Pensar el cine (de) hoy

  • Àngel Quintana traza en un espléndido ensayo los caminos, mutaciones y derivas del cine contemporáneo en la era digital.

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Después del cine. Imagen y realidad en la era digital. Àngel Quintana. El Acantilado. Barcelona. 224 páginas. 20 euros.

Profesor de Historia y Teoría del Cine en la Universidad de Gerona, coordinador y crítico habitual de la revista Cahiers du cinéma-España, ahora Caimán-Cuadernos de cine, Àngel Quintana es uno de nuestros mejores y más lúcidos pensadores cinematográficos, teórico de estirpe baziniana, gran estudioso de la estética realista (ahí están sus monografías sobre Renoir, Rossellini y Fellini, su libro sobre el cine italiano de posguerra o su ensayo de referencia, Fábulas de lo visible) que ha entendido como pocos las transformaciones que se han producido en el cine contemporáneo como consecuencia de su entrada en la era digital.

Es precisamente el realismo, concepto clave para entender la reformulación teórica del cine a partir de la modernidad, el elemento vertebrador (en sus diferentes mutaciones y reformulaciones) de este ensayo que prolonga y actualiza algunas de las ideas que ya estaban presentes en su libro Virtuel?, editado en Francia en 2008, de cuyas páginas nacen los principales vectores de este Después del cine destinado a ocupar un lugar central en los estudios cinematográficos y en las estanterías más selectas de la divulgación ensayística sobre estética de la imagen.

El editorial recientemente publicado por Quintana en Caimán bien podría sintetizar su línea de pensamiento, que entiende la pérdida de centralidad del cine en la esfera del audiovisual no tanto como una tragedia ("la crítica no debe refugiarse ni en la nostalgia estéril, ni en la melancolía enfermiza en torno a una arcadia perdida llamada cine clásico"), sino como la consecuencia lógica de un cambio de paradigma en la conformación, la circulación y el consumo de las imágenes que nos lleva a la necesidad de repensar viejos conceptos para actualizarlos a la luz de la convivencia entre la producción de blockbusters, nuevo buque insignia del cine industrial y cada día más cerca de la animación, los nuevos formatos, pequeños, ligeros y accesibles, nacidos de la democratización de las tecnologías con una voluntad de documentar el mundo, la era Youtube o las redes sociales de la web 2.0., "que han convertido nuestra intimidad en una forma de espectáculo en el que lo importante no es ya la relación que las imágenes guardan con el recuerdo o la ausencia, sino el modo en como estas imágenes exhiben nuestra propia existencia e intentan convertir nuestra mediocridad en relato". Concluye Quintana: "el nuevo compromiso ya no está en las viejas batallas que convirtieron la crítica en un circo romano del gusto, sino en levantar acta de lo que está ocurriendo para convertir el pensamiento cinematográfico en testimonio de un mundo en transformación".

Conceptos como atracción, atención, reproducción, representación, imagen, realidad, simulación o posproducción articulan un trayecto, puesto al día con ejemplos muy recientes, que hace dialogar el cine de los orígenes con el presente (con el análisis de las imágenes no-oficiales producidas en las recientes primaveras árabes) en un recorrido transversal que ayuda a entenderlo no como un ente biológico cuyo esplendor ya pasó, sino como una expresión cultural y artística viva que asimila y proyecta su tiempo con unas herramientas y un lenguaje que nacen de su propia condición tecnológica.

Pensar la diversidad, las derivas, simbiosis, desplazamientos y fugas del cine contemporáneo y su lugar en el (nuevo) mundo de las imágenes es, por tanto, la principal tarea de un ensayo que huye de dogmatismos y certezas para plantear preguntas que abran caminos de reflexión, ahora que la Universidad parece destinada a convertirse en una (mala) agencia de empleo (precario) y la teoría ha sido relegada del debate sobre el cine como manifestación contemporánea capaz de hablar del hombre, el mundo y su representación, aquí y ahora.

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