Tras ellos enmudeció. Falleció en París en 1977 con sólo 53 años, estragada por los barbitúricos. Como suele suceder, tras su muerte sus desventuras robustecieron su leyenda.

El cine se ha ocupado de ella a través de documentales (Maria Callas Portrait y Callas walking Lucia de Schroeter, Maria Callas de Terki, Maria Callas at Covent Garden de Zeffirelli) y biopics (Callas forever de Zeffirelli, en la que Fanny Ardant interpretaba a la diva). Ahora llega el mejor documental realizado sobre ella. Está dirigido por el actor y director debutante Tom Volf con tanta inteligencia como sensibilidad y eficacia divulgativa. Es una obra llena de creatividad que recurre sin seguir un orden cronológico a fuentes documentales grabadas (entrevistas, actuaciones) y escritas (sus cartas a las que pone voz la misma Fanny Ardant que fue Callas para Zeffirelli) además de desconocidas imágenes privadas de filmaciones domésticas o robadas por los paparazzi. Para los cinéfilos tienen especial interés las que se refieren a su trabajo operístico con Visconti o al cinematográfico con Pasolini (de las que se hubieran agradecido más: el amor imposible de Callas por Pasolini). La película equilibra perfectamente esas dos Callas de las que hemos hablado: la pública de la diva de los escenarios -es innecesario decir que cuando canta el documental alcanza sus cumbres de emoción- y la privada de la mujer que pocas veces fue feliz. E incluso una tercera Callas, la más trágica porque es la que voluntaria o involuntariamente vio su vida personal convertida cruelmente en espectáculo para la prensa sensacionalista en los escenarios de los tabloides, la televisión y las revistas. Sin descuidar lo que su figura representó para la ópera desde un punto de vista estrictamente musical. Ni olvidar la conocida crueldad del selecto público operístico que encumbra, lincha y vuelve a encumbrar a sus ídolos como si fueran sus juguetes.

Volf refleja perfectamente el triunfo y el declive de la genial cantante que fue víctima de la mujer más bien convencional o normal que intentó desesperadamente ser sin lograrlo a causa de su entorno, desde su madre a su marido y su amante. O de la mujer que fue víctima de la cantante idolatrada.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios